Ser madre o padre y, al mismo tiempo, empezar a cuidar a los propios padres es una situación cada vez más vista. A este fenómeno se lo conoce como generación sándwich: adultos que quedan “en el medio” de dos generaciones y deben sostener, de manera simultánea, responsabilidades emocionales, económicas y de cuidado.
Esta generación de adultos “multitaskers” es resultado de los continuos cambios demográficos y sociales que acontecen en todo el mundo y que hacen que sea cada vez más frecuente que las familias, mayoritariamente las mujeres, se vean colapsadas por las demandas de sus padres y de sus hijos.
Varias son las razones que explican este fenómeno: las personas deciden tener hijos más tarde y el aumento de la esperanza de vida así como también el hecho de que los jóvenes tardan más tiempo en alcanzar la independencia económica y postergan la salida del hogar después de los 18 años o incluso regresan de más grandes.
Cómo formar parte de la generación sándwich y no colapsar en el intento:
Según el licenciado en Psicología, Sebastián Ibarzábal (M.N. 42413), “esta situación de tener tantos frentes abiertos puede generar altos niveles de estrés, ansiedad y agotamiento emocional debido a las demandas físicas y emocionales que implica atender las necesidades de dos generaciones diferentes”.
Según desarrolla, estas personas con exceso de responsabilidades tienden a experimentar sentimientos de culpa, conflictos internos y más presión aún para equilibrar sus responsabilidades familiares con las propias personales, que suelen ser dejadas de lado. “Indudablemente, esto puede provocar un deterioro en su bienestar psicológico y emocional”, afirmó.
La Asociación Americana de Psicología (APA) informó que “se ha demostrado que ser cuidador multigeneracional repercute negativamente en la salud y el comportamiento porque reduce los niveles de ejercicio de los cuidadores, aumenta la frecuencia del consumo de sustancias tóxicas y eleva el riesgo de depresión”.
Estar bien acompañado es la variable fundamental que puede cambiar la ecuación. “Cuando se comparten tareas con otros, se pueden distribuir responsabilidades y se obtienen diversidad de habilidades y recursos que proporcionan en parte, apoyo emocional”, agregó.
Por el contrario, en lo que refiere a adultos que son hijos únicos o que tienen vínculos conflictivos con sus hermanos, la situación puede ser exponencialmente peor, favoreciendo la confusión, la cancelación de recursos y el malestar.
En relación a si se debería priorizar las necesidades de uno sobre otro, Ibarzábal dijo: “Padres e hijos demandan cosas muy diferentes que, por lo general, no se solapan. No obstante, es importante reconocer que no se trata necesariamente de una elección entre uno u otro, sino de encontrar un equilibrio”.
Según desarrolló, es posible alcanzar la estabilidad si se comienza a evaluar la urgencia y la gravedad de las necesidades presentes.
Lidiar con la culpa y evitar colapsar:
Pretender cumplir con todo de manera perfecta es una misión casi imposible. “La culpa lleva a una vuelta mental sobre uno mismo, que puede perpetuarse hasta el infinito si no se le pone un freno”, dijo el profesional.
Para ayudar a sus pares de la generación sándwich, el psiquiatra estadounidense Douglas Newton escribe en Psychology Today algunos consejos sobre cómo cuidarse:
- Comprender los factores estresantes: “La carga mental de cuidar a dos grupos diferentes de personas puede ser muy abrumadora”, dijo. Sugiere hacer una lista de lo que más lo está estresando y comunicarla a quienes lo rodean para ver qué se podría delegar.
- Comunicarse con las partes interesadas: Newton aconseja hacerles saber a todos desde el principio cuáles son los límites, cuándo se está disponible para ayudar y cuándo se priorizan otras responsabilidades. “Comunique los ‘no’ desde el principio, para que puedan hacer otros planes y no esperen de uno cosas improbables”, señala.
- Dedicar tiempo al cuidado personal: Encontrar tiempo para uno mismo puede sonar como algo imposible, pero tan solo unos minutos de ocio marcarán la diferencia.
- Buscar ayuda profesional: Cuidar a niños y padres nunca es fácil –expresa– por lo que recomiendo considerar unas sesiones con un profesional para profundizar en cómo se está sintiendo. Sería imposible cuidar bien a otros si uno no se cuida a sí mismo.