Sociedad

El gran dilema argentino: ser o no ser 'maradoniano

Es un fenómeno. Ídolo. Leyenda. Mito. Épico. Carisma puro. Talento inigualable. Es pueblo. Es Dios. Es orgullo, historia, pasión y ternura. Y puede ser, también, maltratador, rencoroso, misógino, violento, machista, bravucón, padre abandónico, agresivo, arrogante.

Es Diego Armando Maradona, el exfutbolista devenido en director técnico que regresó al futbol local y que reavivó amores y odios entre argentinos.

Unos le profesan fervor incondicional, le agradecen las inolvidables alegrías deportivas y nada quieren saber (o criticar) de su vida personal plagada de pleitos, demandas y escándalos con sus exmujeres ni de los hijos extramatrimoniales que se negó a reconocer (y a ver) durante años o del distanciamiento con sus hijas. Lo consideran el más humano de los dioses.

"Todo en él, lo público y lo privado, es noticia. Es una figura inabarcable. El personaje vivo más importante de la cultura popular de este país. Pocos generan tantas y tan profundas polémicas, divisiones y antagonismos".Cecilia González, periodista y escritora. 

Otros se desencantaron y dejaron de admirar sus hazañas con el balón para repudiar los intermitentes maltratos públicos a sus parejas y a sus hijos. Algunos más lo cuestionan únicamente por sus simpatías políticas, se burlan de su peso o recuerdan y "denuncian" con suma indignación las adicciones que padeció. Porque, claro, todavía estamos en un mundo que estigmatiza a los consumidores de drogas ilegales sin entender que sólo son personas que necesitan tratamientos médicos.

Maradona, argentino, 58 años, campeón del Mundial México 86, uno de los mejores jugadores del mundo, director técnico, padre de ocho hijos, abuelo de tres, divorciado, en pareja, es un hechizo del que es difícil mantenerse inmune. Todo en él, lo público y lo privado, es noticia. Es una figura inabarcable. El personaje vivo más importante de la cultura popular de este país. Pocos generan tantas y tan profundas polémicas, divisiones y antagonismos.

El domingo, el '10' volvió a las canchas argentinas. Como casi todo en él, tuvo un halo épico: vino con la misión de rescatar  a Gimnasia, el club que va último en el campeonato y que puede descender de categoría. El milagro maradoniano comenzó a surtir efecto de inmediato: venta récord de camisetas, registro masivo de socios, interés inusitado de patrocinadores para el club, estadio lleno. Todo fue reportado pormenorizadamente por cientos de periodistas nacionales y extranjeros que saben que cualquier gesto, palabra o guiño del ídolo garantiza una interesada audiencia. Periodistas argentinos que confiesan (¿presumen?) lágrimas atragantadas al ver de nuevo a Maradona en su tierra, arropado por el cariño de una multitud.

Para ellos y para todos los que lo aman, Diego es felicidad, dicha deportiva, Boca Juniors, Selección, Copa del Mundo, el partido contra los ingleses, el gol con la mano, el mejor gol de la historia de los mundiales, Nápoles, el llanto por el doping positivo. Recuerdos. Emoción.

Hay otro periodismo, el de chismes del espectáculo, que está listo para cubrir con detalle su compleja vida personal. Ahora está en marcha una demanda de Maradona contra Claudia Villafañe, la mujer con la que estuvo casado 14 años, con quien tuvo a Dalma y a Gianinna, las únicas dos hijas que reconoció durante décadas. La acusa de fraude. Claudia, cansada por los insultos y agresiones, ya lo demandó por violencia sicológica. "Ladrona", es lo menos que le ha dicho. Las dos hijas están alejadas de su padre. No se hablan. Por eso, lamentan que no vea a sus nietos: Benjamín, el hijo de Gianinna; y Roma, la hija recién nacida de Dalma.

La actitud abandónica de Maradona no es nueva. A su hijo mayor, Diego Maradona Junior, nacido de una relación con la italiana Cristina Sinagra, lo reconoció legalmente por orden judicial, pero tardó casi tres décadas en querer verlo y comenzar una relación con él. Jana, una hija extramatrimonial que tuvo con la argentina Valeria Salabain, esperó 18 años para poder estar con su papá. A Diego Fernando, su hijo más pequeño de seis años, producto de su larga relación con Verónica Ojeda, no lo ve. El abogado del exjugador, Matías Morla, reveló este año que tenía tres hijos más, de dos madres diferentes, en Cuba. No ha confirmado nombres y edades.

Desde hace seis años, Maradona mantiene con Rocío Oliva una relación marcada por rupturas, pleitos y denuncias públicas. En televisión ya se mostró un video en que él le grita y le manotea el celular, y ella le pide que no le pegue. En otro de sus tantos rompimientos, Oliva mostró fotos con moretones en el cuerpo. Dijo que el exjugador la golpeaba. Él, en tanto, la ha denunciado por robo.

Las frases desafortunadas de Maradona con las parejas, exparejas e hijos con los que se pelea es común, parte de su personalidad. Y eso, en el país en donde se gestó el poderoso lema feminista 'Ni una menos' contra la violencia machista, pareciera más difícil de ignorar. Pero no. Una gran parte de la sociedad se erige como defensora del 'Pelusa', su '10', su 'D10S', su 'Maradó'.

Bastó que se confirmara su inesperado regreso al país, apenas la semana pasada, para que en charlas de amigos y familiares, redes sociales y medios de comunicaciónse reanudaran argumentos a favor y en contra.

De un lado: "¿Cómo no amar a Maradona?", "es hermoso con sus imperfecciones", "seguro los que lo critican nunca se equivocaron", "qué herejía no querer a Maradona", "si no amas a Maradona no entendiste nada", "es único, irrepetible", "qué alegría verlo feliz", "hay que cuidarlo", "no me importa su vida privada", "gracias por tanta felicidad, barrilete cósmico".

Del otro: "Da vergüenza ajena", "es un asco de persona", "¿falta mucho para que los argentinos dejemos de adorar a un violento?", "es un misógino, insulta a sus mujeres y no reconoce hijos", "es mal esposo, mal padre, mal amigo", "con el pretexto de separar al futbolista de la persona protegen a un violento", "¿por qué justifican sus maltratos?", "qué vergüenza que se aferren a un ídolo".

Son muchos, también, los mensajes de odio que Maradona recibe por sus filias políticas. Las ácidas críticas a Mauricio Macri y su defensa de Cristina Fernández de Kirchner le acarrea defensores y detractores como ya ocurrió en otras épocas, cuando se abrazó con Carlos Menem, Fidel Castro y Hugo Chávez, y en los últimos años con Nicolás Maduro y Evo Morales.

Diego provoca, lo sabe y lo disfruta. Está acostumbrado a la polémica. A la adoración y al desprecio. Pareciera inmune a todo porque, como dice la canción: tantas veces lo mataron, tantas veces se murió, y sin embargo está aquí, resucitando.

Otra vez, resucitando.

@ceciazul Para RT

Más de Sociedad