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Cinco hombres acorralados por el triple crimen

El 7 de agosto de 2008 Forza, Ferrón y Bina desaparecieron sin dejar rastro. El 13, sus cadáveres fueron hallados al costado de un camino abandonado de General Rodríguez. A partir de allí, se tejió una historia siniestra de drogas, mafias, negocios y secretos cada vez más ocultos
Lunes, 10 de agosto de 2009 a las 12:32

Su voz se escucha grave, pero tenue, como aquellas que parecen caer directamente al piso y ser absorbidas por él. Pese a su edad, sus palabras parecían provenir de un hombre sumamente experimentado. Habla de droguerías, medicamentos y otros menesteres de un submundo clandestino del que él mismo formaba parte. En la grabación, su “confesión” se pierde entre los sonoros ruidos de un bar porteño muy concurrido. La cinta, que estaría en poder del Ministerio de Seguridad, fue obtenida en una entrevista que el mismísimo Sebastián Forza propuso conceder, presentándose como un “arrepentido” de una mafia incipiente y lucrativa.

Así, del otro lado del mostrador, el periodista Christián Sanz, captó la última confesión de uno de los tres jóvenes masacrados en General Rodríguez. Dos meses más tarde, el hombre de la confesión fue rematado en último lugar, luego de Leopoldo Bina y Damián Ferrón. Recibió 8 disparos, cuatro más que sus compañeros de muerte. Forza lo presentía. Arrodillados y de espaldas a su verdugo, la matanza se pareció más a una pieza cinematográfica, que a la obra de un profesional.

Ahora se sabe que, efectivamente, antes de fusilarlos que fueron castigados físicamente y que a Bina, aún en vida, le cercenaron la oreja. Miembro que habría recibido Ariel Vilán, la cuarta víctima de un complejo tejido de traiciones y oportunismo. El gesto mafioso, habría empujado, literalmente, a Vilán al vacío y, aunque no se sabe si su suicidio fue o no incitado.


 


Desde el principio
Cuando 24CON recorrió, por primera vez, la escena donde se hallaron los tres cadáveres, el invierno daba paso a una calurosa primavera. Fue difícil hallar el páramo rodriguense que, semanas atrás, había sido invadido por móviles de la policía y periodistas. En su lugar, la más absoluta soledad y la serenidad del silencio. La noche fatídica había pasado, pero la pareja de ancianos que dio aviso a los uniformados, aún la revivía con espantosa actualidad. “La policía me preguntó si escuché disparos, pero, la verdad, que no escuché nada. Eso que mi marido no estaba y, como estaba sola, no podía dormir. Si hubiese habido disparos, los tendría que haber escuchado. Ellos insistían, pensaban que estaba mintiendo, pero estoy segura que no escuché disparos”, manifestó la amable señora a este medio, en aquella oportunidad.
Sin embargo, y pese a la posición de los cuerpos y al testimonio de los únicos cuatro habitantes en kilómetros, las autoridades continuaban hablando del lugar del hallazgo como la escena del crimen.

 ¿Por qué, pese a las pistas claras, el por entonces Jefe de la Policía, Daniel Salcedo, no pudo determinar que ese no había sido el lugar donde masacraron a tres hombres? ¿Era un detalle menores que las zapatillas que vestían los jóvenes no presentaban vestigios de suciedad, pese a que estaban rodeados de tierra? ¿La forma en que estaban dispuestos los cadáveres, uno encima de otro (“como si los hubieran tirado de un vehículo”), no daba la pauta que, en realidad, habían sido arrojados allí? Y, si los mantuvieron cautivos por seis días, ¿por qué la ropa interior que llevaban estaba limpia e, inclusive, uno de ellos tenía prolijamente depilada la zona genital? ¿Por qué no había sangre derramada ni emitían el olor propio de la muerte y, en cambio, exhibían un rigor mortis más que sugerente? ¿Será porque, como sugirió 24CON en ese momento, “los chicos” ya asesinados habían sido conservados dentro de una heladera? La sola idea provoca escalofríos. Y no es para menos: la forma en que fue planificado, hasta en su más mínimo detalle, el triple crimen no puede producir más que pavor.

Un día después de la desaparición, el 8 de agosto, como certificado de defunción, apareció la camioneta de Forza prendida fuego, en inmediaciones a un laboratorio. Al día siguiente, y a pocas cuadras de allí, el automóvil de Ferrón fue encontrado con las llaves puestas. En clave mafiosa, ese gesto simboliza la eliminación de su blanco, dato que agrega puntos a favor a la hipótesis anterior. Cuando fueron encontrados, habrían llevado varios días sin vida y el rigor mortis e poseían los cuerpos habla de ello.

Hermandad latina: argentinos, colombianos y mejicanos
Detrás de la fatalidad, una organización que funciona, en las sombras, como un reloj suizo. Y era Forza quien, de los tres, tenía un vínculo más que aceitado con la mafia de los medicamentos. Además, comenzaba a incurrir en la carretera de la efedrina entre Méjico y Argentina, ruta que habría estado concesionada por el argentino Marcelo Tarzia, un oscuro hombre que falleció, misteriosa y convenientemente durante su estancia en la cárcel de Marcos Paz, donde permanecía detenido por la causa sigue el juez de Zárate-Campana, Federico Faggionatto Márquez.


La muerte de Tarzia fue llorada intensamente por su amigo y compañero de celda Jesús Martínez Espinoza, sindicado como jefe de una banda narco. “A Marcelo lo mató Faggionnato”, decía a quién quisiera escuchar Jessica Preciado, hija del empresario azteca. “Hay que ir a buscar a Laison Riso, ex novio de Jessica, para que de explicaciones”, aconsejó a la Justicia Francisco Chiarelli, el abogado de Martínez Espinoza. También el año pasado, este personaje sombrío recibió a 24CON con el fin de argumentar la inocencia de su cliente. “Los muchachos que han sido detenidos son hombres de trabajo que habían sido contratados por Espinoza para construir la quinta (de Ingeniero Maschwitz)”, dijo en relación a los 8 mejicanos que fueron hallados “con las manos en la masa” por el juez de la efedrina.

“Es verdad que había tambores con restos de efedrina, pero Riso los había llevado y pedido a Jesús si se los podía guardar un tiempo”, manifestó con intenciones de lavar de toda culpa a su representado.
Y, pese a que las líneas de investigación se entrecruzan con la red de narcos mejicanos y colombianos que se encuentra “trabajando” en el país, quienes idearon el plan y apretaron el gatillo son bien locales. Los pone en evidencia la facilidad (y la impunidad) con la que se movieron para lograr su cometido: eliminar a la competencia.

Incluso, una de las líneas investigativas señala que Forza habría querido tomar el lugar de Tarzia y ese fue el detonante de una compleja red de traiciones. Impulsado por sus instintos, el joven empresario habría querido saltar un escalón en las jerarquías y lanzarse como proveedor de efedrina, papel que le iba a dejar una sustancial ganancia. Pero no podía hacerlo solo. Se cree que Sebastián habría llegado a Ferrón por su relación con Luis Salerno, quien sería otro proveedor de efedrina y precursores químicos destinados a los mejicanos. Claro que a Salerno no le habría gustado nada la independencia que empezaba a mostrar su empleado y amigo.

En el medio, pululaba otro empresario dedicado a los medicamentos: Martín Magallanes, denunciado penalmente por Forza en tres oportunidades por amenazas y socio (¿casualmente?) de Ariel Vilán en Pharmagroup. Asimismo, estaría vinculado a las mesas de dinero, otra de las puntas del ovillo, y a la “12”, la temible barra brava de Boca, razón por la que está siendo investigado por el fiscal Martínez Diego Grau, que tiene a su cargo el homicidio de dos narcos colombianos en Unicenter. Prontuario, al menos, inquietante.

Incluso, este empresario, de alguna u otra manera, está relacionado con el “norte investigativo” que sigue la fiscalía de Mercedes, es decir: el narcotráfico, la mafia de los medicamentos y el tráfico de efedrina, coctel por el que Ibar Pérez Corradi fue detenido en octubre y sindicado como el nexo entre cárteles de la droga mexicanos y ciertos laboratorios y droguerías argentinas. ¿Qué tiene que ver esto con el triple crimen? Sucede que Pérez Corradi también le habría puesto precio a la cabeza de Forza, tal como lo habría hecho el médico Gustavo Ricchiuto, socio de Salerno y de Forza y uno de los pocos que reveló el entramado del negocio a la Justicia, implicando a “Ricky” Martínez, padre del actor Mariano Martínez.

Por su parte, Leopoldo Bina habría sido el último en incursionar en la “sociedad”, convocado por Forza 20 días antes de su desaparición. Pese a que trabaja en la Aduana, no poseía un puesto de relevancia ni contactos poderosos. De todos modos, Forza lo presentaba como “el contacto en la Aduana”, rol estratégico para una asociación ilícita que pretende ingresar tráfico ilegal de sustancias al país. Sin embargo, tan baja era la jerarquía de Bina en el Puerto que, en una oportunidad, intentó visitar, junto a su esposa, uno de los cruceros que llegaron a Buenos Aires repletos de turistas extranjeros y no se lo permitieron.

De esta manera, se puede dislumbrar el papel que habrían ocupado cada uno de ellos en el negocio: Forza era una especie de relacionista público y estaba encargado de la logística; Ferrón era quién conseguía la efedrina –vía Salerno- y, finalmente, Bina era la puerta a la Aduana.

Así las cosas, se puede resumir que el triple crimen fue motivado por “un entramado de traiciones enmarcado en el círculo de Forza y Ferrón”, tal como indicó una fuente de la investigación a 24CON.

General Rodríguez
En esta complicada red se suma la figura Manuel Poggi, el funcionario del intendente de General Rodríguez, Marcelo Coronel. Los restos de efedrina hallados en el galpón que alquiló a mejicanos en el centro del distrito, serían compatibles con la sustancia que transportaría Forza en su propia camioneta. ¿Tendrá algo que ver que, días más tarde, Coronel mandó una topadora que arrasó el lugar donde hallaron los tres cadáveres? Y la excusa no es muy convincente: “Los vecinos pidieron que se haga la limpieza del camino”, explicó un vocero municipal a 24CON. Versión poco creíble, ya que el sendero de tierra –que funciona como un atajo entre la ruta 5 y la 6- está dominado por vacas que pastean sobre el derrotero. Pocos son los vehículos que por allí circulan y menos aún, los vecinos.

¿Un crimen impune?
Un expediente de 25 mil fojas, 10 sg de información digital (entre cruzadas telefónicas, imágenes de video y tomas aéreas), 58 declaraciones y, al menos, 10 personas relacionadas con la planificación del crimen, entre autores intelectuales, cómplices, entregadores y autores materiales, no son lo suficiente contundentes para destrabar el misterio. A un año del triple homicidio que conmocionó a la opinión pública no existen datos certeros sobre la mente que planeó un crimen sin antecedentes en la criminología argentina. Sin embargo, al cierre de esta edición, Magallanes estaba citado a declarar por primera vez en la causa. El círculo se cierra, pero ¿se quebrará?

Acorralados


Martín López Magallanes:
Conocido como “El Gordo”, está implicado en el narco crimen de Unicenter y vinculado a la “12”. Socio de Ariel Vilán, fue denunciado por amenazas a Forza.
Luis Salerno: Ex policía bonaerense que cumplió parte de su carrera en General Rodríguez. Es dueño de la farmacia Fharmaz Group, donde trabajaba Ferrón, de quien fue amigo desde los 15 años. Faggionatto ordenó su detención pero quedó libre por “falta de mérito”. De todos modos, su declaración en esa causa y en la del triple crimen varió, por lo que será demandado por “falso testimonio”. ¿Por qué mintió?
Ibar Pérez Corradi: Detenido. Sería el intermediario entre cárteles mexicanos y el negocio argentino de los precursores químicos. Se cree que le habría adelantado una sustanciosa suma de dinero a Forza. El día de la desaparición, Forza, Ferrón y Leopoldo Bina debían encontrarse con Pérez Corradi en el supermercado Wal Mart de Sarandí.
Martín Lanatta: Oriundo de Quilmes, gestionó en el RENAR el permiso de tenencia de armas a Forza. La viuda de Ferrón, Mariela Izquierdo, reveló que Forza había dejada olvidado su revólver en el automóvil de su marido, que fue el que se encontró cuando hallaron el vehículo abandonado en el centro porteño. 


Las dudas
-Todavía se desconoce el lugar dónde los mataron;
-Se duda del trabajo técnico de los 1420 cruces telefónicos realizados;
-Aún no se sabe si estuvieron con vida en general Rodríguez;
-El panorama es incierto sobre los móviles del crimen;
-No se sabe con exactitud la data de muerte. La autopsia preliminar difirió de una segunda.
-No se determinó si la reunión que tuvieron los tres jóvenes el día de su desaparición, a las 14 horas, fue en el Wallmark de avellaneda, o el Aochan de Quilmes, que quedan uno frente al otro. La investigación trabajó sobre los videos del de Avellaneda.
-La mano ejecutora, para el fiscal podría ser una persona sin preparación por notar cierta desprolijidad en los disparos, para el abogado Miguel Ángel Pierri, se trató de una mano con, al menos, una base de preparación.
-Integrantes de la barra brava de Boca habría actuado en la logística del crimen de Unicenter, pero no se correspondería con la modalidad del triple crimen. 
-Por qué no se investigó a fondo a una camioneta PAC 422 que salió del país un día después de que los chicos desaparecieran. Esa camioneta fue vista trasportando personas que están implicadas en la causa de la efedrina y dos mejicanos abordo.

Yacobucci, en el ojo de la tormenta
En sus manos habían caído las denuncias efectuadas por Forza en contra de Magallanes por amenazas. Cuando los tres jóvenes desaparecieron, sugirió “una escapada de amigos” como hipótesis. De ahí en adelante, todos fueron desaciertos hasta que, finalmente, se pronunció incompetente. La fiscal federal no ordenó un rastrillaje cuando se le informó que el radio de uno de los tres desaparecidos se había accionado en General Rodríguez (medida que, posiblemente, habría salvado la vida de los tres jóvenes), tampoco incluyó en la causa los videos (hoy inexistentes) del telepeaje de la Autopista Buenos Aires-La Plata por el que habrían pasado los cautivos acompañados, probablemente, por sus secuestradores. Además, los videos de ingreso a General Rodríguez, en el marco temporal que se presume que ingresaron los jóvenes (vivos o muertos), simplemente, desaparecieron.  
Por estas y otras irregularidades en la investigación, los abogados de las víctimas denunciaron a Yacobucci por “incumplimiento de los deberes de funcionario público”, fundamentados en una evidente negligencia.

Bidone, el fiscal justiciero
Aunque no quiere aparecer en los medios para preservar su integridad física, mal que le pese, Juan Ignacio Bidone se convirtió en una de las piezas claves en el desarrollo de la trama del triple crimen. El titular de la UFI N° 4 de Mercedes, que lleva la causa desde noviembre de 2008, tampoco es amante de los golpes de impacto ni los allanamientos indiscriminados que generan más un “circo mediático” que aportes a la investigación ni respetan “el principio constitucional de inocencia”. Además, no concibe considerar a los tres fusilados como delincuentes: “Como funcionario público, yo los represento y para mí son víctimas de un homicidio y todo homicidio, como tal, es injusto”. Pero éste no es como cualquier otro crimen, sino que representa un caso “sin precedentes en la historia criminalística argentina”, que plantea una forma de organización tan compleja y de tal magnitud que “el sistema judicial no está preparado para afrontar”. Tamaño desafío tiene este funcionario por delante.

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