El tucumano Esteban Palazzo es el menor de ocho hermanos, padre y ex diseñador estrella de McLaren, la mítica escudería británica de Fórmula 1 que también fabrica autos de calle.
Tras desarrollarse profesionalmente durante 14 años en la reconocida empresa, contó cómo llegó a ganarse su lugar, los máximos logros, los miedos en el medio del camino, los hitos que más recuerda y se refirió a la polémica en torno al alerón de McLaren que iba a ser donado a la (Universidad Tecnológica Nacional) UTN que estuvo 5 años retenido en la Aduana y fue destruido.
El camino de Esteban hacia esa posición de elite no fue sencillo. Primero tuvo que vencer las barreras del fuego amigo cuando era apenas un adolescente. “La encargada de mi orientación vocacional se rió cuando le conté que quería diseñar autos —recuerda—. ‘Eso no existe’, me dijo”.
Y continuó: “Apareció Adrián Avellanera, un profesor de Arte que tuve en el colegio. Estaba entre enseñarme a diseñar autos o internarme. Yo era un ‘tontito’ que desde chico dibujaba autos. Y él me dio clases en serio, gratis, los fines de semana. No me distrajo del colegio porque la formación académica es fundamental, hasta por una cuestión neurológica, pero me hacía dibujar de verdad. Todos los sábados iba a su clase y me pedía trabajos para el sábado siguiente. Y así me quedaba dibujando hasta las 3 o 4 de la mañana, y a las 8, arriba para ir al colegio”.
Durante el mismo relato, contó cuando para crecer decidió irse a preparar al exterior: “Tuve la suerte de cruzarme con gente adecuada. Mi papá, un médico con un pensamiento muy tradicional. Pero agradezco a la vida que no se puso racional conmigo. No me puso techo. Me dijo: “Ponete un plan serio”. Porque dejar ir a un chico de 17 años a Europa…Por suerte la plata estaba”.
Esteban supo que lo que tenía que estudiar era Diseño de Transporte y la opción más accesible que encontró fue la sede en Barcelona de una universidad italiana, la IED. Las prácticas que había tenido con su profesor de Arte resultaron una base muy sólida, que le permitió, junto con sus ganas, hacer la carrera rápidamente.
Luego de graduarse, comenzó a trabajar como “freelance” haciendo diseño gráfico y páginas web, porque “necesitaba comer otra cosa que no fuera sólo arroz y atún”. Es que no le sobraban las propuestas laborales vinculadas a su vocación.
Tuvo un breve paso por el estudio Italdesign, en el que trabajó en el diseño interior de un tren. Más tarde se fue a otro estudio y su tarea era moldear vehículos en arcilla. Pero la industria automotriz ya empezaba a mostrar un fuerte ajuste, previo a la crisis financiera de 2008, y él y otros treinta empleados se quedaron en la calle. Lo indemnizaron con 800 euros y se compró una bicicleta.
Se dedicó un tiempo a diseñar jardines y piscinas, hasta que apareció una oportunidad en un estudio chico que diseñaba embarcaciones. Y allí se quedó cuatro años, mientras su sueño de diseñar autos seguía muy lejos. Sólo lo hacía de noche, en su casa, para él. Hasta que tuvo un encuentro que le iba a cambiar la vida.
La anécdota que marcó su camino:
Un amigo le avisó a Esteban que la universidad en la que se había graduado iba a recibir a una figura de renombre mundial: Frank Stephenson, entonces director de Diseño de McLaren. Y se anotó para asistir a la conferencia. Era 2010, plena crisis automotriz europea.
El auditorio estaba repleto de diseñadores. Casi sobre el final de la exposición, Stephenson comentó cómo había solucionado las salidas de escape del Mini Cooper casi sobre la hora de la presentación del modelo, cuando todavía diseñaba para esa marca británica: “Pinté dos latas de Budweiser y las puse debajo del paragolpes trasero”. El auditorio rompió en una ovación.
Esteban, como tantos allí, quería presentarse ante esa estrella del diseño automotor, pero estaba ubicado muy atrás en la sala, no por decisión propia, sino porque había llegado tarde. Pero en un momento que cruzaron las miradas, el tucumano comenzó a hacerle señas con la mano para que se acercara hasta él. Inesperadamente, Stephenson accedió al pedido.
“Me llamo Esteban Palazzo, soy abogado y represento a Budweiser –cuenta que le dijo con cara de piedra–. Usted está relatando una anécdota en público de un diseño registrado y patentado sin el consentimiento de la compañía. Es una anécdota muy colorida, pero no puede estar revelando esto en público”, bromeó.
“Yo no voy a discutir contigo de esto”, contestó Stephenson, sorprendido.
Rápidamente Esteban le aclaró que no era abogado, que sólo se trataba de una broma y le habló de sus sueños. Con ese atrevimiento se ganó una entrevista de trabajo para el 9 de junio de 2010, en las oficinas de McLaren, en Woking. Quedó luego de la primera reunión.
Comenzó diseñando joyas y valijas, hasta que se presentó para concursar por el diseño del modelo 650S. Su idea fue la ganadora. Y desde allí no paró. Hizo también la versión de competición (650S GT3) y el 675LT. Hasta que llegó el momento del homenaje a Ayrton Senna, un “caza F22”, como describe Esteban al súper auto que salió a la venta este año.
Los hitos más importantes:
“Vino mi papá con mi hermano a McLaren y se sentaron en el auto que yo diseñé. Otro hito es cuando yo estaba diseñando un auto sin techo que estaba bárbaro y viene el de marketing y me dice que se va a llamar Elba, y yo me río porque mi mamá se llama así”, relató y contó que usó la firma modificada de su madre para dicha creación.
Los miedos y la actualidad:
Hoy Palazzo ya no forma parte de la estructura de la empresa británica y decidió comenzar un camino independiente con su emprendimiento Palazzo Design Nation, con el fin de trabajar para distintas marcas del mundo.
“Me sentí inmerso en una crisis, pero no con una connotación negativa, sino que sentía que era tiempo de un cambio. Era un momento para dejar fluir mi libertad creativa”, señala. Hoy tiene la mente puesta en priorizar sus creaciones y cautivar a la gente con diseños innovadores y creativos.
Polémica por un alerón de McLaren que iba a ser donado a la UTN:
El paso de Esteban Palazzo por el competitivo mundo del diseño automotriz dejó huella en McLaren, una de las marcas más reconocidas a nivel global, donde se encargó de diseñar piezas de un homenaje a la leyenda Ayrton Senna. Pero una polémica anécdota sobre su arribo a la Argentina viralizó su trayectoria en las últimas horas: la retención de un alerón de la marca que iba a ser donado a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Tucumán y que, tras años de trámites, nunca llegó a destino.
En su paso por la empresa británica, el diseñador logró que McLaren donara un alerón original del modelo Senna a la UTN de Tucumán, con un objetivo netamente educativo. La pieza, fabricada en fibra de carbono y capaz de soportar hasta 1.200 kilos de carga, fue concebida como un recurso didáctico para estudiantes de ingeniería.
El alerón, enviado en 2019 y acompañado por toda la documentación pertinente, fue retenido en la Aduana Argentina, cuya directora en ese entonces era Silvia Brunilda Traverso, designada por Mercedes Marcó del Pont. La traba principal surgió por la exigencia de un Certificado de Homologación de Autopartes de Seguridad, un trámite orientado a piezas que ingresan al país para su comercialización y no para fines educativos. La situación se extendió durante cinco años y, pese a los esfuerzos por destrabarla, la UTN nunca recibió la pieza.
El desenlace del caso quedó registrado en documentos oficiales. Según fuentes vinculadas al expediente, tras años de trámites y consultas, el alerón fue finalmente compactado en 2021. La retención original se produjo en el año 2019, cuando el componente fue considerado un repuesto automotor en el Aeropuerto de Ezeiza. Así lo confirmaron fuentes del caso a la prensa: “Se lo retuvieron porque en el año 2019, lo tomaron como que era un repuesto de auto en Ezeiza”.