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La maestra que vivió en el abismo

Por Mario Rojas
Liliana Planas no pasó desapercibida en la sociedad neuquina más allá de haber sido la esposa de uno de los personajes políticos que más talló en los últimos años en la vida institucional de esta joven provincia -- Jorge Sobisch fue 12 años gobernador y 4 años intendente de la ciudad—era hija de uno de los primeros odontólogos que hubo en el hospital más grande de la Patagonia, el Hospital Regional Neuquén.
La calle paralela a la ruta 22 en su tramo urbano por la ciudad y que nace en la estratégica avenida Olascoaga, lleva el nombre de su padre Teodoro Luis Planas quien nació en 1906 en Córdoba, se radicó en Neuquén como odontólogo del hospital, y tuvo dos hijas: Liliana Inés y Olga.
El homenaje al padre de Liliana se realizó en 1987, seis años después de su muerte, y lo promovió el Rotary Club de Neuquén en reconocimiento a la actividad del odontólogo quien también dejó su impronta en la biblioteca Juan Bautista Alberdi, entre otras entidades intermedias. Fue socio fundador de dicha biblioteca y de la cooperativa CALF. El 26 de junio de 1962 asumió como comisionado municipal, según la historiadora Elsa Bezerra.
Liliana se recibió de docente y ejerció la profesión. Fiel seguidora de su padre participó en las comisiones directivas de varias entidades intermedias y coronó su actuación pública cuando acompañó a Sobisch en tareas sociales vinculadas al ámbito educativo. Mientras fue la primera dama de Neuquén se encargó de crear un programa de becas con apoyo económico de YPF y también premios estímulo para grupos de estudiantes que presentaran proyectos. Recorrió la provincia en las escuelas rurales de lugares apartados, y siempre puso la oreja y la sonrisa apaciguadora que la caracterizaba ante reclamos de alumnos y pobladores.
¿Qué es lo que la llevó a tomar una decisión tan drástica y tan efectiva de lanzarse al vacío en un horario donde la capital provincial era un hervidero a cinco cuadras de la gobernación? Nadie lo sabrá. En ese momento estaba acompañada por su mucama en el noveno piso que compartió con su esposo en un edificio que para principios de la década del 90 era el más lujoso de la capital provincial construido por una de las empresas que obtuvo varias licitaciones de obras públicas del Estado neuquino.
La fiscal de Graves Atentados contra las Personas, Sandra González Taboada, dijo que la última llamada telefónica que recibió era de su hermana Olga. En el momento de tomar la trágica decisión no estaba su marido –llegó después que la policía cortó el tránsito en la calle Brown al 700 y la patria movilera pueblerina metía micrófonos  a quien ostentara un uniforme – y ninguno de sus cuatro hijos. 
Liliana se conoció con Sobisch en una de las reuniones sociales que se hacían en el Club Independiente a fines de la década del 60. Neuquén era un pequeño pueblo de provincia que comenzaba a crecer gracias a la inmigración que derivó de las grandes obras hidroeléctricas. El ex gobernador fue presidente de ese club, mítico para la ciudad, y actualmente es Gastón, uno de los hijos de Liliana, quien tiene a su cargo la dirección de esa institución. Junto a Olga “eran las hermanas Planas” según comentan quienes compartieron esos años mozos de la ciudad de la juventud. Se casó en 1971.
Cuando Sobisch se peleó con Jorge Sapag, a la sazón su vicegobernador y aliado dentro del sapagismo –hijo de Elías, hermano de Felipe—circuló con insistencia que la persona que lo iba a acompañar como vicegobernadora era su esposa Liliana. Ella se encargó de indicar a la prensa su negativa y adelantó que se encargaría de manejar el tema de las becas y el premio estímulo. Para su reelección, Sobisch impuso a Federico Brollo, uno de sus seguidores incondicionales.
Este martes en una sala velatoria privada ubicada en la calle Ismael Nordestrom, Sobisch estaba al lado del cajón cerrado donde se velaba a su esposa. Todo es dolor y preguntas.
Periodista del diario La Mañana de Neuquen. Especial para 24CON
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