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Rolón sobre la soledad: "Alguien que sabe estar solo es menos manejable"

El psicoanalista se refirió a la soledad como una experiencia inevitable para las personas. Cuestionó los mandatos culturales que la estigmatizan, planteó la necesidad de aprender a no tenerle miedo y verla como un espacio clave para el deseo, el vínculo con uno mismo. También hizo la distinción entre “estar solo” y “no tener pareja”.
 

Por Redacción

Miércoles, 21 de enero de 2026 a las 09:04

A partir de su libro más reciente, Gabriel Rolón reflexionó sobre la soledad y explicó el origen de la obra. Contó que la idea surgió por una sugerencia de su esposa, Cintia, y que eligió explorar el tema desde una experiencia personal: la muerte de su padre y la profunda soledad que dejó esa pérdida.

El psicoanalista definió la soledad como una vivencia compleja, que puede ser dolorosa o necesaria, y diferenció entre la soledad “en minúscula”, asociada a la ausencia de otros, y la soledad existencial, propia de la condición humana. 

Durante la charla, también analizó los mandatos culturales que estigmatizan estar solo, incluso en relaciones amorosas, y sostuvo que un buen amor no busca completar al otro, sino compartir dos soledades capaces de convivir. Destacó la importancia de aprender a estar bien con uno mismo, de respetar los tiempos de introspección propios y la soledad ajena.

La soledad en minúscula y mayúscula:

Sobre la distinción de los “dos tipos de soledades”, Rolón explicó: “Hay una soledad que yo decidí llamarla soledad con minúscula, que es la soledad sin otros. Es el “estoy solo” porque estoy sin pareja, estoy sin amigos, porque elijo estar solo, es decir, estar sin los demás, que es algo muy difícil”.

Y completó: “Y hay otra soledad que para mí es la soledad existencial, la soledad con mayúscula. Esa soledad a la que estamos condenados sólo por el hecho de ser humanos. Quiere decir que vos nunca, jamás vas a poder estar con nadie que haga desaparecer la sensación de soledad que te recorre. Porque nacemos solos, vivimos solos, amamos solos, morimos solos. Nadie puede nacer por nosotros, morir por nosotros, amar por nosotros, aunque amemos al otro. Y nosotros nos recorre una soledad existencial por el hecho de que hablamos, de que tenemos que pedir lo que deseamos y que las palabras no alcanzan a decir lo que sentimos”.

“Entonces, te vas a sentir muchas veces, aunque te escuchen, aunque estés rodeada de gente, estés abrazada por un amor, aun en ese momento, si vos mirás hacia adentro y cerrás los ojos, te vas a dar cuenta de que estás sola”, dijo.

En esa misma línea, explicó: “Es inevitable estar solo, pero al mismo tiempo es imposible. Intentá quedarte un rato sin pensar en nadie, sin escuchar alguna voz, sin que venga algún recuerdo y te vas a dar cuenta que no se puede. No se puede. Estamos todo el tiempo recorridos por nuestros miedos, por nuestros deseos, por nuestras ambivalencias, por nuestros recuerdos, que no podemos alcanzar esa paz que busca el que medita”. 

“Esa soledad de, de la calma eterna, de la paz, es imposible también para el humano. Entonces, la soledad es una experiencia que hay que vivir con mucho respeto, que hay que saber cuándo conviene salir de ese lugar. A veces hay que salir y otras veces las tenemos que respetar. Tenemos que decir: “Es necesario que esté un tiempo solo, porque necesito pensar”. Así que me parece una de las experiencias más fuertes e importantes que todo ser humano tiene que atravesar”, puntualizó.

La soledad y las parejas:

Cuando fue consultado sobre la posibilidad de sentirse solo incluso estando en pareja o rodeado de vínculos que uno elige y desea, Rolón afirmó que “es posible”.

“No conozco a nadie, por muy enamorado que esté, que en algún momento, aun con su pareja, no se sienta solo. Los seres humanos tenemos la tendencia a idealizar todo. Agrandamos las cosas. Y dentro de las cosas que idealizamos está el amor. Entonces uno dice: ‘No sabés, estoy bárbaro’. Vamos bien. Pero cuando uno dice: ‘La verdad que ahora sí me siento completo’”, desarrolló.

 Y siguió: “Ahí te fuiste al diablo, te empezaste a mentir. Porque la completud no es una experiencia que podamos tener. Y en ese resquicio donde el otro no puede entrar en mí, donde el otro no entiende lo que me pasa, no entiende lo que deseo. Viste que uno a veces dice: ‘No, no me estás entendiendo’. Sí, obvio, no te estoy entendiendo, ¿qué querés? Somos humanos, no nos vamos a entender nunca con esa completud con la que se entiende un perro con una perra. Que no tienen que decirse nada. Los dos saben instintivamente, pero los seres humanos no”.

“Esa es la soledad con mayúscula también, ¿no? Y un buen amor, el mejor de los amores, no es más que el encuentro de dos solitarios que deciden compartir sus soledades por un rato. No esperando completarse, simplemente esperando caminar juntos por la vida, que es un lugar también solitario y difícil. Las parejas que son bellas son parejas compuestas por personas que pueden estar muy bien solas. No conozco ninguna pareja sana entre personas que no saben estar solas. Porque, ¿sabés cuándo vale la pena y cuándo te podés sentir tranquila estando con alguien? Cuando vos decís: “Yo estoy tan bien sola, pero quiero estar con vos”, explayó.

En este contexto, explicó también: “No porque no sé estar solo, no porque me cansé de estar solo, no porque tengo miedo de estar solo, no porque la cultura me dice que tengo que estar con alguien, no porque me miran raro porque ya tengo edad como para estar con alguien. No, por ninguna de esas cosas. Es: No sabés lo bien que estoy solo, qué bien me llevo con mi soledad. Pero prefiero estar con vos”.

Cómo aprender a habitar la soledad sin desesperar:

El profesional detalló lo fundamental a tener en cuenta: “En primer lugar, tenés que renunciar a estos mandatos de los que hablamos. Un mandato es una frase, una idea, de alguien que puede ser tu padre, tu pareja, tu hijo, tu cultura, que te dicen que hay que ser de tal manera. Un mandato es aquello que atravesaba como un puñal a todas las mujeres hace 50 años que es: “¿Cómo no te vas a casar? ¿Cómo no vas a ser madre?” Si no, era la tía solterona. “¡Uy! No. Se quedó sola”, decían. No se quedó sola, lo decidió. No tuvo ganas, a lo mejor”.

Y continuó ejemplificando: “Está sola, es rara”. Esa mirada con la que la cultura mira. “¿Cómo no vas a querer ser mamá? ¿De verdad? Pero no es natural que una mujer”. Claro que no es natural. En el ser humano nada es natural. El deseo de ser madre tampoco lo es. Hay una mirada de la cultura que nos empuja a ciertas cosas. Y dentro de esas cosas está el hecho de que todavía se mira con desconfianza cierta soledad, ¿no? Alguien te dice: “Te invito al teatro a verme, ¿venís?”. “Sí, Gaby, voy el sábado”. “Te dejo dos entradas en boletería”. ¿Por qué dos? Soy uno, pero si querés dejame dos. Y ni te pregunto. Uno dice: “Bueno, dale, te mando dos entradas, ¿con quién venís?”. Se da por sentado que deberíamos estar con alguien”.

La incomodidad de estar “solos”:

“La persona que tiene tanto miedo de estar solo o sola. Yo me pregunto: ¿Por qué le cuesta tanto estar consigo misma? ¿A qué le teme? ¿Qué ve que no le gusta? ¿A dónde no quiere entrar? ¿Qué voces recorren a esa persona cuando se queda sola que prefiere evitar? Creo que si nos pasara algo de eso, es cuanto más tenemos que enfrentar el desafío de comenzar a llevarnos un poco mejor con nosotros mismos y no lo digo como un lugar común o una frase hecha. Me parece que es importante entender que, en esos espacios en los que solo están nuestras voces, nuestros miedos, deseos, nuestra historia, porvenir, donde jugamos nuestros anhelos... Es un momento muy fuerte, pero es indispensable que nosotros podamos sostener esos espacios para poder vivir, para ir tramitando esa historia que nos habló, para poder ir en dirección a esos sueños que nos estuvimos planteando”.

Y continuó: “Cuando alguien no puede estar solo, yo me pregunto esto. Eso es un mecanismo de defensa estar con los demás para esa persona. No sé cuántas ganas tiene, cuánto creo en su deseo de verme. No sé si quiere verme a mí o no quiere verse a sí mismo y me utiliza a mí como escudo”.

“Estar solo es como tener una cita con uno mismo”:

“Uno para las buenas citas se predispone, ¿no? Se predispone desde el mejor de sus lugares. Te predisponés con una buena música, con una copa de vino, si te gusta, con un buen libro, te predisponés a sentarte y dialogar con tus recuerdos. Yo tengo muchas conversaciones con gente que ya no está. No alucinaciones que los veo ahí, ¿no? Pero me habitan voces, que han sido más duraderas que las personas que las pronunciaron. Me habitan frases, abrazos, recuerdos. Y yo cuando me predispongo a estar solo conmigo mismo, a tener esa cita, abro un espacio muy amplio en mí porque es muy posible que a esa cita conmigo mismo venga un montón de gente”, explicó.

Y concluyó: “Es posible que aparezca el rostro de mi abuelo, la sonrisa franca de mi viejo, que aparezca yo, niño y soñante, echándome en cara algo, que aparezca mi madre con sus voces. La puedo llamar a mamá, por suerte, todavía, pero a veces me viene desde otros lugares. Lo que intento es predisponer, ambientar el lugar interno, emocional, el lugar psíquico de la manera más bella posible. Y dejo la puerta sin llave: sé que aquellos que me habitan están todos invitados. Veremos quiénes vienen y quiénes no”.

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