Amor, trauma y nuevas oportunidades
Recuerdo una vez, en una de esas charlas imprevistas del día laboral, nos encontramos con la Directora del hogar de niños donde trabajo y me conto una historia que sigo procesando hasta el día de hoy.
Esto ya paso hace rato -aclaro-. Aún no teníamos mucha experiencia, estábamos comenzando. Llegó un bebe con muchas problemáticas físicas, recién nacido, ósea pocas semanas de vida, no teníamos muchos datos hasta el momento de cuáles eran las causas de todos sus síntomas. El bebe poco a poco empezó a mejorar; un día llego una señora, decía ser la tía, hasta el momento las instituciones judiciales no habían impedido ningún contacto especifico, al parecer no tenían datos. La mujer entró y una cuidadora se acercó con el bebe, no queríamos que la sostuviera, por cualquier cosa… se acercó y le toco los piecitos, lo miraba y le tocaba los pies, así estuvo un buen rato, hasta que en un momento nos miró e hizo esta pregunta ¿Por qué vive?, atónita la mire y no súpe que responderle, la pregunta me parecía rara y un poco desubicada; luego se despidió y se fue, nunca más la volvimos a ver.
Poco tiempo después nos informaron que ella era la madre, no la tía y que antes que naciera él bebe había hecho hasta lo imposible por abortarlo. Y si, muchas preguntas surgen de este relato, la mayoría de esas preguntas no tienen respuesta.
Sin embargo, me gustaría darle apertura a este articulo resumiendo una idea: hablar de adopción nunca es fácil, hablar de adopción no es solamente una idea solemne llena de amor y bondad, es a mi parecer una de las temáticas más complejas que enfrentamos como sociedad. Sin duda, la adopción es un acto noble que permite a los niños sin hogar encontrar un lugar seguro y amoroso, y ofrece a las parejas o individuos la oportunidad de formar una familia. Pero también es un proceso de valentía, coraje, desafío, trauma, cansancio y espera. Es un proceso que no solo involucra la formalización legal de una relación familiar, sino que también conlleva una serie de emociones y desafíos que tanto los adoptantes como los adoptados deben enfrentar.
La adopción también implica un proceso legal que es generalmente complicado y estresante. Los requisitos varían según el país y la modalidad de adopción (nacional, internacional, etc.). Las familias deben estar preparadas para navegar por las burocracias, completar trámites y, a veces, enfrentarse a largas esperas. La preparación y la investigación son fundamentales para entender y abordar estos desafíos. A mi forma de verlo en la mayoría de los casos la justicia no se encuentra siempre con los métodos, instituciones y personal realmente capacitados para sostener las demandas, exigencias y desafíos que afrontan las familias para adoptar.
Nos encontraremos a menudo con personas dentro del área que se quejan de la cantidad de niños y niñas que actualmente están en estas condiciones, encabezando esos reproches con frases como “ya no hay espacios en ningún hogar” “nadie quiere adoptar” sin embargo, serán esas mismas personas la que harán de este camino algo insoportable a la hora de afrontarlo. A colación de esto último, recuerdo un caso de una pareja que dentro del juzgado donde se estaba tramitando la adopción, le solicitaron la escritura de la casa donde ellos residían (los mismos estaban alquilando) y por supuesto… todos nos haremos entonces la misma pregunta ¿Qué sentido tiene todo esto?
A pesar de las maravillosas recompensas, la adopción no está exenta de desafíos. Uno de los principales obstáculos son los problemas emocionales que pueden surgir en los niños adoptados debido a sus experiencias previas. Muchos de ellos pueden lidiar con sentimientos de pérdida, rechazo o confusión sobre su identidad. Es crucial que las familias adoptivas estén preparadas para abordar estos problemas con empatía y comprensión, lo que a menudo implica buscar ayuda profesional, como terapia. Por esta razón, considero altamente problemático que el acompañamiento terapéutico o tratamientos psicológicos no son obligatorios cuando hablamos de los procesos de vinculación.
A menudo las familias comienzan estas cuestiones con un mar de idealizaciones e ideas completamente erradas de lo que sucederá o no sucederá. Algunas personas dejan esa sensación de una demanda completamente ilógica, donde el niño o niña debería estar de tal o cual forma, recibirlos con amor y cariño. Es ahí donde a mi entender se chocan con la dura realidad de la adopción, ese ser que deseo integrar a mi familia, ya tiene una historia previa y definitivamente no soy parte de ella. Si bien, los equipos terapéuticos de los juzgados y los profesionales dentro del servicio zonal y local, siempre hacen hincapié en la necesidad de que las familias se asesoren más en profundidad y que se permitan ser acompañados, los adoptantes en términos generales hacen caso omiso a esta sugerencia y se sumergen en esta experiencia sin bases efectivas para comenzar el camino de la adopción y la crianza. Así es que como psicóloga ya he visto más casos de los que desearía contar, donde los niños y niñas son devueltos, tal como cuando alguien devuelve un producto fallado, con una sensación de frustración y desanimo.
Y mi pregunta a menudo siempre es la misma: ¿Qué estamos esperando? ¿Qué deseamos de bebes, niños y niñas que, en tan solo 5 años de vida, ya han sufrido más de lo que quizá uno mismo pudiera contar, cuáles son nuestras expectativas frente a seres que han experimentado el abandono, la desilusión, la violencia e incluso en muchos casos la muerte cara a cara?
Y lo sé, es un tema sensible. Todos decimos “no son perros”, “no son cosas” son niños, pero… ¿realmente entendemos eso? El trauma es una experiencia negativa que sin importar la edad deja una huella, una que no se borra solo con buenos deseos y alegría, se trabaja y se transforma con amor, compromiso y valentía.
En este mismo orden de ideas, es de suma importancia contemplar la integración del niño en la nueva familia. Los adoptantes deben estar dispuestos a trabajar en la construcción de relaciones sólidas y seguras. Este proceso puede requerir tiempo y esfuerzo, ya que cada miembro de la familia debe adaptarse a la nueva dinámica. La comunicación abierta, la honestidad y la paciencia son esenciales para facilitar esta transición. Los adoptados pueden enfrentar prejuicios y estigmas sociales, especialmente en contextos donde la adopción es menos común. Es vital que las familias busquen de forma intencional una postura activa en la educación de los demás sobre la adopción, promoviendo la aceptación y el entendimiento. Crear un entorno positivo y solidario para el niño ayudará a fortalecer su autoestima y sentido de identidad.
Es cierto, y soy testigo de eso…la adopción puede ser inmensamente gratificante. Para muchas familias, representa la culminación de un sueño anhelado y la oportunidad de darle a un niño una vida mejor. Los niños/as adoptados pueden experimentar un sentido de pertenencia y estabilidad que tal vez no hayan tenido anteriormente, lo cual implica un cambio de vida rotundo, abriendo de par en par la puerta de nuevas las oportunidades. Además, la adopción también puede servir como un medio para enriquecer las vidas de las familias adoptivas, aportando nuevas experiencias e historias. Es, sin duda, un viaje lleno de amor y alegría, pero también presenta desafíos que deben ser considerados por todas las partes involucradas. El apoyo, la comunicación y la formación continua son esenciales para superar los obstáculos emocionales, sociales y logísticos. Al final, la adopción tiene el potencial de transformar vidas y crear conexiones duraderas que enriquece a las familias y como consecuencia a la comunidad entera.
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