Deidades y espíritus son conceptos que se repiten de manera inexorable en cada pueblo de la historia humana, desde dioses poderosos hasta simples entidades de los bosques, haciendo que los científicos se pregunten el porqué de esta omnipresencia religiosa.
Recientemente surgió una nueva manera de entender dicho fenómeno que explicaría por qué todas las culturas tienen dioses y espíritus. Como bien observan los psicólogos y analistas del comportamiento humano, las personas tienden a asumir que detrás de cada evento existe un responsable, que cada vez que algo ocurre pensamos en un agente vivo que lo causa. Este razonamiento no es causalidad: es una herencia evolutiva de los instintos de los hombres de las cavernas.
En épocas prehistóricas las posibilidades de sobrevivir eran más bien bajas teniendo en cuenta lo agreste del medio y los depredadores existentes. Considerar que había un algo o alguien causando el más mero chasquido podía ser muy útil en términos de supervivencia, así que aquellos cuyos instintos eran suspicaces pasaban sus genes a sus hijos, lo que fue determinando un modo mental de procesar la información, que se da en las personas de forma automática.
Además de la tendencia de ver entes actuando detrás de cada evento, el ser humano posee tendencia empáticas. Este mecanismo se basa en el modo en que vemos a los demás y entendemos su modo de actuar. Sin duda, para los hombres de las cavernas era importante vivir en comunidad y protegerse los unos a los otros, pero la convivencia siempre es difícil. Para lograr éxito, era imprescindible poder comprender las conductas y creencias del resto de la tribu.
Esta idea es llamada por los científicos “teoría de la mente” y señala que las personas tienden a asumir automáticamente que hay razones detrás del comportamiento de los demás. Es una habilidad adquirida desde la prehistoria. Se piensa que es una de las limitaciones de las personas que padecen autismo. Según los expertos, ante cada evento desconocido, el instinto de sus habitantes tendía a decir que una criatura invisible la había arrojado. El instinto empático, por otra parte, buscaba una explicación en esa conducta del ser: para descubrir secretos, para saber qué clase de sujetos son, etc. Cuando el evento era catastrófico o traía consecuencias funestas para la tribu, un volcán, una tormenta, etc., la tendencia era a considerar que lo había provocado una ser poderoso (¿quién si no podría desencadenar algo así?). Las razones lógicas podrían ser: como castigo o por desobedecer los deseos de ese ente, entre otras.
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Estos dos mecanismos de razonamiento mental pudieron llevar a la humanidad a la creencia de que lo que acontece en la realidad está ejecutado por criaturas sobrenaturales, conscientes y con intencionalidad, lo cual explicaría la existencia de dioses y espíritus en todas las culturas.
6 de julio de 2014
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