Detrás de su perfil profesional, Ricardo Darín tiene una historia familiar atravesada por el amor, el humor y el aprendizaje a través de su madre, Reneé Roxana Darín.
La actriz falleció en 2018 a los 87 años, pero su legado sigue vivo en los recuerdos que su hijo comparte. Darín la tiene muy presente, y en el marco de una entrevista, volvió a evocarla al recordar una particular enseñanza suya.
Durante el ciclo “Grandes que fueron chicos” (Vorterix), Ricardo conversó con Lala Franco, pareja del músico Kevin Johansen. La conductora quiso saber si Darín había tenido miedos o temores de niño. Sin dudarlo, él aseguró: “No, no, no, no, no. Yo era medio anciano”.
Entre risas, reconoció que siempre sintió que maduró rápido, influenciado en parte por su entorno y por su familia.
La charla giró hacia el humor y la influencia de su madre en su personalidad. “El humor yo creo que está más relacionado con mi mamá que con mi papá, porque mi vieja era un personaje maravilloso”, dijo.
“Yo, gracias a mi madre, perdí el miedo al ridículo, porque ella me hacía vivir situaciones verdaderamente muy ridículas”, confesó Darín.
De los momentos más divertidos con su madre:
El actor relató una de las anécdotas más divertidas que vivió junto a su madre durante la adolescencia.
“Estábamos con un amigo en un bar, yo tenía 14 o 15 años. Era la tarde-noche, esa hora en la que tenías que volver a tu casa. Yo no estaba volviendo. Y estaba con un amigo y dos chicas que habíamos conocido y estábamos tomando algo. Entonces aparece mamá, la veo, era mi vieja, mirando por la ventana y mi amigo también, y ya lo escuché, que dijo: ‘Uy, uy, uy, uy’. Y ya sabíamos lo que iba a pasar”, comentó.
“Mi mamá entró, vino a la mesa, encaró a la chica, le dijo: ‘¿Cuántos años te dijo que tenía? 18 años, ¿no? 14 tiene...’. Y así empezó mi carrera galanística”, recordó entre risas, dejando en claro que su madre no tenía miedo de exponerlo públicamente y que esas experiencias, lejos de avergonzarlo, le enseñaron a naturalizar el ridículo.
“Era muy histriónica”:
La charla continuó con otra anécdota de juventud, donde Ricardo admitió que solía volver loca a su madre con sus travesuras.
“Era muy histriónica. Y un día le saqué su auto, que era un Fiat 600. Tendría, ponele, 16 años. Y con un grupo de amigos, que éramos cuatro o cinco, nos metimos todos en ese autito chiquitito y nos fuimos a lo que en ese momento era la meca de los bares nocturnos”, relató el actor.
Y continuó: “Estábamos todos sentados en unas mesas afuera, haciéndonos los grandes, y de golpe, para un taxi y baja mi mamá en camisón. Hizo un escándalo, nos cacheteó a todos. Hizo molinete con los cinco que éramos. Trácate, trácate, trácate”.
A lo largo de la charla, Darín reconoció que estas situaciones, lejos de generar resentimiento, lo ayudaron a forjar carácter y a perderle el miedo al qué dirán. “Me hacía mucho esas cosas, así que me curtió desde temprana edad”, admitió.
De esta manera, Ricardo Darín cerró el recuerdo con una sonrisa y el recuerdo vivo de una madre que supo ser guía, cómplice y motor de su crecimiento personal.
Entre risas, anécdotas y confesiones, el actor mostró su costado más humano y cálido, ese que lo conecta con el público a través de la memoria, la gratitud y el amor familiar.
Una infancia entre el asfalto de Once y la madurez temprana:
Darín rememoró también durante la entrevista, sus primeros años de vida en el barrio porteño de Once, describiéndolo como un escenario particular marcado por la constante llegada de micros de larga distancia y una intensa "vida de vereda".
Criado en un departamento pequeño junto a sus padres, su hermana y su abuela Juana, admitió haber desarrollado una mentalidad adulta desde muy chico, influenciado por la particular forma en que su padre se comunicaba con él.
Al respecto, el actor reflexionó sobre su propia madurez y la falta de juguetes tradicionales en su niñez: "Esto que te voy a decir puede sonar triste pero no lo es: yo no tenía muchos juguetes. Mi viejo no me trataba como un niño, me trataba como un adulto. Ahí había una marcadísima diferencia. Yo era medio anciano, sí".
El debut fortuito y la televisión como el living de casa:
La inserción de Darín en el mundo del espectáculo ocurrió de manera orgánica y a una edad temprana. Debido a que sus padres eran actores y compartían elenco con grandes figuras de la época, los sets de grabación se convirtieron en un espacio cotidiano para él. Su debut formal se produjo a los dos años y medio por una necesidad imprevista del guion de un programa televisivo en el que trabajaban sus progenitores.
Darín recordó cómo aquella atmósfera amigable moldeó su icónica naturalidad ante las cámaras:
"Yo me crié dentro de un ambiente de actores y actrices. Para mí no era un lugar extraño u hostil, era una prolongación del living de mi casa un estudio de televisión. Yo no iba a actuar, estaba cómodo. Era una atmósfera absolutamente amigable y relajada".
El legado familiar y la mirada lúdica del oficio:
A pesar de su extensa y consagrada trayectoria internacional, Darín aseguró que mantiene intacto el espíritu lúdico con el que dio sus primeros pasos en la actuación.
Asimismo, destacó los valores fundamentales que heredó de sus mayores y que hoy intenta transmitir a sus hijos y nietos, rescatando el valor del pensamiento crítico inculcado por su padre y la resiliencia de su abuela inmigrante.
Al cerrar su balance personal y profesional, el actor concluyó: "A mí me gusta a veces decirme que soy una especie de adolescente tardío”.
Y reflexionó: “Para mí todo, incluso mi profesión, mi oficio y mi vocación, siempre tiene mucho olor a juego. Y por el lado de mi viejo, traté de tener un pensamiento crítico independiente, no dejarte llevar por el tsunami de la ola popular".