Este caso de “justicia por mano propia” ocurrió días atrás, aunque trascendió recientemente. Es que luego de atraco el hombre se dio a la fuga por las calles comerciales de la ciudad de la Basílica, pero uno de los vecinos decidió perseguirlo.
En un momento de las corridas, el ladrón logró zafarse cuando estuvo a punto de caer, se cruzó de vereda y le arrojó al hombre unos pedazos de tejas. En ese momento se sumó otro perseguidor que había presenciado todas las secuencias.
De repente, el delincuente quiso pasar desapercibido y despistarlos, por lo que ingresó a otro local, una perfumería, con la mala suerte de que sus maniobras fueron descubiertas.
Un tercer justiciero fue el que logró inmovilizarlo hasta que llegó un móvil policial. Una vez demorado, se conoció que el arma que llevaba consigo era de plástico.
Según publica el diario El Civismo, el hecho recayó en la UFI Nº 13 a cargo de Oscar Reggi.