Balvanera es solo una muestra de una lucha estancada entre la comunidad y la impunidad, en la que indefectiblemente perdemos los vecinos.
Desde hace varios años, este barrio porteño sufre una venta de drogas incesante, transformándose en una pesadilla para quienes habitamos estas calles.
Como vecina, activista y periodista, he sido testigo directo de cómo esta situación se ha intensificado, y ahora convivimos con un supermercado narco a cielo abierto. Desde la avenida Pueyrredón, entre Rivadavia y Sarmiento, frente a la estación, hasta el llamado "Polo Falopero" —delimitado por Rivadavia, Jujuy, México y 24 de Noviembre—, pasando por la plaza Miserere, el Parque de la Estación, la plaza Manzana 66 y los alrededores del Abasto, la venta no cesa y ha copado este trozo de la ciudad.
Cada día, de lunes a domingo, a plena luz del día, se llevan a cabo intercambios de drogas bajo la mirada de las cámaras del Gobierno de la Ciudad.
Hemos presentado denuncias en reuniones de seguridad oficiales, a policías de divisiones específicas y aportado pruebas ante la Justicia: imágenes, nombres, listas de vendedores y el uso de satélites.
Sin embargo, las causas se abren y duermen una siesta eterna, sin consecuencias para los delincuentes.
Los vecinos, organizados, monitoreamos con cámaras particulares y conocemos hasta algunos nombres de quienes están involucrados en el delito. Sin embargo, la sensación de desolación crece.
El delito, bajo el nombre de narcomenudeo, sigue su curso en el fuero de la Ciudad, ocultando un narcotráfico cada vez más poderoso. Desde 2018 (*), cuando la figura de narcomenudeo pasó al fuero de la Justicia porteña, hemos visto cómo la policía detiene a vendedores en la vía pública, consulta con la Fiscalía y, sin falta, los magistrados ordenan el secuestro de la sustancia y la liberación del individuo en el lugar. Aquí no ha pasado nada.
El hilo se corta por lo más delgado, y este es un tranza —generalmente también consumidor, que reparte para obtener su dosis gratis— que vuelve en pocos minutos a estar activo en su rol.
En esta dinámica, no existen "peces gordos" detenidos; nunca se llega al dueño de la droga. Pareciera que esa mudanza no trajo justicia: las causas quedaron estancadas y no se llega al capo jamás, solo a los pequeños distribuidores.
La pregunta es si este tipo de casos debería volver al fuero federal, donde quizás se pueda avanzar en desmantelar las redes desde su raíz.
Las respuestas a los vecinos que, desolados, piden una decisión política son nulas. Solo hay marketineros operativos de saturación con los que buscarían impacto en las redes de los gobernantes y en periodistas e influencers alineados.
Es hora de que las autoridades escuchen y actúen, antes de que la comunidad se sumerja aún más en esta espiral de abandono y descreimiento.
Hoy, el ciudadano sospecha de todos los sectores del Estado. Ha sido manipulado por el ministerio de turno, el jefe policial correspondiente y el auxiliar del fiscal pertinente. Por suerte o por desgracia ya se está dando cuenta.
A pesar de la confusión, el vecino activo ya tiene claro que cada uno de ellos es responsable de su sufrimiento.
Mientras las causas se diluyen en burocracia, los vecinos de Balvanera solo piden que se rompa esta inercia y se ponga fin a esta agonía. El tiempo se agota; la ciudad merece una política que la defienda de las mafias y que luche por una verdadera justicia.
*En el año 2018, mediante la Ley 5935, la Ciudad de Buenos Aires aceptó la transferencia de la competencia para entender en el narcomenudeo. La Justicia de la Ciudad debió intervenir desde el 1° de enero de 2019 en las figuras previstas en el artículo 5, inciso c), cuando se comercie, entregue, suministre o facilite estupefacientes fraccionados en dosis destinadas directamente al consumidor; y en el inciso e), cuando la entrega, suministro o facilitación fuese ocasional y a título gratuito, sugiriendo inequívocamente que es para consumo personal de quien lo recepta, así como en la simple tenencia de estupefacientes, según el artículo 14.1 de la Ley 23.737.
Gloria Llopiz Ortiz
Periodista de formación, activista por convicción y líder de la organización Buenos Vecinos BA.
Fue asesora, investigadora, en el CIPDH Unescoz
En la actualidad realiza tareas de investigación periodística en crimen organizado y casos de violación de Derechos Humanos.