Un episodio durante el clásico mostró a un Leo desconocido.
Si algo le faltaba por demostrar a Messi es que tiene sangre caliente. De parabienes quienes lo han maltratado sobre su presunto frío en el pecho. En una de esas sorprende a todos y hasta canta el himno en el Mundial.
"Te cagas, te cagas... Ya ganamos la Liga, ya está... No es necesario que les regales el partido". Palabras mas, palabras menos, coinciden las crónicas de los medios españoles sobre la queja del rosarino al arbitro de Barça-Madrid en los escalones del túnel cuando volvían al campo para el segundo tiempo.
Al fin un poco de barro, algo de mugre, algo más natural en el fútbol perfecto perfectamente televisado a 500 millones de almas. Al fin algo de B Nacional, de B Metro, de suburbio rosarino, de argentinidad al palo. No puede ser tan bueno, siempre, Messi.
El clásico español fue una guapos, de piratas ventajeros, de piernas casi mala leche. Un fútbol de hombres, diría alguno de particular interpretación de la masculinidad. Nunca Messi anduvo en esos arrabales. Ahora sí.
Bienvenida la bronca, bienvenida la rebeldía y hasta bienvenido el apriete al referí. Entre nosotros, ¿cómo no apretar a alguien que se llama Hernández Hernández? ¿Dos veces el mismo apellido? Por eso solo se lo merecía.
Resulta que el doble Hernández echó a Sergi Roberto, tal vez correctamente. Pero no midió con la misma vara a Bale. Y dejó al Barça con 10 para defender el invicto del campeón. Y entonces saltó Messi, devenido líder de potrero, versión desconocida hasta ahora.
No está mal que quien será capitán de la Selección muestre los dientes. Se dirá que es poco caballeroso, que faltó deportividad. Al carajo. El fútbol no es eso soso que los bien pensantes correctos queremos que sea sino lo que realmente es. Y a veces hace falta roña.
Messi, versión guapo, apretó al referí. Lo reconocieron testigos presenciales. Pique, Sergio Ramos. Nadie se espantó. Ni Marcelo, el mismo que admitió haber metido la mano en el área en el partido con el Bayern. El que esté libre de pecado...
Lo cierto es que el doble Hernández, en el segundo tiempo, ignoró el penalazo que le hicieron a Marcelo. Tal vez aquella apretada en las entrañas del Camp Nou haya tenido algo que ver.