A sus 76 años, el "Pato" Ubaldo Matildo Fillol camina el país recibiendo el cariño de las empresas, los municipios y los hinchas que lo transformaron en leyenda.
Sin embargo, la gloria eterna no lo exime del dolor cuando se posa la mirada sobre el contexto sociopolítico en el que Argentina alzó su primera Copa del Mundo.
Al ser consultado sobre las constantes controversias que rodean el histórico 6-0 ante Perú y la utilización política de la dictadura militar, Fillol no anduvo con rodeos: "Siento asco. Asco puro. Es la peor pregunta que me podés hacer porque uno sabe lo que vivió, lo que entregó".
El ex arquero reconoció el impacto posterior de enterarse de las atrocidades del régimen ("Nos sentimos mal, pero entregamos todo"), pero utilizó un argumento netamente futbolístico para enterrar cualquier fantasma de arreglo.
"Todo eso muere con la pelota que pega en el palo de Rensenbrink y sale. Si esa pelota hubiese entrado, ¿qué pasaba? Íbamos a ser traidores a la patria, vende patrias, mufas”, lanzó.
Y sumó: “Íbamos a ser lo mismo que le pasó a la selección de Brasil en el ‘50. Por eso siento mucho asco, porque sé lo que entregamos".
De "entrar por la ventana" a la mística de Menotti:
El camino hacia la consagración de 1978 no fue lineal. Por diferencias conceptuales con César Luis Menotti, el "Pato" estuvo marginado de casi todo el proceso previo, mientras Hugo Orlando Gatti se adueñaba del arco de la Selección.
La historia cambió a finales de 1977 gracias a una mediación de la revista El Gráfico en el departamento del "Flaco" en Barrio Norte.
"El Flaco me dijo: 'Pato, lo felicito, anda muy bien usted. Quería hablar por nuestras diferencias, pero hoy quedan de lado. Su opinión y mi opinión pasaron; en el medio está la Selección'. El diálogo empezó anteponiendo siempre a la Selección", relató.
Fillol aceptó regresar sabiendo que corría desde atrás: "El Flaco me fundamentó bien que yo entraba siendo el cuarto arquero, y yo me moría por la Selección, era mi sueño".
Pocos días después, la repentina renuncia de Gatti sacudió el panorama y Fillol se presentó el 7 de enero en la Villa Marista. En la primera tarde de entrenamiento veraniego, Menotti lo llamó frente a los dos juegos de pecheras.
"Agarró una camiseta y me dijo: 'Pato, agárrela fuerte'. Yo lo interpreté como un mensaje fuerte. ¡No sabés lo que atajé ese día, lo feliz que fui! Sentí que tenía una chance", contó.
El "Abrazo del Alma" y una aparición brutal:
La final ante Países Bajos dejó una de las postales más icónicas del deporte argentino, retratada por Ricardo Alfieri. Instantes antes de que Alberto Tarantini y Víctor del Águila se fundieran con él en el "Abrazo del Alma", el arquero experimentó una vivencia extrasensorial en el césped del Monumental.
"Antes de que llegara el Conejo, estoy arrodillado solo agradeciendo a Dios y me pasó algo brutal, irrepetible, único: se me apareció la imagen de Jesucristo”, afirmó.
“Juro por mi vida y por lo que me pidan que se me apareció. No sé cuánto tiempo pasó, pero de golpe siento que alguien me abraza, que era el Conejo", ratificó.
El código secreto de Ángel Labruna en Racing:
Al repasar sus inicios, el "Pato" recordó su paso por Racing Club, institución a la que llegó tras un debut complejísimo en Quilmes donde le hicieron seis goles.
En Avellaneda logró comprarle una casa a sus padres y su primer Fiat 600. Sin embargo, su transferencia a River Plate en 1973 escondió una jugada maestra de Ángel Labruna, quien en ese momento dirigía a la Academia.
"Llegué un día a entrenar en Racing y me estaba esperando Labruna en el vestuario. Me dice: 'Bueno, escúcheme, no se cambie. Venga para acá'. Me llevó a su vestuario, me dio una dirección en la calle Mitre y me dijo: 'Vaya que lo están esperando los dirigentes de River'", detalló.
Ante la sorpresa de Fillol, el técnico se plantó: "Yo le pregunté: '¿Le parece, Ángel?'. Se enojó, me quería pelear porque estaba dudando”.
“Él me impulsaba a que fuera a River siendo el técnico de Racing. Con los años me di cuenta de que, fuera de River, él ya estaba armando el futuro River campeón", manifestó.
La cruda realidad de Malvinas en España 82:
Luego de la primera estrella, la Selección viajó a España para defender el título en un contexto bélico dramático por la Guerra de Malvinas.
La delegación argentina vivía en una burbuja desinformada por los medios oficiales de la época, hasta que la realidad los golpeó de frente en el Viejo Continente.
"Prendías la televisión acá y decía 'Argentina está ganando la guerra'. Viajamos a España y estábamos en un almuerzo donde había pantallas con títulos urgentes: 'Argentina se rinde en Malvinas'”, recordó.
Y agregó: “Los españoles pasaban en vivo la entrega de la bandera. Nosotros llamábamos a nuestros familiares y acá no sabían nada de eso. Nos afectó mucho. Nuestro país estaba en guerra, nuestra familia quedó acá y fue muy doloroso".
El desencuentro con Bilardo:
A pesar de haber sido el guardián del arco durante todas las eliminatorias para el Mundial de 1986, Fillol se quedó sorpresivamente afuera de la lista definitiva de Carlos Salvador Bilardo.
"Me lo veía venir. Terminó el partido con Perú, clasificamos, y antes de irme yo le avisé: 'Carlos, posiblemente vaya a España porque llegó la gente del Atlético de Madrid para comprarme, seguimos en contacto'”, reveló.
“Me miró como si no le importara nada y me dijo: 'Está bien, está bien, llamamos'. Yo sentí que no me iba a citar más. En esa eliminatoria había tenido discusiones de juego con él, mi personalidad me llevaba a ser un tipo pesado en ese aspecto”, explicó.
Un retiro de "10 puntos" y el legado del Dibu:
Fillol le puso punto final a su trayectoria en el Torneo Apertura 1990 atajando para Vélez Sarsfield en Núñez. River necesitaba ganarle a su ex arquero para consagrarse campeón, pero el "Pato" cerró la persiana con una actuación descomunal, penal atajado incluido, que le terminó dando el título a la distancia al Newell's de Marcelo Bielsa.
"Tomé la decisión tres meses antes por saturación mental, sin saber que el último partido iba a ser contra River en su cancha. Fui y Diosito dijo: 'Este es tu último partido, despedite de la mejor manera'. Compraba los diarios al otro día y la revista, era todo '10 puntos'”, recordó.
Finalmente, el campeón del mundo analizó la evolución de un puesto y encontró un espejo moderno en Emiliano Martínez: "El de arquero era un puesto muy bastardeado. Ibas a jugar un picado y decían 'mandá al gordito al arco' o 'poné al dueño de la pelota'”.
“A partir del 78 dejó de ser bastardeado, todos los chicos querían guantes. Y lo volví a sentir en Qatar con el Dibu Martínez, porque reivindicó el puesto”, reflexionó.