La familia Jiménez no puede escapar de las llamas. Hace más de cinco años que revuelve fojas, cuenta puntos, suturas, golpes y quemaduras, pero nada le devuelve ni le devolverá a su hijo menor, Elías, de 15 años. El chico murió tras el incendio que cocinó el calabozo de la comisaría 1era de Quilmes el 20 de Octubre de 2004.
Era un detenido homónimo. Cayó preso por presunto robo y luego un pedido de captura erróneo labrado a su nombre lo condenó a la muerte. Más tarde, se definió que lo único que unía al detenido y al buscado era el nombre porque, en relaidad, se trataba de diferentes personas.
Allí, en la dependencia de Quilmes, ese mismo día, también fallecieron otros tres jóvenes (Diego Maldonadode 16, Miguel Aranda y Manuel Figueroa de 17) a causa de las graves lesiones que sufrieron cuando "las llamas del colchón que incendiaron quedaron fuera de control".
Se habla de la presunta saña con la que actuó la policía del lugar al no dejarlos salir mientras todo se derretía. Se trató de un motín organizado por los 17 presos para evitar que los guardias los “aporrearan y los castigaran como había sucedido durante todo ese día”.
Lo calificaron como “la masacre de Quilmes”.
El martes pasado a las seis de la tarde, familiares de las víctimas realizaron un acto recordatorio en la plaza Madres de Quilmes. Tocaron bandas y hubo una charla conmemorativa por los cinco años cumplidos. La causa recayó sobre el juez Marcelo Goldberg, del juzgado de garantías Nº3, quien la elevó a juicio sin fecha. Hay once policías imputados y ninguno de ellos detenido.
Historia de dos personas en una
Atiende la madre del chico, Miriam, pero hablar de Elías le cuesta. Es lógico, lo extraña y hacerlo, es también hacer carne la impunidad. Pelagio Arturo Jiménez, el padre, toma la posta y cuenta la historia como de manual. La repite tal se le habrá reiterado automáticamente en su inconciente durante las 1500 noches desde el episodio a esta parte. De memoria.
Elías fue apresado días antes del incendio por supuesto robo. Casi una semana llevaba en la Primera de Quilmes cuando sucedió la tragedia. Después vino el fin: una clínica en Lomas del Mirador, donde murió.
Lo habían dejado en libertad por falta de pruebas, pero una “deficiencia en la comunicación institucional”, como dijeron los padres, fue su pasaje directo a la tumba.
Esa mañana del 20 se levantó para irse definitivamente del lugar. Todo estaba preparado en la oficina del juzgado de menores, a cargo de Pedro José Entío, para rubricar el alta. Sin embargo, en la oficina ubicada frente a la de Entío, se armaba la “necrológica” de Elías.
El abogado defensor de la familia Jiménez, Daniel Mazzocchini, cuenta a 24CON que “se reconoce al mismo tiempo de firmar la libertad, un pedido de captura con el mismo nombre que el de Elías que databa de 1999 por robo, pero tenía otro número de documento”.
Para ese entonces, "dentro del calabozo, – cuentan los sobrevivientes – se vivían momentos tensos porque los efectivos torturaban con palazos a los presos una y otra vez. Por gusto nomás”. Pasadas las 15, tras la última golpiza que le habrían propiciado los policías a los reos, donde Elías habría sufrido serias lesiones en la entrepierna luego de haber sido desnudado y bañado con agua fría, “los canas prometieron volver por más”, dicen los familiares. "Y lo hicieron".
Aproximadamente a las 20, una seguidilla de violentas amenazas por parte de los azules a los reclusos desencadenó en la furia pirómana. Algunos dicen que los mismos agentes de la policía "hecharon nafta al colchón", otros afirman que fueron los mismos detenidos quienes intentaron frenar la represión.
Sobre el caso de Elías, el letrado asegura que “Entío no recapacitó siquiera en cruzarse de oficina para verificar si el dato corroboraba que se trataba de la misma persona y negó la libertad del pibe”. Se sabrá más adelante que el Elías Ezequiel Jiménez con pedido de captura era un hombre de unos 40 años con DNI comenzado en 21 millones. La víctima de la “masacre de Quilmes” no sólo tenía un documento totalmente distinto, sino que en la época de la cual data dicho pedido (1999), tenía apenas 9 años de edad.
Pelagio, revuelve sus memorias. Entre sus peores pesadillas aparecen 11 protagonistas. Todos ellos policías exonerados de la fuerza e imputados en el caso, quienes trabajaban en el establecimiento donde murió su hijo. Se trata de: comisario Juan Pedro Soria, subcomisario Basilio Bujovich, oficial inspector Gustavo Avila, teniente primero Jorge Gómez, sargento Juan Guzmán, cabo Daniel D’Elía, teniente Elizabeth Grosso, teniente Franco Góngora y teniente Gustavo Altamirano.
En estos días, antes de que se dictamine una fecha al juicio, tendrán lugar los acusados para la apelación. El abogado Mazzocchini quiere recaratular la causa y que pase de denominarse "apremios ilegales y torturas (con un máximo de cinco años de prisión) al homicidio con dolo eventual y tormentos con una pena de entre ocho y veinticinco años de prisión". Investiga el fiscal Andrés Federico Nieva Woodgate.