Las perlitas del discurso de Alberto: el celular, la tos y la lapicera en el discurso de Kicillof

En medio del discurso del Presidente, se dieron un par de situaciones curiosas que lo tuvieron como protagonista. La mirada de Horacio Rodríguez Larreta o un momento gestual tenso, ante la extensión de la exposición del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

Por Cristian González
Secretario de Redacción

Si bien toda la atención en la Quinta de Olivos estuvo centrada en las palabras de Alberto Fernández y en especial en -lo que era un secreto a voces- que la cuarentena se prolongaría hasta el 24 de mayo, tuvo un Lado B, un análisis gestual que un especialista se hubiese hecho un festín y aunque duró un poco más de una hora, tendría para escribir un libro. El clima tuvo la cordialidad que suele haber en estos tiempos entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, mejor dicho con la cercanía que construyeron Alberto y Horacio Rodríguez Larreta, a quien acusan por lo bajo en Cambiemos de estar más cerca del Jefe de Estado que de su mentor político y ex presidente, Mauricio Macri. 

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La acción en Olivos comenzó pasadas las 20. Cómo es costumbre, el Presidente comenzó con su discurso, apeló a su experiencia cómo profesor de la UBA y utilizó, datos, material multimedia y hasta sacó a relucir un tono duro. Por momentos levantó la voz, se mostró enojado y sus palabras apuntaron a los dirigentes de la oposición que utilizan las redes para meterle ansiedad y bronca a la gente, y buscan que se acelere la salida del confinamiento obligatorio.

Su exposición fue breve, como casi siempre desde que comenzó su gestión, y con la intensión de diferenciarse a los discursos eternos de Cristina Fernández de Kirchner, que no caían bien en la opinión pública. A los pocos minutos le cedió la palabra a Larreta. Con datos sobre su distrito y un repaso de acciones particulares, sobretodo con gestos muy serios en su rostro, el Jefe de Gobierno porteño intentó sacarse rápido de encima el compromiso. Siempre serio, un tanto incómodo, aunque sabe que este pacto político le está dando buenos frutos con la opinión pública. 

Luego le tocó al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Pero al momento de tomar el micrófono Axel Kicillof, Alberto comenzó a cambiar sus gestos. Se lo notó impaciente, quizás a sabiendas que el ex Ministro de Economía es de la vieja escuela de CFK y le encanta extenderse. Pasaban los minutos y Axel seguía firme con sus palabras. De hecho, uno de los momentos que más enrareció el clima fue cuando Alberto metió la mano en el saco, tomó su celular y hasta parecía escribir un mensaje. Su impaciencia comenzó a hacerse notoria y un instante después tomó la lapicera y anotó algo en el papel que estaba sobre la mesa. ¿Le habrá pedido a Axel que redondee y pongan fin sin extenderse aún más en el discurso?

Cómo si esto no fuera poco, el Jefe de Estado aceró el pliegue del codo a su boca y contuvo un estornudo (mala palabra por estos tiempos de pandemia y encima sin barbijo). Acto seguido, la cara seria de Larreta se potenció y hasta parecía que quería irse corriendo al grito "cuidado, hombre estornudando". 

El foco siempre estuvo en el discurso del Presidente y lo que había que comunicar. Sin embargo, todas esas palabras guardaban un Lado B, otro discurso que no se pronuncia y se manifiesta sólo, pero dice mucho más que cualquier otro. 

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