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La Orquesta Sinfónica Juvenil de San Martín se prepara para cumplir 25 años de trabajo y aprendizaje conjunto. Dirigidos por Armando Celán, estos jóvenes dan sus primeros pasos profesionales en la música y empiezan a vivir de lo que aman, compartiendo la experiencia junto a sus pares.
El grupo se creó el 13 de abril de 1985, en el marco del Año Internacional de la Juventud. Empezó como un pequeño ensamble de 15 músicos pero, después del primer concierto, comenzaron a tomar la forma de orquesta sinfónica.
A lo largo de este cuarto de siglo, pudieron compartir el escenario del Complejo Plaza con artistas de la talla de Antonio Tarragó Ros y Zamba Quipildor, entre otros. Para el concierto de aniversario, programado para el 18 de abril de 2010, también habrá solistas invitados, y tendrán su momento varios músicos que pasaron por la orquesta en este tiempo. Ellos serán convocados para acoplarse con sus instrumentos, y así sentirse parte del grupo nuevamente.
En medio de los preparativos, el director Celán visitó 24CON junto a dos de sus “discípulos”: Edison Russo, de 19 años, primer violín o “concertino” de la orquesta; y Martín Caila, de 27 años, solista de clarinete.
“Orquesta” y “juvenil” no suelen ser palabras que van juntas. ¿Por qué quisieron tocar en una sinfónica?
Edison Russo: Es una cuestión de gustos, también conozco violinistas que están en grupos de rock. La orquesta es un estilo de vida. Además, dentro de la sinfónica hay música popular, no se limita a lo clásico. Hacemos tangos, música española e italiana.
Armando Celán: La orquesta juvenil es un semillero, como el hospital del doctor que está estudiando. Estos chicos están haciendo su residencia de música: Tienen que pasar por una juvenil para darse cuenta de lo que es una orquesta y después independizarse.
Martín Caila: Quizás las bandas de rock son para gente que se dedica más a la música como hobbie. En cambio, en la orquesta hay gente que se proyecta para, en un futuro, trabajar profesionalmente.
¿Pero tienen influencias del rock?
MC: Empecé tocando heavy metal con la guitarra eléctrica a los 15 años. Ahora nadie me lo cree. Después, en el conservatorio, conocí la música clásica y el jazz, y me empecé a inclinar por los instrumentos de viento. Lo que tiene de bueno el clarinete es se puede tocar en casi todos los géneros.
ER: Yo con el rock nada que ver. De chiquito ya me gustaba la música clásica. Empecé a estudiar piano a los 7, pero me volqué al violín porque quería formar parte de una orquesta y no ser músico individualmente. Es muy lindo intentar vivir de lo que a uno le gusta. Me molesta que, cuando digo que estoy tocando, me pregunten: “¿pero además qué estudias?”. Está mal que exista ese preconcepto del músico como bohemio, que no puede trabajar como profesional.
¿Cuántos integrantes tiene ahora la Sinfónica?
AC: Hoy son 60 músicos, de los cuales 55 están becados por la Municipalidad. Cuando Ricardo Ivoskus asumió, me llamó y me dijo: “si la orquesta sirve al Municipio, va a contar con nuestro apoyo”. Así se puede exigir disciplina, que cumplan con los horarios y los ensayos. Es difícil lograr eso en la juventud actual. No me es fácil manejar 60 jóvenes con sus problemas, pero lo voy llevando, con la ayuda de todos.
¿Alguna vez tuvieron problemas serios?
AC: Problema de drogas, una sola vez con un chico. Después, nunca más, o al menos no me enteré. Sí hubo peleas y discusiones, como en todos los trabajos. Somos muchos y hay que ponerse de acuerdo entre 60.
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¿Hasta qué edad pueden tocar?
AC: Hasta los 28 años. Después, que darle lugar a otros. A principio de año hay una prueba para todos, y a medida que se van yendo hay que llamar nueva gente urgente. Si a la orquesta le falta un músico, es como si al piano le faltara una tecla.
¿Es el primer trabajo que tienen como músicos?
ER: Esta es la primera orquesta en la que formo parte. No sé si llamarlo trabajo, es una pasantía de estudio, para poder seguir sustentando mis estudios de música.
MC: Yo trabajo como profesional: También soy director de una banda de prefectura.
¿Cómo es su relación con el maestro?
MC: Cumple una tarea muy difícil y lo hace solo. La exigencia es fundamental, porque venimos a aprender y no podemos equivocarnos cuando tocamos. También hace un trabajo humano, para que nos llevamos medianamente bien al convivir tanto tiempo: Tenemos un ensayo semanal y a veces viajamos al interior.
Si, entre tantos músicos, uno se equivoca, ¿se nota?
ER: Depende del error. Siempre decimos “empecemos todos juntos, y terminemos todos juntos”. Cuando el de al lado te mira de reojo, aunque no sea con maldad, te ponés colorado y no volvés a tocar en todo el ensayo.
AC: Siempre hay errores. No son una computadora. Depende del estado de ánimo y las ganas de tocar ese día. El mayor problema no es que el público se dé cuenta, sino los compañeros. Eso para los músicos es gravísimo.
MC: También hay que tener en cuenta que cada reproducción de una pieza es única. Aunque se haga diez veces, las diez va a salir diferente. El hecho de tocar en vivo siempre produce errores. La presión que siente un solista cuando toca, es la misma que siente un cirujano cuando opera. Por eso requiere muchísimo estudio y experiencia.
Además de recorrer el país, ¿viajaron al exterior?
AC: Nos falta eso, seguramente que se va a lograr, porque el espíritu de cuerpo se afianza en las salidas. Queremos que todos conozcan que existimos y que San Martín es un semillero de músicos. En el interior, cuando llega semejante orquesta a un pueblo, es todo un acontecimiento y se llena el teatro. Los estudiantes de conservatorio van a ver un fagot de cerca, porque nunca lo vieron.
¿Cómo son los ensayos?
ER: Hay que mantener una distancia entre el ambiente de amistad y lo profesional. Llega el momento en que hay que ponerse a trabajar y aceptar las indicaciones y correcciones.
AC: Lo más importante es la afinación. Un pasaje puede costar más o menos, por ser más rápido o más lento, pero si no se empieza afinado nunca va a salir bien. Cuando se para el concertino y da la afinación, todo el mundo tiene que hacer silencio. A partir de ahí, se empieza a trabajar. Si los políticos tomaran esa actitud, que se de la orden y todos vayan para el mismo lugar, todo sería mejor.
¿A dónde esperan llegar después de la orquesta?
MC: Creo que todos queremos desempeñarnos profesionalmente por nuestro lado. Poder vivir de esta profesión, que es muy difícil y hay mucha competencia. Y después, crecer hasta donde se pueda. Si se llega a ser solista internacional, mejor, pero todos conformamos con desarrollar esta actividad de alguna manera.
AC: Además, el “Maradona” puede surgir en cualquier lado y en cualquier arte. Hay muchos genios. Por eso es importante que les den la posibilidad de desarrollarse en lugares carenciados. A veces, por tener tantas carencias y un instrumento no tan bueno, se preocupan mucho más. Y el esfuerzo hace que les nazca algo de adentro.
Parecidas, pero diferentes
Los músicos dedicaron un tiempo de la charla a explicar en qué consiste una orquesta sinfónica. “Mientras que las bandas se crean para actos al aire libre y para desfilar, una orquesta tiene instrumentos fijos de cuerda, que se tocan sentado. En la banda, en cambio, los instrumentos principales son los de viento o percusión, que permiten hacer movimientos”, diferencia Martín. El maestro Celán también aclara que “la orquesta sinfónica tiene muchos más instrumentos de cuerda y vientos, pero no tiene saxos, mientras que la banda sinfónica sí”.
Mirá a Edison tocando en 24CON:
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