Todo comenzó cuando una mujer ingresó a un comercio en Moreno, solicitó un vaso de agua y le sacó charla a las panaderas. Su objetivo era conocer los detalles del lugar: cantidad de trabajadoras, cámaras y la ubicación de la caja. Luego fue hasta la vuelta para comunicarle la información al novio.
Minutos después, el delincuente se mandó directo atrás del mostrador mostrando una pistola: a una le ordenó que se siente y a la otra que le indique la ubicación de la caja.
Sin embargo, una de las cajeras nunca se amedrentó. Primero lo empujó y después lo atacó con una silla a pesar de que el criminal amenazaba con dispararle. “No te hagas la pilla”, le decía el delincuente que tampoco perdía la calma.
Luego de varios segundos de forcejeo y llena de impotencia, la panadera agarró la registradora, se la lanzó a la cabeza y le gritó hasta que el ladrón huyó.
Gracias al trabajo de las fiscales Ericha Chiessi y Solange Castelli, lograron allanarlos y detenerlos. Él ya había estado preso por robo.