Pensó que sus hijos mayores, de 8 y 11 años, habían soltado sin querer el freno de mano de la camioneta y que por eso el vehículo comenzaba a moverse. No los veía, porque él estaba atrás, en la casa rodante con su esposa y sus otros dos chiquitos, de 2 y 7.
La familia, oriunda de San Rafael, Mendoza, había parado al costado de la Ruta 226 para asearse antes de continuar el viaje. El padre bajó y descubrió en la oscuridad que tras el volante, había tres delincuentes que comenzaron a acelerar.
Desesperado, pegó una corrida y saltó a la caja de la camioneta sin saber dónde estaban sus dos hijos mayores.
“Empecé a pegarle al techo, al vidrio del lado izquierdo, y de pronto se abrió la ventanilla que está al medio de la luneta y me mostraron un arma”, contó.
Un colectivero advirtió lo que ocurría e intentó bloquear el paso cruzándoles el ómnibus, pero los ladrones lo esquivaron mordiendo el cordón de la vereda, chocando un auto.
"Por favor, dejame bajar a mi familia", les gritaba. Su esposa y los dos chiquitos venían con la puerta de la casilla rodante abierta, hasta que el delincuente al volante frenó.
Luego de un rato, le permitieron a la víctima bajar a su mujer, que recién salía de bañarse, y a sus hijos de 2 y 7 años.
La fuga de los asaltantes continuó hasta la zona de San Martín y Carrillo. De inmediato, la víctima dio aviso al 911, lo que motivó un operativo policial que incluyó la búsqueda del rodado sustraído y de los menores de 8 y 11 que habían quedado solos sobre la ruta.