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“Me escapaba por los techos de mi casa para ir al secundario”: La Sole recordó las locuras que vivió a los 15 años en Arequito

A tres décadas del inicio de su carrera, la artista repasó los detalles más íntimos del fenómeno que transformó su vida de la noche a la mañana. Reveló el precio que pagó de chica por la notoriedad y cómo debió ingeniárselas para sostener su rutina escolar entre giras interminables.
 

Por Redacción

Viernes, 06 de noviembre de 2026 a las 08:44

Detrás de los treinta años de trayectoria en el folclore argentino se esconde una historia de sacrificios, corridas y una adolescencia drásticamente alterada por la popularidad. 

Durante una entrevista, Soledad Pastorutti revivió los años en que pasó de ser una vecina común de Santa Fe a llenar estadios enteros, lidiando con las consecuencias de un éxito tan masivo como repentino.

El lado B del éxito meteórico:

El despegue tras su mítica actuación en el Festival de Cosquín no le dio tregua a una joven Soledad de apenas 15 años. 

El ritmo de vida se volvió frenético, marcado por la precariedad de las rutas de los noventa y una agenda que hoy resulta inverosímil para una menor de edad.

"Desde que empezó Cosquín a esos 10 años, la vida no me dio tiempo ni de respirar. Pensá que nosotros en un solo verano, enero y febrero, hicimos 60 shows", rememoró la cantante sobre la intensidad de aquella época. 

Las travesías por el país junto a su padre se hacían a pulmón, en un contexto muy diferente al actual: "Nos hemos quedado sin nafta, sin gasoil en medio de la nada. No había GPS, no había celulares. Entonces llegar a un lugar era preguntando. Y vos ibas a un hotel que era el hotel de pueblo cuyas habitaciones habían sido vendidas a los fans".

La verdadera odisea comenzaba al regresar a su hogar en Arequito, donde la realidad escolar chocaba de frente con el furor de sus seguidores.

La intimidad familiar se vio completamente desbordada, obligándola a buscar salidas de lo más insólitas.

"Yo llegaba a mi casa, yo iba al secundario, y mi casa, que era una casa de rejitas bajitas, una casa común, también estaba rodeada de gente", relató La Sole. 

Ante este panorama, el día a día requería destreza física para no faltar a clases: "O sea que era los días de semana ver cómo me escapaba por los techos de mi casa para ir al secundario y después salir de gira". 

Al reflexionar sobre el peso de haber madurado bajo el ojo público, admitió: "Yo mi adolescencia estuve, pero no la viví como cualquier otro adolescente. El otro día me junté con mis amigas y le decía: 'Yo no sé... no sé si estuvo bien o estuvo mal. Yo sé que elegí, pero la verdad es que me perdí un montón de cosas, códigos'" .

La presión del pueblo y los pies en la tierra:

Sostener la normalidad en una localidad pequeña trajo consigo otra clase de desafíos: el temor a la mirada ajena y el prejuicio de quienes la vieron crecer. Para la artista, la propia comunidad funcionó como un cable a tierra que le impidió perder el eje.

"Yo soy una chica de pueblo y en un pueblo cualquier tipo de condena social es brava. Es decir, vos si sos el agrandado del pueblo, si sos el hijo de... ¿me entendés?", explicó sobre el ecosistema rural.

El quiebre de identidad dentro de Arequito fue inmediato y generó una fuerte autoexigencia: "A mí me parece que eso a mí me contuvo bastante, fui bastante cautelosa. ¿Entendés que yo pasé de ser la hija del mecánico del pueblo a ser La Sole? Y obviamente ¿qué va a pasar?: 'Y ahora ya se agrandó, ahora ya no es la misma de antes, ahora ya no saluda'".

A pesar de haber recorrido los escenarios más prestigiosos del mundo, Pastorutti jamás abandonó su lugar de origen, una decisión que considera clave para su salud mental.

"Siempre me preocupé mucho por eso. No sé si está bien pero bueno, es un poco el ecosistema en el que me crié y creo que me ayudó mucho también a mantener los pies sobre la tierra", confesó.

La crisis de los 10 años de carrera:

El torbellino inicial no estuvo exento de dudas profundas sobre su vocación. Al cumplirse la primera década en la música, la cantante atravesó una meseta profesional y personal que la obligó a plantearse si realmente deseaba continuar por ese camino.

"A mí me ha pasado de perderme, de no saber si realmente yo quería hacer lo que estaba haciendo. Yo tenía 15 años, y me pasó cuando cumplí 10 años con mi carrera", reveló sobre el bache emocional que experimentó.

Aquella etapa coincidió con un drástico cambio de rumbo musical que le valió duras críticas de los sectores más tradicionales del folclore: "Pasaron esos 10 años, vorágine total, qué sé yo, porque a los 10 años se vivió un momento medio raro también, no digo de meseta, ¿okay? Viste, había hecho un disco en Miami con Emilio Estefan que en aquel momento como que me recontra criticaron porque fui, folclorista, me fui a grabar a Miami, donde grababa Shakira y Alejandro Fernández. Medio que me bajoneé".

Finalmente, la crisis se convirtió en la oportunidad perfecta para tomar las riendas de su propia vida profesional y dejar de depender de las decisiones de su entorno, una madurez que consolidó a la artista que es hoy.

La búsqueda de la evolución constante:

A pesar de sus tres décadas de vigencia y de haber conquistado los escenarios más importantes del país, la cantante confesó que sigue siendo sumamente autoexigente con su desempeño vocal y artístico. 

Lejos de estancarse en el éxito pasado, Pastorutti mira hacia el futuro con la convicción de que su techo profesional aún está lejos: "Yo creo que todavía mi mejor versión no está. Creo que como cantante tengo mucho para mejorar y para aprender, y eso que me esfuerzo mucho".

Su pasión por el fútbol y el llamado sorpresa de Messi:

Su vínculo con los grandes ídolos populares no es casualidad; Soledad se define como una apasionada absoluta del deporte rey en Argentina, una conexión que la llevó a protagonizar momentos históricos tanto con Diego Maradona como con Lionel Messi. 

"Primero porque soy muy futbolera, soy muy pasional, eh... soy fanática del fútbol, fanática. Entonces me emociona que me toque esto porque no es solamente la música, viste, el fútbol por ejemplo es algo que nos representa a los argentinos sin dudas", confesó la artista al rememorar la velocidad con la que se gestó su última gran presentación en el Estadio Monumental.

"Me entero un día antes de esto, por eso también el poncho, que fue la decisión de bueno, lo más correcto para vestirme", confirmó.

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