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Señales de alerta: Cómo detectar si tu hijo sufre violencia sexual

Cambios repentinos de conducta, miedos inexplicables o señales físicas pueden ser pedidos de ayuda. Reconocer a tiempo los distintos indicadores es clave para proteger a niños y niñas y actuar de forma rápida y adecuada. La ONG Internacional “Grooming Argentina” analizó qué observar y cómo intervenir.
 

Por Redacción

Miércoles, 14 de enero de 2026 a las 08:27

La violencia sexual contra niños y niñas suele ocurrir en silencio y dentro de entornos conocidos o desconocidos. Por eso, no siempre se manifiesta a través de un relato directo. En su lugar, aparecen cambios sutiles —y otros no tanto— en el comportamiento, las emociones o los vínculos cotidianos que pueden pasar desapercibidos si no se sabe qué mirar.

Estar atentos no implica desconfiar permanentemente, sino comprender que la escucha, la observación y el diálogo abierto son herramientas fundamentales de cuidado. Conocer los posibles indicadores permite a madres, padres y personas adultas referentes intervenir a tiempo, brindar contención y buscar ayuda profesional cuando algo no está bien.

Dentro de las señales a las que hay que prestar atención con los menores se encuentran la hipersensibilidad; ansiedad y/o angustia; cambios repentinos de humor; el retraimiento, aislamiento, impulsividad; la aparición de miedos, pesadillas; dificultades del sueño o la alimentación.

También la enuresis o encopresis (se orina o defeca al dormir y en distintos momentos del día involuntariamente); la pérdida de interés por el entorno; dificultad para concentrarse; disminución del rendimiento escolar. Además se puede llegar a observar un lenguaje, gestualidad y juegos sexualizados; interés recurrente por aspectos sexuales y/o la modificación de la conducta corporal frente a los adultos (cabeza gacha, evitación de la mirada, rechazo); desconfianza hacia pares y/o adultos.

Asimismo, existen indicadores específicos tales como: nerviosismo al recibir notificaciones, ocultamiento de los dispositivos; excesiva necesidad de estar conectado; reticencia a prestar o entregar su celular a un adulto; uso del dispositivo hasta altas horas; reacción de enojo despedida al ser sorprendido usando el celular.

Hablar de violencia sexual infantil es complejo, pero el silencio no colabora. Acompañar, creer y proteger son responsabilidades adultas que pueden marcar la diferencia en la vida de un menor. Frente a cualquier sospecha, buscar orientación profesional y recurrir a los canales institucionales disponibles no es exagerar: es cuidar. La prevención empieza con información, pero se sostiene con presencia, escucha y compromiso.

La violencia sexual y el grooming:

En un mundo cada vez más conectado, niñas y niños navegan a diario por internet, hablan con amigos, juegan en línea o ven vídeos. Pero entre tantos clics también se esconden riesgos, como el grooming, una de las formas de violencia digital más peligrosas.

Cuando uno menciona al grooming, se refiere a cuando una persona adulta se hace pasar por alguien de confianza para ganarse la simpatía de un menor de edad, con el objetivo de abusar sexualmente de él o ella o de violentarlo de alguna forma. Suele empezar como una amistad inofensiva y va escalando hacia la manipulación. 

Al respecto, el director Ejecutivo de la ONG Internacional “Grooming Argentina”, Hernán Navarro, se dirigió directamente a los responsables de familias: “Si viene tu hijo o hija a contarte que está siendo víctima de una persona mayor de edad a través de las redes es grooming, es un cambio de paradigma en la violencia sexual sin contacto físico y ahí no bloquear a los perfiles porque no vamos a avanzar en el proceso penal, la Justicia no va a tener las herramientas para determinar quién se escondería dentro de un perfil falso”.

Y agregó: “No hacernos pasar por un chico víctima porque ahí habría alguien mayor hablando con alguien también mayor y no hay delito. Recopilar toda la información. Las URL fundamentalmente que son los enlaces que determinan las identidades digitales. Denunciando este delito vamos a poder editar que un solo pedófilo siga cometiendo tantos delitos con tantas víctimas posibles”.

El “groomer” puede aparentar tener la misma edad que el niño o niña, usar un perfil falso y mostrarse muy simpático. Poco a poco, gana su confianza, le pide fotos, le hace preguntas íntimas y puede llegar a chantajear para conseguir más. Lo más preocupante es que muchas veces el menor de edad no se da cuenta de que está siendo víctima de un engaño. 

La vida digital forma parte de la cotidianeidad de niñas, niños y adolescentes, y requiere una presencia adulta activa, atenta y responsable. La atención y la intervención a tiempo pueden marcar la diferencia.

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