Eran casi las 18:30 de la tarde y un policía perteneciente a la Subdirección Gral. de Bomberos hacía horas extras patrullando dentro de una galería comercial del barrio Poeta Lugones. Mientras recorría los pasillos, escuchó una explosión.
Preparado para todo -y ante la posibilidad de que sea un asalto armado- corrió hasta el lugar. Sin embargo, allí se encontró con otro tipo de peligro: un parlante de aproximadamente 1 metro había explotado y estaba prendiéndose fuego.
La empleada, apoderada por el pánico, quedó paralizada y a los gritos. El efectivo actuó con sangre fría y desenchufó el parlante. Actos seguido, lo dio vuelta y lo tiró al piso para poder controlarlo mejor. “Dame una rejilla”, le dijo a la mujer. Con mucho oficio y conocimiento, evitó que las llamas continúen propagándose por el resto del local, lleno de cables y plástico.
No fue necesario utilizar el extintor disponible en el lugar, debido a que el efectivo advirtió que contenía Polvo Químico Seco (PQS) y consideró que su utilización podría ocasionar mayores daños sobre los elementos del establecimiento.
Finalmente, la situación fue controlada y no se registraron personas lesionadas. El parlante quedó inutilizado.