En los que se consideran los comicios más reñidos desde la vuelta de la democracia, más de 8,2 millones de chilenos votan hoy al sucesor de la presidenta Michelle Bachelet quien se apresta a dejar el gobierno en marzo con un índice inédito de popularidad de casi el 80 por ciento. Además, el país trasandino renueva las 160 bancas de la Cámara de Diputados y la mitad del Senado.
El candidato de la derechista Alianza por el Cambio, Sebastián Piñera, consolidaba hasta últimas horas de la noche su ventaja sobre el senador oficialista Eduardo Frei en las elecciones presidenciales de Chile, se informó oficialmente.
Los otros dos postulantes, ambos escindidos de la coalición gobernante, Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate, obtenían respectivamente 791.974 votos (19,39 por ciento) y 239.587 votos (5,86 por ciento).
Tras conocerse el segundo informe oficial de los cómputos, se aguardaba que los candidatos presidenciales ofrecieran sus consideraciones ante la prensa desde sus comandos, donde ya estaban instalados.
La Concertación de Partidos por la Democracia, integrada por los partidos Demócrata Cristiano (PDC), Socialista (PS), Por la Democracia (PPD) y Radical Social Demócrata (PRSD), se prepara para enfrentar su derrota en una presidencial frente a la Alianza por el Cambio, que nuclea a los partidos de Renovación Nacional y a la Unión Demócrata Independiente.
Enríquez-Ominami, cineasta y filósofo casado con una conocida animadora de televisión, tiene 36 años, es hijo del guerrillero chileno Miguel Enríquez y adoptivo del senador Carlos Ominami y su candidatura surgió como desprendimiento de la Concertación, luego de verse marginado de participar en internas abiertas.
Por su parte, Arrate, un abogado de 68 años que fue ministro de Salvador Allende, Patricio Aylwin y Eduardo Frei, es el candidato de la coalición izquierdista Juntos Podemos, con la que buscará protagonizar la mejor elección de la historia de la izquierda en Chile.
Los cuatro se presentaron, paradójicamente, como continuadores de los logros de protección social que desarrolló el gobierno de Bachelet, quien se va con el mayor índice de popularidad desde el 89 a pesar de haber enfrentado fuertes críticas y conflictos en los dos primeros años de gobierno.
Además, debió lidiar con fuertes protestas de estudiantes y de comunidades mapuches y varios paros sindicales, algunos muy prolongadas, que paralizaron la producción y los servicios en distintos momentos del 2009, a lo que se sumó la inicialmente caótica implementación del Transantiago, un nuevo sistema de transporte colectivo en la capital del país.
13 de diciembre de 2009