Política

Triple P: pandemia, pobreza, política

Es la hora de la ciudadanía. De comprometerse, de cambiar nosotros y de cambiar a la Argentina. De saber que vivimos en una comunidad.

Por Lourdes Puente Olivera*

Sabíamos hace tiempo que vendría la segunda ola, que hace un par de semanas que se aceleran los contagios y empiezan a desbordarse los hospitales y clínicas. Sabíamos... pero ¿qué hicimos? La repuesta está en la conciencia de cada uno, de cada una. En todo caso, en una sociedad que se precie como tal también esperamos que quienes la conduzcan hayan previsto y planificado lo que venía, porque tienen funcionarios estudiando lo que hacen los otros países; que funciona y que no; calculando alternativas, analizando las reacciones y efectividades de lo que ya se hizo en nuestro país. ¿Será así? ¿Alguien cree que es así?

La percepción es negativa, exagerada por medios y periodistas (que parecen barrabravas subidos al paravalancha arengando a sus fanáticos de cada lado de la grieta). Difícil encontrar verdad cuando esa dirigencia que tiene, una que conducir y la otra que controlar, se dedica a profundizar las diferencias, a culpar, a ver en el otro todos los males.

La pandemia es para cada persona algo diferente. Hoy nos interpela más de cerca, porque cada vez hay más gente cercana enferma, algunos graves, algunos parten. Quienes tenemos cerca personal de salud sabemos el estress que están pasando.

¿Hasta qué punto nos involucramos? ¿En qué lugar de nosotros toca esta pandemia que está afectando a toda la comunidad a la que pertenecemos, local y globalmente?


Los último datos económicos macro del Indec, con la recuperación de la industria, positiva pero insuficiente; la negociación en marcha con el FMI; las ayudas internacionales en recursos y en vacunas; indican que no estamos tan mal y forman parte de la agenda de estos días, aunque muchos titulares se dediquen a Tinelli y sus pésimas decisiones sanitarias como lo importante. La angustia que nos atraviesa no siempre nos lleva a buscar luces de esperanza, en muchos casos parece lo contrario y se todo se mezcla: la irresponsabiidad, con el acierto; la impericia con el talento. Difícil encontrar que lo que está bien y lo que está mal. Más fácil es culpar a alguien de todo.

Los desaciertos de la política disparan la grieta. Hay Consejo Económico y Social, pero las decisiones importantes no se consultan, como la prohibición de exportar carne. Al no comprometer a los actores se sigue fracturando la cohesión social, tan necesaria ahora. Más que nunca necesitamos a todos los actores adentro.

Duele conocer los datos de pobreza del Indec o del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Los sectores vulnerables se incrementan tanto o más que la asistencia que el estado y la sociedad trata de brindar. Hay un piso estructural que no explica la pandemia y un creciente sector que pelea por no caer fuera del sistema económico y social.

Da la sensación que pandemia y pobreza son un problema del Gobierno. Que cada uno de los argentinos no tiene ningun compromiso o responsabilidad. Pero hay miles que saben que no y cada día, sin preguntarse quién gobierna, hacen su aporte concreto a la comunidad. Algunos llevan comida, otros educación, otros trabajo, otros, arte y diversión, otros plegarias y a veces sólo sus sueños, pero van al encuentro de quien más necesita. Los motiva la convicción de que somos una comunidad. De que lo que le pasa al otro me pasa a mi. Saber que no hay felicidad individual si a a los que viven en mi tierra no les va bien. Esos hombres y esas mujeres, en la política, en las organizaciones sociales, en las empresas de todo tipo, no se refugian en la culpa que tiene el Gobierno. Sienten que tienen un rol y salen a jugarlo.

Ni la pandemia, ni la pobreza se resuelven con un Gobierno eficaz. Claro, si lo tuviéramos, sería más fácil. Pero si no está, esta sociedad tan empoderada del siglo XXI tiene mucho para decir y hacer. Y lo va diciendo, lo va haciendo y va tejiendo esa esperanza.

La economista Mariana Mazzucatto sostiene que hay que implicar a los ciudadanos en un nuevo diseño de la economía, lo que es más fácil en los proyectos locales. Porque la gente se reúne en las asociaciones vecinales, en movimientos barriales, en clubes, en parroquias. Y mientras forman parte del diseño del plan, se comprometen porque saben que el proyecto implica una inversión en su propia capacidad y necesidad. "Sin participación efectiva, la gente se desentiende y no cambia, e incluso se resiste", dice Mazzucatto.

Es lo que nos pasa: cada uno se aparta, cuestiona, protesta, y en el fondo se desentiende hasta de su propio problema de supervivencia... hasta que llegue el Cristo que nos redimirá.

Por eso, es la hora en la política, de los gobiernos locales. Y la esperanza está ahí y se pudo palpar en un encuentro que reunió a intendentes de todo el país. Organizado por la Escuela de Polítca y Gobierno de la UCA, el Programa de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), TheMillenium Project, el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, Argentina Conversa, el Instituto de Planeamiento Estratégico, la Red Nueva Acción Política (Red NAP), y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), busca promover acuerdos mínimos y cooperación para generar un proceso virtuoso de desarrollo para la Argentina.

Escuchándolos, uno descubre que ven claramente que, involucrando a todos los sectores, se consiguen más soluciones. Sólo necesitan un diseño institucional que los empodere. Pero vale la pena explorar los malabares y las acciones que muchos de ellos y ellas hacen en esta difícil coyuntura. Cuánto más ganaría la política si en lugar de seguir peleando sillas, empezara a empoderar a los gobiernos locales.

Es la hora de la ciudadanía. De salir de nuestra zona de confort. Que el empresario que puede, trabaje y comprometa su tiempo en generar escuelas de oficios. Que el emprendedor tecnológico ayude a formar nuevos expertos para generar mayor valor agregado; que el comerciante coopere para agregar valor local, generando trabajo, con los productos que comercializa; que el estudiante se involucre aprendiendo en proyectos solidarios vinculados a la profesión que aprende. Si nos movilizamos todos, ponemos toda nuestra energía en generar capacitación y trabajo y creemos que es posible, seguro que vamos a cambiar nosotros, vamos a cambiar la Argentina, e inevitablemente cambiará nuestra dirigencia.

Es la hora de quien ve caer las bombas del virus y toma con responsabilidad cada decisión social. No por sí, sino por el otro.

Necesitamos emprender la marcha hacia una nueva cosecha, la cosecha de una mejor Argentina.

*Directora de la Escuela de Política y Gobierno de la UCA.

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