La muerte de un anestesista residente del Hospital Gutierrez destapó una trama de presuntas irregularidades en hospitales públicos y privados de la Ciudad de Buenos Aires e investigan el robo de fentanilo y propofol para su consumo en fiestas privadas.
Alejandro Zalazar (29), más conocido como "Alito" entre sus compañeros, fue residente del Hospital Rivadavia y realizaba una rotación pediátrica en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez. El 20 de febrero tenía que ir a trabajar a la Fundación Favaloro pero no se presentó. Alrededor de las 17 su hermana -que no lograba contactarse con él desde el día anterior- llamó al 911: lo encontraron sin vida en su departamento de Palermo.
Zalazar estaba tendido en el piso de su habitación sin signos vitales. Según informaron fuentes a la prensa tenía "una vía (intravenosa) conectada en el pie derecho". Además encontraron "inyecciones" y elementos descartables a su alrededor.
Nadie había forzado la casa ni se encontraron signos de que hubiera participación de terceros, al menos hasta el momento. La trágica muerte de Zalazar puso sobre la mesa el interrogante sobre una trama de irregularidades, robo de sustancias catalogadas de uso hospitalario, adicciones y fiestas privadas donde se consumían estas drogas en denominados "viajes controlados".
Al respecto, el toxicólogo Francisco Dadic (M.N. 125795) expresó: “A mí lo que me llama la atención es la mezcla de las dos sustancias. Fiestas y viajes controlados hay hace mucho tiempo y sobre todo con los alucinógenos. Pero la mezclas de estas drogas no es habitual, se inyectan”.
La investigación:
Los escritos judiciales describen que la investigación no se concentra únicamente en el faltante del propofol, sino en el contexto en el que esas sustancias habrían sido utilizadas. En uno de los tramos de la denuncia se afirma que los anestésicos eran consumidos “fuera del acto médico, sin indicación clínica, sin monitoreo y en ámbitos ajenos a cualquier práctica asistencial”. En otro párrafo se advierte que se trata de “medicamentos que requieren un estricto control, cuya administración indebida implica un riesgo cierto para la vida”.
Las denuncias también hacen referencia a la participación de médicos en formación. Según surge de los escritos, se mencionan episodios que involucrarían a residentes y se señala que la investigación debe analizar ese contexto teniendo en cuenta la “asimetría jerárquica” existente dentro del sistema de salud. “La diferencia de posición profesional es un elemento relevante al momento de evaluar responsabilidades”, sostiene una de las presentaciones.
La causa quedó radicada en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 29, con intervención de la Fiscalía N° 49. En ese expediente se ordenaron allanamientos, se incorporó documentación y se dispusieron restricciones de contacto entre los imputados, con el objetivo de “evitar la reiteración de las conductas investigadas” y reconstruir el circuito de los anestésicos.
Según consta en las denuncias, la investigación apunta a dos profesionales vinculados al servicio de Anestesia del Hospital Italiano: Hernán Boveri, anestesiólogo de planta, y Delfina Lanusse, residente de tercer año. Los escritos señalan que el análisis judicial se centra en los roles que ambos desempeñaban dentro de la institución y en el acceso que esos cargos les otorgaban a medicamentos anestésicos de uso hospitalario.
En las mismas presentaciones se aclara que, al menos por el momento, la investigación no los considera narcotraficantes ni “dealers” en el sentido penal clásico, sino que indaga su presunta participación en la sustracción y utilización de esas sustancias fuera del ámbito asistencial y de todo control médico.
”Viajes controlados” y fiestas privadas: las dos versiones que circulan
Entre médicos y residentes empezó a circular el término “Propo fest” para referirse a fiestas organizadas por un pequeño grupo de profesionales de distintos hospitales porteños.
De acuerdo a los testimonios que se dieron a conocer en audios y mensajes de WhatsApp, en esas reuniones se usaban insumos hospitalarios como propofol y fentanilo con fines recreativos.
Por un lado, se habla de la venta de “viajes controlados”. Es decir, por una suma de dinero, se les ofrecería a clientes la posibilidad de experimentar un estado de relajación extrema bajo la supervisión de un “controlador” dispuesto a intervenir es caso de emergencia, incluso asistiendo con ventilación manual ante episodios de apnea.
La otra versión apunta a fiestas sexuales supuestamente organizadas por el anestesista denunciado, donde se suministraban estas drogas a un círculo de conocidos.
Qué es el propofol:
Es un anestésico de acción ultrarrápida que se emplea en diversos procedimientos médicos. El médico especialista en Toxicología, director de Toxicología de la Fundación Iberoamericana de Salud Pública y de Toxicología hoy, Francisco Dadic (MN 125795) explicó a Infobae que se trata de “un sedante muy potente, utilizado muchas veces como anestésico de inducción rápida”.
Según el especialista, “es de acción ultrarrápida, por eso en segundos, minutos, uno ya puede tener una respuesta de acción”.
Su principal efecto es la depresión del sistema nervioso central, lo que provoca “que una persona se duerma, y también depresión respiratoria, o sea, que la frecuencia respiratoria baje y que sea más fácil sedar un paciente, por ejemplo, para colocarle un tubo orotraqueal y conectarlo a un respirador”.