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Un enorme cartel de madera anuncia que El Chaltén fue declarada Capital Nacional del Trekking. No bastará, entonces, con admirar las puntas silenciosas de los cerros. Habrá que darse tiempo para caminar, explorar, perderse entre maravillosos bosques, lagunas y glaciares.
Carlos Kargauer, padre de la propietaria del Parador y Hotel de Campo La Leona, cambió por unos días su agitada vida de Buenos Aires por la soledad de este rincón de la Patagonia, entre la meseta y la Cordillera. Luce el atuendo del gaucho con prestancia: bombachas, pañuelo al cuello con broche de plata, lustroso facón a la cintura. “Nos costó mucho reformar el parador respetando el estilo, pero finalmente pudimos hacerlo”, señala Kargauer. Los mostradores de madera, el ambiente cálido y las gruesas paredes de adobe le dan la razón. Con orgullo, se ofrece a mostrar las seis habitaciones –algunas de ellas con vista al río La Leona– recicladas con materiales originales, y cuenta anécdotas sobre el millonario Douglas Tomkins y el director de cine Francis Ford Coppola, que cada tanto se dan una vuelta por el lugar.
Butch Cassidy y Sundance Kid posan con expresión adusta en la foto que cuelga de una pared, justo al lado de la mesa donde degustamos una pizza artesanal. En 1905, mientras huían de la justicia por el robo de un banco de Río Gallegos, los legendarios bandidos norteamericanos pararon durante un mes en la posada.
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Junto a las aguas lechosas del río, a metros del parador, fueron ejecutados en 1921 los peones rurales en huelga, que reclamaban mejores condiciones de trabajo a los estancieros. Aquí también hicieron base, en la década del 50, las primeras expediciones que desafiaron las alturas de los cerros Torre y Fitz Roy.
En un corral, una cría de guanaco toma de una mamadera, mientras una perra se refugia en un pozo del viento que aplasta todo lo que se cruza a su paso. “En invierno este lugar es hermoso. El viento se calma, hace mucho frío y todo se cubre de nieve. Zorros, guanacos, pumas, mulitas y choiques bajan desde las tierras altas en busca de comida y esto se llena de animales”, asegura Kargauer.
Todavía quedan unos cuantos kilómetros para llegar a El Chaltén, que reserva algunas de las vistas más impactantes de la Patagonia: el macizo con sus dedos cubiertos de nieve, las aguas verdes del lago Viedma y el glaciar, que cae desde la montaña con la cadencia de un río azulado.
A poco más de 70 km hacia el oeste de La Leona, el ripio de la ruta 21 bordea la orilla del lago Viedma, atraviesa los campos de la estancia Santa Teresita y termina en la entrada de la estancia Helsingfors. Desde este lujoso lodge se puede cabalgar o hacer trekking por el Valle del Río Alfredo y el cerro Huemul, hasta la impactante laguna Azul, rodeada por un glaciar.
Chaltén significa “montaña que humea” en la lengua de los originarios pobladores aonikenk o tehuelches, que habían bautizado así al cerro hoy llamado Fitz Roy. Esta gigantesca lengua de granito domina el paisaje, siempre que los cambiantes humores del clima lo permitan. El halo de nubes parece pegado a la cima y por momentos puede confundirse con el humo de un volcán.
27 de julio de 2011