Un hombre estaba sentado en el banco de una galería ubicada en 147 entre 13 y 14 cuando un motochorro pasó como un rayo y le sacó el celular de las manos.
Todo comenzó cuando la víctima, dueña de un kiosco, se tomó unos minutos para salir afuera aprovechando que no había clientes.
El delincuente se subió a la moto unos 30 metros más atrás. La gente, pensando que buscaba bajar desde la galería comercial hacia la calle, le abrió el paso. Sin embargo, su objetivo era otro.
Con un cálculo preciso de tiempo y distancia, el delincuente aceleró a fondo por la vereda, le arrancó el celular de las manos y se fugó.
La víctima, casi sin tiempo de reaccionar, se paró y lo insultó. Peatones y gente de la zona salieron a ver que había pasado e indignados, reclamaron la falta de policías.