Corría pleno febrero, las cabezas intentaban dejar la realidad al costado del camino al menos por un tiempo. Lo lograron, en parte. Un tan inesperado como inusitado temporal en la salteña Tartagal mereció la consideración de todos. Las vacaciones no eran más que un detalle.
Durante ese mes, el pueblo argentino se ocupó de hacer llegar ayuda humanitaria a los damnificados por el desastre natural. Sin embargo, conforme a como pasaron los días, el recuerdo quedó en el olvido para casi todos. La muerte del florista de Susana Giménez cuando se disponía a brindar una fiesta privada en su propia casa puso a la inseguridad, de nuevo, en el primer plano de la escena. La noticia pasó de moda, la solidaridad viró sus destinatarios.
En este preciso momento, cuando pocos recuerdan a los vecinos de Tartagal, la comisión directiva de la Asociación de Prestadores de Servicios de la provincia de Buenos Aires decidió aportar a la causa, ayuda que pudo hacerse efectiva gracias a las donaciones de los proveedores de todos los municipios que aportaron leche, azúcar, yerba y fideos; entre otros alimentos no perecederos.
Con dicho fin, Héctor Acevedo –presidente de la Asociación-, Juan Daneri –vicepresidente- y el resto de la comisión, se hicieron presentes en la casa de Salta para entregar los ocho mil kilos de comida recolectados. Si bien desde el organismo les aseguraron que en abril la situación se normalizará, los Prestadores de la Pronvicia quedaron a disposición para cualquier eventualidad.
14 de marzo de 2009.