Noel Barrionuevo cuenta con una larga trayectoria deportiva en el hockey. Ganó el diploma de los Juegos Olímpicos y tres medallas con el seleccionado argentino. Estuvo 15 años en Las Leonas. Participó de cientos de partidos inolvidables e hizo jugadas únicas. “A los cuatro años arranqué a jugar. Somos cinco hermanos y todos jugaban al hockey, yo era la cuarta así que los seguía y los veía jugar. Arranqué con el hockey y no paré”, contó.
Pero en todo este contexto, su carrera estuvo atravesada por trastornos alimenticios. Se lastimaba, no quería vivir, tenía obsesión por la delgadez y se fue aislando cada vez más. En el seleccionado la pesaban cada dos semanas, sufría horrores cuando la nutricionista decía el peso de todas en voz alta.
Pese a todo pudo adaptarse a una nueva vida sin competición. Hoy está terminando el libro que cuenta su historia y compartió los momentos más difíciles que tuvo que enfrentar.
Respecto a sus logros, la deportista contó que “hubo muchos momentos que no pude disfrutar porque estaba atravesando un trastorno de conducta alimentaria (TCA) y fue muy difícil. Estaba en Las Leonas. No, no podía disfrutarlo. No podía conectarme con el equipo, con el juego, con la gente. Mis padres, tengo una familia muy contenedora, se dan cuenta de que algo en mí estaba pasando y acuden a pedir ayuda a un centro de rehabilitación y ahí arranca una odisea para poder estar bien”.
“Era mirarme al espejo y verme horrible, fea, gorda. Estaba días sin comer para que el espejo me devolviera una delgadez extrema”, lanzó.
En esta misma línea, se preguntaba en aquel entonces: “Entonces dije, qué puedo hacer para verme bien? ¿Para que el espejo me devuelva una imagen delgada? Empecé a hacer dieta, la típica dieta de las revistas de aquel momento. Y le decía a mi mamá: voy a empezar a comer solo milanesa de soja con calabaza. Era mi alimento, fruta y nada más. O estaba días sin comer”.
La ex leona contó que todo el conflicto comenzó entre los 15 y 16 años: “Ya estaba entrenando con el club y empezaba a tener las concentraciones con los seleccionados de Buenos Aires, ya empezaba a competir. No tenía fuerza, pero yo disimulaba todo con una sonrisa para que estuviera todo bien, para poder jugar y pasar ese momento”.
El deseo de un cuerpo “perfecto”:
Barrionuevo afirmó que “el deseo era estar extremadamente flaca. Veía esos desfiles típicos con modelos con unas patas espléndidas, largas, flacas. Yo quería eso. Pensaba ‘Si, que todo te queda mejor’. El look, a mi me gusta mucho la moda. Yo decía, ‘si me compro este jean me va a quedar como a ella’. La comparación aparece mucho con estos trastornos de la alimentación”.
Y continuó: “El deseo es que todo te va a quedar mejor cuando te mires al espejo o cuando te vean los demás. También los demás, porque cuando te ven un poco más delgada, siempre hay un comentario. “¡Qué linda que estás!” “¡Estás más delgada!”. Yo decía: entonces está bien lo que estoy haciendo. Y no”.
“Yo por dentro decía, me estoy muriendo de hambre, la estoy pasando muy mal. Tenía la autoestima por el piso, estaba aislada porque no quería salir. Un TCA te tira muy para adentro”, ratificó.
Y ejemplificó: “Si había un cumpleaños yo me quedo en casa. ¿Hay una reunión con las chicas? Me quedo en casa. ¿El tercer tiempo después de jugar los partidos? Me tengo que ir porque tengo un cumpleaños. Mentira, me iba a mi casa, no quería compartir con nadie. La enfermedad lo que hace es aislarte de tu círculo de amigas, de tu familia, de tu entorno más cercano”.
“Nadie sabía lo que me estaba pasando, nadie. Yo quería estar sola, no quería tener un diálogo con nadie. En las reuniones sociales hay comida, se junta la gente y come, yo eso lo quería evitar y para evitar eso me iba. Una locura. Y me fui aislando cada vez más, hasta que arranqué el tratamiento.
De un extremo a otro: El atracón y el no comer:
Noel confesó que todo ese padecimiento hasta que arrancó el tratamiento duró tres años: “De comer, no comer, comer demasiado”.
“Bulimia no purgativa, yo comía y no vomitaba, atracones de mucha ingesta de comida y no vomitaba. Después tenía periodos de no comer, de una restricción total”, dijo.
Y siguió: “En ese momento tenés la cabeza tan, tan enferma, que no tenés conciencia real de lo que sucede”.
“Con el vómito se deterioran las piezas dentales. Mucho bruxismo. Mucha fuerza para contener la tensión. Pero uno en ese momento no se da cuenta y tampoco lo quiere asumir. Aceptar lo que a uno le pasa que es el camino para recuperarse”, relató.
“Yo me lastimaba, no quería vivir”:
“Esos pensamientos que tenés cuando estás enferma. Eran feos, horribles. Yo me lastimaba, no quería vivir. Tenía obsesión por la delgadez. Entonces veía desde la comparación constante con mis amigas”, expresó.
Y relató: “Héctor, un psiquiatra que me salvó la vida, me tranquilizó y me ayudó y me hizo ver otras cosas que yo no estaba viendo en ese momento. Pero si, una vez me lastimé”.
Previo al episodio, la ex leona dijo que “no podía controlar los atracones. Cuando estás con muchos atracones y no podés parar estás en un infierno, tenés estos pensamientos de lastimarte. Yo hacía terapia de grupo y lo compartíamos, había chicas con intentos de suicidios, con internaciones. Ahí conocés mucho, mucho de la enfermedad. También tuve momentos de depresión y tuve que tomar una medicación. Mi papá decía, “¿cómo vas a tomar si vos estás bien?”.
Cómo se enteró su familia:
La ex jugadora afirmó que durante esos tres años no le contó nada a nadie pero la madre la descubrió: “Mi mamá lo descubre porque ve el cambio de humor. Un día estás feliz y al otro día que no te hablen porque explotás. Mi mamá, que estaba todo el día en casa con los cinco hijos, veía en mí los cambios de humor y detectaba que yo solo comía ciertas cosas y mis hermanos no. Mi mamá tenía que hacerme una comida distinta de la que comían todos”.
La nutrición en el seleccionado argentino:
“En el club a los 14 o 15 años no tenías algo estructurado. De más grande, sí y yo disimulaba todo. En el seleccionado, en Las Leonas, tenía un nutricionista, un plan de alimentación, mediciones. Era otro cantar”, dijo.
Y agregó: “Me pesaban, sí. Cuando estaba con Las Leonas estaba en tratamiento, ya tenía una contención. Me pesaban cada 15 días, era horrible. La nutricionista decía el peso en voz alta. Todas sabíamos el peso y las medidas de todas”.
“Horrible era, no sabés lo que sufría cuando El Chapa decía, “mañana viene el nutricionista”, no sabés la angustia que tenía. Al principio, cuando nos pesaban, estábamos todas en una sala y la nutricionista agarraba a cualquiera de las chicas y empezaba a cantar las mediciones, peso, bíceps, tríceps, femoral. Todo así. Y las chicas lo iban anotando”.
La deportista lo sufría incluso estando en tratamiento: “Estaba controlada, tenía una contención, pero igualmente yo estaba muy, muy mal. El sufrimiento duró muchos años. Sé que hay una cura, sé que hay una recuperación en el TCA porque yo lo viví. Sé que se puede salir de un infierno porque es un infierno lo que vivís, y que podés tener una vida mucho mejor, plena y feliz. De eso no tengo dudas, por eso también lo quiero transmitir”.
Y agregó: “Me llegan muchos mensajes de padres pidiéndome números de teléfonos porque sus hijas están pasando por esto. Siempre les digo que no bajen los brazos, les aseguro que vale la pena el esfuerzo. Padecer esto con un integrante de la familia no es fácil”.
“Me quiero ir, no quiero estar acá, estoy angustiada”:
“Me acuerdo de estar jugando un partido y decir, ‘me quiero ir, no quiero estar acá, estoy angustiada. Me incomoda la ropa, me están observando’. Quizás era un torneo súper importante, no un amistoso, y yo me quería ir. Mi cabeza estaba pensando, ‘cómo voy a hacer para saltearme y no comer la cena?’ Antes de estar metida en el partido estaba pensando en el TCA”, relató.
Ante la consulta sobre si alguien se dio cuenta de la depresión que estaba viviendo en el deporte, respondió: “En el equipo no. Nunca nadie me vino a hablar porque yo disimulaba todo, yo siempre con una sonrisa y estaba todo perfecto, todo me pasaba por dentro. Llegaba a mi casa angustiada, lloraba y al otro día me levantaba e iba a entrenar”.
”Me ven gorda y no puedo jugar en esta categoría”:
“También me pasó cuando era chiquita a los diez o 12 años, que estaba jugando al hockey en el club y la entrenadora del equipo contrario dijo que yo no tenía la edad correspondiente para jugar en esa categoría. Gracias a Dios estaba mi mamá ahí afuera viéndome”, relató.
Y continuó: “Por alta y grandota. Eso me quedó en la cabeza, clavado. Mi mamá tuvo que ir a buscar a mi mamá el documento a casa. A esa edad empezaba a tener más noción del cuerpo, de las dimensiones. Yo decía: claro, me ven gorda y no puedo jugar en esta categoría. Fue terrible para mí en ese momento, a esa edad”.
El proceso de “superación:
“De grande, retirándome de las Leonas, lo empecé a blanquear. En el deporte de alto rendimiento hay mucha patología alimentaria que está tapada y nadie lo cuenta. En hombres y en mujeres. Entonces está bueno también concientizar. Que se animen a pedir ayuda, que se puede”, afirmó.
“E una adicción, totalmente. Es ‘solo por hoy’, día a día. Te recuperás y aprendés a alimentarte, tu cabeza cambia. Con el alcohol dejan de tomar por completo, pero uno no puede dejar de alimentarse por completo, tenés que aprender. Pero te juro que se puede, que hay una salida y que tenés una vida después de esto mucho más linda”, contó.
Al ser consultada sobre el tiempo en el que estuvo pendiente de la balanza, más allá del club, Noel contó: “Cuando arranqué el tratamiento me costó mucho, porque yo tengo que tener todo bajo control. La enfermedad te lleva a que tengas todo bajo control, si se te pasa algo de la raya, ya estás mal. Al principio tuve mucha resistencia al tratamiento, hasta que pasaron unos meses y me fui aflojando, fui confiando en lo que me decían para recuperarme. Es clave confiar en el terapeuta, en la nutricionista, en el psiquiatra, en que estás en buenas manos. Es el camino para la recuperación”.
Y agregó: “Yo no me peso ya. En el tratamiento está prohibidísimo pesarse, te pesaban de espaldas. No veías el número y estabas sola con la nutricionista, no había más nadie. En cambio en el seleccionado vos veías el número y cantaban todas las mediciones”.
“El proceso de la recuperación duró como diez años. Sí, es fuerte, yo me resistía mucho. Al principio no aceptaba que estaba enferma, después me fui aflojando. El tratamiento no es lineal, no es que te recuperás y estás diez puntos. Tenés tus picos, subís y bajas”, afirmó.
El “después” de Las Leonas:
“Al dejar el seleccionado tuve que hacer el duelo, fue muy difícil, me comía las paredes”, relató.
Y agregó: “Tenés que hacer el duelo. Por la terapia que tengo me fue más fácil que a otras, pero fue muy difícil. Me levanté un día y no fui más al Cenard a entrenar. ¿Qué hago? Muy fuerte. A la tarde también tenía que ir a entrenar y estaba en mi casa, me comía las paredes. Soy muy disciplinada en la vida, entonces empecé a ir al gimnasio a la mañana, a armarme una rutina, a disfrutar de mi familia porque nunca pude con el seleccionado. Me he perdido el casamiento de mi hermano y un montón de situaciones familiares y de amigos. Y empecé a ocupar ese espacio con entrenamientos míos personales”.
Asimismo, dijo: “También se me vino a la mente empezar a hacer campus, clínicas, estar con chiquitas, poderles transmitir mi experiencia.
“Entrar a una cancha con el estadio lleno, cantar el himno con la camiseta de argentina, representar a tu país. Es difícil llenar ese hueco”, afirmó.
También aseguró que “al haber contado esto del TCA, me siento mucho más relajada, la gente siempre va a opinar y lo que diga me tiene sin cuidado. Yo sé lo que hice y lo que soy”.
La moraleja es la disciplina:
La ex leona expresó la importancia de la disciplina en todo su relato y también “saber que se puede confiar. Porque si yo no confiaba en estas personas que tenía”.
“Encontré que sí, que tiene sentido la vida, que está buenísima, que podés ser feliz, ser plena, podés tener una autoestima por las nubes, podés sentirte realmente bien. Transmití esto porque lo viví en carne propia. A mí nadie me lo contó, yo lo viví, soy una persona segura y creo que hay una cura, que podés estar bien. Realmente podés vivir feliz”, sumó.
Barrionuevo relató las cosas que hoy por hoy la hacen feliz: “Mi familia, mis amigos, mis sobrinos, los amo a los seis. Mi hermana tuvo mellizos, tienen nueve meses y los re disfruto. Antes no los podía disfrutar porque estaba todo el día entrenando. Me hace muy feliz estar con las personas que quiero y disfrutar cada momento, cada instante. Este momento que estoy con vos lo estoy disfrutando, no nos conocíamos y estoy feliz de poder contarte mi vida, mi historia, que la gente me conozca más”.