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Del almuerzo con Carlos Menem a la cena con Mauricio Macri

Lunes, 07 de diciembre de 2015 a las 15:41

Por Maximiliano  Borches 

Uno de los hitos políticos-televisivos de la recién iniciada década de los noventa, fue sin dudas el almuerzo que una visiblemente emocionada Mirtha Legrand mantuvo con el entonces presidente Carlos Menen, el 12 de diciembre de 1990, en su mítico programa televisivo que por ese tiempo se transmitía por la pantalla de ATC (Argentina Televisora Color, hoy en día denominada TVPública).

El contexto político en el que se realizó ese programa fue particularmente delicado, a la vez que fue una plataforma mediática para las puesta en vigencia de las leyes de impunidad, ya que a prácticamente un año y medio de su asunción anticipada a la presidencia (recordemos que Menen asume su cargo el 8 de julio de 1989, tras el retiro adelantado en seis meses por parte de su antecesor, Raúl Alfonsín), a ese miércoles 12 de diciembre, habían transcurridos ocho días desde el fin del último alzamiento carapintada contra un gobierno democrático: sublevación que había encabezado

Mohamed Alí Seineldín y que en dos días se cobró la vida de 14 argentinos, cinco de ellos civiles que viajaban en un colectivo de la línea 60 y fueron aplastados por un tanque. Además, aquel programa se realizó a dos semanas del 30 de diciembre, fecha en que el entonces presidente firmó los decretos de indulto a los principales cabecillas del terrorismo de Estado, incluido a quien fuera Ministro de Economía del gobierno de facto, José Alfredo Martínez de Hoz, como así también al líder de la agrupación Montoneros, Mario Firmenich y la dirigente peronista Norma Kennedy, con el falso objetivo político de “reconciliar” a la población.

También se habló, entre risas, de la privatización de SOMISA, la relación con los gremios –que ya comenzaban a negociar con el nuevo presidente la suerte de sus trabajadores-, la visita que el entonces presidente George H. Bush (padre) había realizado a la Argentina, y elogiaron felizmente la economía y relaciones internacionales del gobierno de facto de Augusto Pinochet, que había finalizado el 11 de marzo de 1990.

A 25 años de ese programa, el sábado pasado, una Mirtha Legrand menos emocionada que la de hace un cuarto de siglo atrás, pero con aires triunfales y vestida con un muy simbólico vestido rosa, y en un estudio cuya decoración parecía el despacho de la Casa de Gobierno, recibió –para cenar, esta vez y por la pantalla del Canal 13- al presidente electo de la Alianza Cambiemos, Mauricio Macri y su esposa, la empresaria textil Juliana Awada (quien, entre otras, pesa sobre sí una denuncia realizada por la ONG La Alameda debido a las condiciones de "servidumbre" y "hacinamiento" en las que 13 personas realizan sus trabajos y pasan sus días en un taller textil "clandestino" de la firma Cheeky, perteneciente a la ahora primera dama)

Durante las poco más de dos horas que duró el programa, el nuevo presidente electo recibió todas las caricias de sus patrones del grupo monopólico Clarín, a la vez que se imprimió el sello revanchista que será la marca del próximo gobierno a partir del 11 de diciembre, ya que, en varias ocasiones, Macri –haciendo referencia a su fugaz visita realizada en San Pablo el viernes pasado, donde se entrevistó con la presidente Dilma Rouseff-, hizo referencia a la “cantidad de argentinos que son empresarios allí y que se juntaban en las calles sabiendo que yo pasaba, para decirme emocionados que ahora sí volverán a la Argentina” (como si en nuestro país hubiésemos transitado por una dictadura que exilió a compatriotas); para rematar diciendo: “Mirtha, esta década fue muy dura para mí” (sic),

En otro momento de la charla, Macri afirmó que: “Los atributos de mando me los dará la Corte Suprema de Justicia si la presidenta no va a la transición de mando”….toda una definición política que recuerda al papel jugado por la CJN tras el golpe de Estado de 1955.

Sin el carisma de su modelo de gestión político, Carlos Menem, el ahora presidente electo, sólo pudo hacer algunos chistes futbolísticos y hablar del amor que siente por su esposa; discurso éste, que independientemente de su veracidad, forma parte de la puesta en escena tantas veces ensayada con su mentor Durán Barba, para que las sonrisas, la suavidad en sus voces, los gestos afectivos, el llamar por los nombres a los periodistas –sólo de la televisión, por ahora, que están habilitados para hacer preguntas en las primeras conferencias de prensa que hasta ahora realizaron-, y las fotos en jardines cuidados, se impriman como la marca “del nuevo esquema de diálogo que ahora tendrá el país”.

Posturas, éstas, que a medida que vayan aplicando sus programas de ajuste, devaluación y el consecuente desempleo que las mismas generarán, sus rostros tomarán su verdaderos rictus, y sus sonrisas dejarán paso a ese brillo en los ojos que imponen la furia y el odio; al igual que el gesto desatado por la bruja Cirse, en momentos que Odiseo llega a la isla de Ea y descubre el truco con el cual, esta hechicera, transforma a sus hombres en cerdos, y logra rescatarlos y volverlos a sus condiciones de humanos.

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