"La gente sacaba los brazos y la mitad de la cabeza por una abertura que habían hecho para respirar", dijo Areco, por lo que prefirió no usar herramientas especializadas para no lastimarlos. Aunque la presión logró abrir la puerta la primer escena fue desesperante: "La cantidad que había era, sin exagerar, dos metros de gente apilada, entrelazada".
Por su parte, el inspector Adrián López, que estaba de turno en el cuartel esa trágica noche, reconoció que de las seis puertas vaivén, sólo dos estaban abiertas nada más”. A lo que agregó que al entrar la visibilidad era nula. "Me topé con una montaña de chicos enroscados (en la entrada del salón principal) y entonces hicimos el salvamento y rescate de estas personas", señaló.
Además reconoció que intentaba que los chicos que ya estaban afuera del boliche no ingresen nuevamente y se conviertan en víctimas. Por lo que les pidió colaboración, así sentían "útiles", y le ayudaron a trasladar hacia la plaza Misserere a las personas que los bomberos iban rescatando.