Según se acreditó en el juicio, el condenado, alojado en la Unidad Nº de Florencio Varela, manipuló a la víctima desde que tenía 12 años, utilizando identidades falsas y ocultando su verdadera condición de adulto. A lo largo del tiempo, la sometió a un esquema de intimidación constante, amenazas de difusión de material íntimo, exigencias sexuales y videollamadas de contenido explícito, logrando un control sostenido de su voluntad.
El fallo establece un hecho hasta ahora inédito: puede existir abuso sexual con acceso carnal sin contacto físico entre el agresor y la víctima a través del sometimiento y la manipulación digital.
Durante ese período, la víctima permaneció sometida a una situación de control y coacción permanente durante más de tres años, lo que en los hechos configuró un verdadero cautiverio de carácter psicológico y digital. En ese contexto, se trata de una sobreviviente.
La investigación fue llevada adelante por los fiscales Claudio Oviedo, Marisa Monti y Patricio Pagani, integrantes de la UFI N.º 5 del Departamento Judicial Morón. El fallo, del Tribunal 4 de Morón, fue dictaminado por los jueces Verónica Vanesa Gerez, Rodolfo Castañares y Carlos Roberto Torti.
Atacaba desde la cárcel y tenía un historial previo por casos similares
El perfil del condenado revela una persistencia delictiva en el tiempo. Registra condenas en 2008, 2012 y 2017 por hechos similares.
A ese esquema se sumó un componente económico: mediante coerción, el imputado obtuvo datos de tarjetas y documentación personal para realizar operaciones ilegales, cuya trazabilidad permitió su identificación.
Los hechos fueron cometidos mientras el imputado se encontraba detenido. El caso salió a la luz cuando la víctima confió en una docente, lo que permitió activar la intervención judicial.
La sentencia reconoce que este tipo de violencia digital puede generar un sometimiento real y profundo de la voluntad.