Una foto tomada desde el interior de la Unidad Penal N°35 de Magdalena expone un detalle que no pasó desapercibido en la investigación por un “call center carcelario”: decenas de antenas satelitales instaladas en los pabellones.
Según trascendidos, los sospechosos operaban con celulares y lograron montar un esquema sistemático de engaños, con hasta 30 llamados diarios. Las antenas, clave para rastrear la maniobra, fueron ubicadas en la zona del penal.
En este marco, la imagen generó indignación al dejar al descubierto las comodidades y beneficios con los que contarían los internos.
La banda del “call center” carcelario:
Tras una investigación encabezada por la UFI de Ciberdelitos Zona Norte, a cargo del fiscal Patricio Ferrari, atraparon a la banda criminal que estafó desde el penal de Magdalena a jueces de la Cámara Penal de Apelaciones de San Isidro.
Según trascendidos, las celdas de los sospechosos fueron allanadas en las últimas horas y lograron la detención de los tres internos involucrados en las maniobras en las que usaron diversas tácticas para quedarse con los WhatsApp de sus víctimas y sus cuentas de Google.
“Páseme el código, quédese tranquilo”, era una de las frases más usadas por los delincuentes para convencer a sus víctimas de que así iban a mandarles el envío que esperaban, a recuperarles el WhatsApp y todo lo que hiciera falta para hacerlos caer. Algunos sí cayeron en la trampa, otros no: “Ya nos estafaron con eso acá”, le lanzó uno al darse cuenta de la treta.
La causa se inició el 19 de febrero pasado, tras detectarse el fraude a un juez, quien denunció haber recibido un llamado en su celular por una supuesta entrega de una encomienda de la empresa Andreani.
Poco después, el 26 de febrero, el mismo número intentó repetir el ardid contra un juez colega del primer magistrado víctima. Durante la conversación, el sospechoso le refirió: “Tiene para tomar nota porque le voy a dar un número de remito que se lo pedirá el cadete cuando llegue”.
El juez respondió que no tenía para anotar y el estafador le dijo que se lo iba a enviar por WhatsApp. El magistrado, sin embargo, estuvo a punto de caer. Lo que no sabían los estafadores es que su propio colega, que ya había vivido en carne propia el engaño, estaba cerca, le advirtió de la estafa y cortó la comunicación.
En todos los casos, el objetivo era obtener códigos de acceso y contraseñas para apropiarse de cuentas y luego solicitar dinero a los contactos de las víctimas.