No puedo ser muy imparcial cuando hablo de él. Comp pocos he conocido el antes y después y, quizás por eso, son muchas las cosas que rescato. Su autenticidad, tenacidad, prédica a favor de un país distinto con un proyecto progresista que, ahora lleno contradicciones, lucha por no quedar atrapado en la dialéctica de ocasión.
Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que hay un distrito muy diferente al que tomó. Al igual que General San Martín, por lo único que se lo reconocía al distrito era por la cantidad de intendentes que se sucedieron antes de su asunción.
Recuerdo cuando lo conocí en el medio del debate por las cloacas de Rousselot. El, como el resto del Frepaso, se oponía. Eran momentos de furia, donde las barras maniataban en el Concejo y afuera, las patotas pretendían impedir cualquier movilización.
Las bandas dominaban el municipio. Y eran de diferente extracción. Las asociaciones dejaban de ser políticas para rozar las ilícitas y cada uno sacaba una ventaja de la ocasión.
Con su llegada se empezó a hablar de política, pero de la buena, de participación, de discusión presupuestaria, de audiencias públicas, de derechos humanos, de erradicación de los grupos de presión, del club de los proveedores, de empresas fantasmas, de licitaciones a medida.
Quizás le faltó más predisposición para atender el Alumbrado, Barrido y Limpieza, lo típico de cualquier intendente del Conurbano. Los baches son una materia pendiente, pero para eso hace falta mucho más plata que la que dispone el municipio.
Hoy avanza en el armado de un proyecto superior a Morón, que siempre estuvo en su mente, pero que tuvo contratiempos fruto de irregulares elecciones en distritos próximos o por elecciones personales en las discusiones nacionales.
Esta búsqueda, con aciertos y errores, con tiempos propios pero también ajenos, le da una nueva oportunidad. Sinceramente cree que este gobierno tiene “antídoto y veneno” en su mismo cuerpo, y hasta creo que él cree que el primero es más fuerte que el segundo. Personalmente, creo todo lo contrario sobre este punto.
También sostiene que 2009 nos encuentra con un “piso” en cuanto a pensamiento estratégico mucho mejor que el que teníamos en la década del ’90. Su crecimiento dependerá, entonces, que no se quede mirando si se pueden perder algunos logros de este último tiempo en medio de una discusión necesaria por toda la sociedad, que no quiere ver más divisiones amigos – enemigos. En todo caso, deberá verse en lo que hizo de sí mismo en Morón para darse cuenta que cualquier desafío es posible de enfrentar.
Sabbatella se va. Deja un equipo de trabajo con gente que desde siempre lo acompañó y se formó en la función pública. Está en ellos no dejarse caer en la tentación de las luchas internas por ver quién es el mejor heredero. En este caso, el Todo es igual a la suma de las partes.