Cómo usar el bronceador para que el sol no te queme

Enterate qué factor de protección le corresponde a tu piel y qué hacer si vas a estar mucho tiempo expuesto a los rayos ultravioletas.  

Elegir el protector correcto de acuerdo a la piel y evitar exposiciones prolongadas entre las 10 y las 16 son las recomendaciones básicas de los expertos para cuidar la piel de los efectos nocivos del sol a la hora de estar en la playa o pasar un día en la pileta.
 
El sol beneficia la salud porque fortalece huesos, cura el acné, estimula la inmunidad, equilibra el colesterol, baja la presión y mejora el ánimo, el descanso y la vida sexual, pero también puede causar fotoenvejecimiento y otras enfermedades cutáneas.

Por eso, las autoridades sanitarias y organismos de expertos, como la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), enfatizan en la difusión de pautas y hábitos preventivos. El Ministerio de Salud aconseja tenerlos en cuenta todo el año y no solamente en verano, ya que los rayos ultravioletas también afectan en los días nublados y de poca luminosidad, y recuerda que los rayos solares se reflejan en el agua, la arena y la nieve.


También indica seguirlos cualquiera sea el lugar de residencia o de vacaciones. "Todos deben protegerse del sol, especialmente aquellas personas que por su trabajo están más expuestas a las radiaciones", afirman los especialistas.
 
La cartera sanitaria recomienda no exponerse al sol de 10 a 16 y usar protector -producto de uso externo con sustancias que por mecanismos físicos o químicos actúan como barrera para las radiaciones solares- con factor de protección solar (FPS) de 20 como mínimo.

Sugiere aplicarlo en la piel 30 minutos antes de exponerse al sol, sin olvidar partes sensibles como zonas calvas de la cabeza, orejas, cuello, nariz, empeines y manos. También propone protector labial y sombrero.


Todos los protectores solares, aun los resistentes al agua, deben ser vueltos a aplicar después de dos horas de exposición continua al sol o de nadar, secarse con toalla, hacer ejercicios físicos o transpirar en exceso.

 

Los tipos de piel y sus respectivos factores de protección solar:

 

Piel muy sensible: Es una piel muy blanca que tiende a ponerse roja. No adquiere un tono bronceado, corriendo el riesgo de inflamarse y desarrollar ampollas. Necesita factor 50 o superior.

 

Piel Sensible: Es una piel clara que tiende a quemarse, llegando a adquirir un bronceado ligero. Necesita factor 50.

 

Piel clara: Es un tipo de piel que adquiere un buen color dorado. Necesita un factor 50.

 

Piel trigueña: Esta piel rara vez se quema, y cuando se broncea adquiere un tono tipo chocolate. Debe usar protección 20.

 

Piel oscura: Casi nunca se quema. Puede usar factor entre 15 y 20. Si tu piel es negra (nunca se quema) puedes usar factor menor a 15, pero mayor a 10.

 


Asimismo, el ministerio advierte contra los métodos artificiales para el bronceado, como las camas solares, que "pueden ser peligrosas, ya que emiten radiación UV (ultravioleta) de iguales características que los rayos solares".


La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) dijo que los protectores "son clasificados según el FPS, que identifica la protección que ofrece contra los rayos UV, acorde al tipo de piel. A mayor número de FPS, mayor protección".


La ANMAT, que depende del Ministerio de Salud, propuso que se elija el factor de protección "teniendo en cuenta el tiempo de exposición" e insistió en que "conocer el tipo de piel ayuda a escoger el producto adecuado".


Que un protector sea resistente al agua significa que tiene la propiedad de conservar la fotoprotección después de una inmersión de 40 minutos.


La ley obliga a los fabricantes de estos productos a rotularlos con características y recomendaciones para los usuarios tales como "es necesaria la reaplicación del producto para mantener su efectividad”, "ayuda a prevenir las quemaduras solares”, y "para niños menores de seis meses, consultar al médico”.


También deben decir "este producto no ofrece ninguna protección contra la insolación”, "evite la exposición prolongada de los niños al sol” y "aplique abundantemente antes de la exposición al sol”.


Las etiquetas también deben indicar "reaplicar siempre, luego de sudoración intensa, nadar o bañarse, secarse con toalla y durante la exposición al sol”, y “si la cantidad aplicada no es adecuada, el nivel de protección será significativamente reducido”.


Por su parte, la SAD advierte sobre el fotoenvejecimiento, que se produce cuando la radiación solar (o generada artificialmente) daña la piel de tal manera que acentúa su envejecimiento natural, es decir, la disminución paulatina de su función y de su capacidad de reserva.


Si bien hay pieles más sensibles y propensas que otras, los daños producidos por el fotoenvejecimiento pueden traducirse clínicamente en piel delgada, arrugas, surcos más pronunciados, cambios en la coloración con un aspecto amarillento, manchas y vasos sanguíneos visibles.


Jorge Laffarge, médico dermatólogo de la SAD, explica que "teniendo en cuenta que el 70 por ciento del daño solar se produce durante los primeros 18 años, debemos educarnos y educar desde la niñez, para que no tengan tanta exposición en sus primeros años de vida".


La SAD alerta que la fotoexposición también conlleva a la probabilidad de desarrollar carcinomas basocelulares y espinocelulares y el melanoma.

 

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