Eran las 5 de la mañana de un jueves y la calle estaba desierta. La excepción: una dupla de ladrones que, ayudados con un Tramontina, cortaban los cables de la calle Ángel Peredo al 2.800.
“La cana, culiao”, dijo uno al ver a lo lejos las sirenas y se ocultó en un patio cercano. El otro, sin tiempo de reacción, se apoyó sobre un pequeño árbol y luego se puso detrás para evitar ser visto.
Una vez que el móvil se alejó continuaron con el robo. El que se había escondido en el árbol estaba visiblemente nervioso por la presencia policial y quería irse a toda costa. Luego de un intercambio con el cómplice, lo dejó solo y se fue en dirección al barrio Espora.
El otro siguió hasta obtener una buena porción de cable que enrolló y se colgó del brazo. Su objetivo era vender las láminas de cobre en el mercado negro.