Tal es el caso de Pablo Gustavo Goettig, de 41 años, quien junto a su hermano Jorge explota un campo en la zona. Su declación judicial parece sacada de un libro de prosa guachesca. “En mi domicilio tengo el tambo y el campo. Que en dicho campo tenía cinco ovejas, todas cruzadas, un carnero blanco, una blanca, dos negras y una mora, es decir, como dije tenía cinco ovejas”. Así comienza la primera foja de un expediente judicial que tramita en Morón donde se investiga una oscura asociación entre policías de la Patrulla Rural de Marcos Paz y un carnicero quienes suelen patear –literalmente– las puertas de las casas en zonas aldeanas del Conurbano profundo para robar animales y después venderlos. El abuso de estos bandidos rurales de uniforme llegó a maniobras insospechadas como inventar causas, allanar domicilios, “plantar armas” y hasta procesar y encarcelar a personas inocentes.
El punto límite de Goettig llegó tras una serie de atropellos policiales y judiciales cuando su hermano, Jorge Daniel, quedó preso a fines del año pasado acusado de haber robado, entre otros elementos, gran cantidad de animales a Eulalia Angeli. Esta señora de 78 años vive en Marcos Paz, a unos 15 kilómetros de Andangalá y Gavilán del Barrio Matera en el partido de Merlo, donde los hermanos Goettig tienen su rebaño de ovejas.
Según se desprende de las investigaciones encabezadas por los fiscales de Morón, Marcelo Tabolaro y el de Mercedes, Leandro Marquiegui, la trampa policial comenzó a orquestarse el 3 de noviembre del año pasado cuando el yerno de Eulalia, Ignacio Sánchez –carnicero de profesión– arribó a la casa de la familia Goettig con su coche particular, un Ford Falcon gris, acompañado por el jefe de la Patrulla Rural de Marcos Paz, Alejandro Cepeda y el teniente Daniel Beliera. Con datos que se desconocen, tenían la firme sospecha de que allí se encontraba el botín robado a la suegra de Sánchez.
Según figura en las actas policiales, mientras hacían “tareas de inteligencia”, divisaron el ganado de los hermanos pastando a las anchas por el lugar. Sánchez dijo reconocer a “la mora” como una de las ovejas de Eulalia. Entonces, “la policía se la llevó, aclaro que no mostraron orden alguna de un juez ni nada parecido, sino que simplemente se la llevaron”, señaló Pablo Goettig a la justicia.
La causa armada ya estaba en marcha. Ese 3 de noviembre, en la sede de la Patrulla Rural, el jefe policial Cepeda dejó asentado que cuando vieron a “la mora” llamó a la ayudantía fiscal de Marcos Paz, que pidió que identificara a los moradores de la casa. Mientras tanto, iba en camino hacia el lugar el patrullero número 9651 con los agentes Darío Orejón y Raúl Posse a bordo. Los hombres de azul fueron atendidos por la mujer de Jorge, Carina Beatriz Giaquinta, de 34 años. Llamativamente, Cepeda agregó en el acta que la propia esposa del entonces sospechoso le dijo que “no es la primera vez que viene la policía y secuestra animales”. Así quedó escrito en el expediente penal.
Los efectivos indicaron que los vecinos brindaron información importante para esclarecer el robo de Eulalia pero sin revelar sus identidades porque temían represalias de los Goettig. “De vez en cuando aparecen animales de todo tipo y al tiempo desaparecen. Este sujeto –por Jorge– suele ser de mal vivir y le realizaron otros procedimientos similares”, le habrían dicho a la comisión policial, aunque no pudieron precisar ni el departamento judicial que intervino ni qué fuerza había encabezado tales operativos.
Con estas pruebas, el 22 de diciembre la justicia de Mercedes ordenó un allanamiento en la vivienda. Pero esta vez, los movimientos de los agentes fueron aun más desprolijos y dejaron en evidencia las intenciones ocultas de Sánchez y los policías: despojar a sus víctimas de sus animales y todas sus pertenencias de valor.
El operativo comenzó alrededor de las 16 cuando “se presenta en lo de mi hermano la patrulla Rural de Marcos Paz, esta vez con la señora Eulalia, y le secuestran nueve ovejas más, entre ellas las cuatro mías, y se los llevaron presos a él, a su señora y la mamá de ella ahora tiene pedido captura. Aparte de las ovejas, la policía se llevó las sillas de toda la casa”, dijo Goettig en sede judicial.
Como si fuera poco, el hombre puntualizó que plantaron un arma en el procedimiento: “Secuestraron un revólver, siendo que todo el barrio vio como el yerno de Eulalia, se lo pasó en la calle, en la puerta de la casa, al policía, y este lo dejó arriba de la mesa para luego llamar a los testigos y que lo vean.”
En el Juzgado, Pablo Goettig ofuscado y cansado del destrato, argumentó que Sánchez “tiene carnicerías y todo el mundo sabe que se provee de carne de oveja, de vaca, de lo que sea y que junto con los policías de la Patrulla Rural de Marcos Paz inventan procedimientos”.
Hace pocas semanas atrás, la suegra de Sánchez declaró en la UFI N° 6, a cargo del fiscal Tabolaro, y aclaró algunas cosas. Eulalia dejó en evidencia que la policía la fue a buscar el día del allanamiento en horas de la noche para que reconociera los animales y algunas de sus pertenencias robadas. Como estaba oscuro, la mujer recordó que no pudo reconocer a las ovejas que estaban en el corral de Goettig como propias, pero con respecto a las sillas fue tajante: “No son mías”, les dijo a los agentes, que le respondieron que “ya no se podía volver atrás”.
Una respuesta similar obtuvo cuando a la mañana siguiente, a plena luz del día, Eulalia confirmó sus sospechas en cuanto al ganado que la policía y Sánchez habían trasladado hasta su finca. Esta vez, le dijeron que no se hiciera problemas, que se quedara con las ovejas de todas formas y las sillas que ellos “se hacían cargo”.
Por el despacho de Tabolaro también desfilaron dos testigos que estuvieron presentes mientras se hacía el procedimiento en el interior de la casa. Uno de ellos es Sergio Ariel Gómez, vecino y compadre de Jorge, quien no sabe leer ni escribir y fue obligado a firmar el acta policial a pesar de estar en desacuerdo con lo que estaba sucediendo. El otro es un joven jardinero de 19 años que fue levantado por la policía alrededor de las 16 y terminó rubricando todo porque eran las 23, estaba cansado, sin comer y no había avisado a su familia.
El jardinero recordó que Eulalia no reconoció ningún elemento secuestrado: ni los celulares, ni las sillas, y tampoco a los animales. “La viejita insistía en que no eran de ella pero no tuvo más remedio que llevarse las cosas”, resumió el testigo. En tanto, Pablo Goettig continúa procesado y después de pasar varias semanas tras las rejas obtuvo la libertad condicional gracias a una morigeración en su prisión preventiva.
Los policías de la Patrulla Rural de Marcos Paz ni siquiera fueron indagados por la justicia.
11 de agosto de 2011
Fuente: Tiempo Argentino