Darío Barassi se encuentra en una etapa de profundas transformaciones personales y profesionales. El reciente estreno de “Gutiérrez is my name”, la nueva producción de Disney+, marcó su regreso a la actuación con un personaje que lo obligó a despojarse por completo de sus facetas más conocidas.
Bajo la dirección de Jesús Braceras, el conductor tuvo que abandonar los recursos humorísticos habituales de su rutina diaria para encarnar a un héroe peculiar.
"Me llegó un personaje que me saca totalmente de eje, que me corre del molde y me hace actuar de verdad", confesó entusiasmado en una entrevista.
Bajo las órdenes de Braceras, interpretó a un bonaerense que busca evitar la Tercera Guerra Mundial, resaltando la identidad local y el esfuerzo en el set.
“Barassi, acá nada”:
El director Braceras le marcó la cancha desde el primer día con una frase contundente que lo definió todo: “Barassi, acá nada”.
Esta advertencia buscaba despojar al actor de sus muletillas, gestos y remates clásicos de la conducción diaria.
"Cuando lo escuché me di cuenta de que necesitaba escucharlo. Fue desafiante", admitió el comediante, quien reconoció que al principio tuvo dudas, pero que el pedido lo obligó a trabajar intensamente con una coach actoral para encontrar el rumbo del personaje.
Esa exigencia de dejar de lado el "formato Barassi" generó una relación de amor y odio en el set de grabación.
El actor recordó con humor cómo Braceras controlaba minuciosamente cada uno de sus movimientos corporales: "El director me decía: 'No, menos. Menos. El ojo, la ceja, la oreja, la mano abajo, el gesto'. Era como 'bueno Jesús, ¿qué querés que haga? Hablo así, hermano'".
A pesar de la frustración inicial, el resultado final terminó por conquistarlo: "Lo odié y lo amé. Ahora cuando lo veo digo: 'Te amo'. Y cuando veo las barassiadas digo: 'No tendrían que estar'".
El doble de Barassi:
El rodaje de “Gutiérrez is my name” demandó una importante exigencia física, lo que obligó al actor a recurrir a asistencia externa para las escenas más peligrosas debido a sus dificultades con las alturas y el equilibrio.
"Había un gordo divino que me hacía el aguante porque soy muy vertiginoso. Todas las escenas en altura, precipicios, edificios o puentes muy altos intenté hacerlas, pero hasta donde podía", detalló sobre las locaciones complejas en las que se ambienta la ficción.
A pesar de que intentó involucrarse en la mayor parte de las tomas de acción, reconoció con sinceridad y humor sus propios límites en el set: "Había momentos en los que decía: 'La estoy pasando demasiado mal, ayúdenme, quiéranme un poco'. Así que tenía un doble para las escenas más complejas".
Esta ayuda técnica fue indispensable no solo en las alturas, sino también en las secuencias vehiculares, puntualmente con "una moto que intenté hacer, pero el equilibrio no me acompañaba". De todas formas, aclaró orgulloso que al resto de la filmación "le puse el cuerpo".
El trabajo y el duelo:
El rodaje de la serie de ocho episodios funcionó como un canalizador emocional durante el duelo por el fallecimiento de su madre. Barassi destacó que la intensidad física de las grabaciones le permitió tomar distancia de su dolor y descansar la cabeza.
La pérdida de su madre, tras una enfermedad rápida y agresiva, marcó un quiebre absoluto que lo obligó a frenar y revisar toda su vida.
"Venía atravesando todo el quilombo del duelo de mi vieja y necesitaba salir un rato de mí mismo, pero no estaba pudiendo", confesó al explicar por qué aceptó con urgencia sumergirse en la actuación.
El golpe emocional fue tan intenso que lo dejó desestabilizado: "Hubo un freno obligado. Fue una piña. Me perdí, me angustié mucho, estaba desencajado", recordó sobre ese duro proceso, donde al no tener ya a su padre, sintió la crudeza de "quedar huérfano".
A pesar del dolor, destaca haber podido acompañarla en su último año y cerrar etapas. Declaró que el cáncer es complejo, pero rescata haber podido "cerrar mil temas con mi vieja" y verla abuela. Actualmente, en un duelo más elaborado, busca priorizar la tranquilidad y disfrutar de lo cercano por sobre la exigencia.
“No sé cómo hacer para estar en todos lados”:
La intensa rutina y la alta auto exigencia le generan una constante falta de tiempo para cumplir con todos sus roles.
"No sé cómo hacer para estar en todos lados: en mi casa, trabajando, en el colegio de las chicas, descansando, en yoga", confesó al describir la pesada carga horaria y la gran responsabilidad que conlleva su carrera actual.
El actor reconoció que se encuentra en pleno proceso de aprendizaje para jerarquizar sus prioridades frente a un ritmo que lo desborda.
Esta presión se traslada de manera directa a su propia salud, la cual suele postergar por cumplir con los compromisos cotidianos. "A veces le pido a la vida más horas y no aparecen", se lamentó, admitiendo que en esa desesperada carrera diaria su propio bienestar físico pasa a un segundo plano.
Esta acumulación de tareas lo lleva a un cansancio extremo, reconociendo que cuando intenta abarcar demasiadas cosas termina por no poder contener ninguna de manera saludable.
“Tengo una vida bárbara, el costo a veces es un poco alto”:
A pesar de las intensas presiones y el cansancio acumulado, el conductor se define como una persona optimista que elige pararse "del lado soleado de la vida".
Al analizar su presente familiar y el éxito de su carrera, se mostró sumamente conmovido y agradecido por el entorno que logró construir. "No puedo hacer más que agradecer la vida que tengo, porque es una vida bárbara. El costo a veces es un poco alto", reflexionó de manera frontal sobre las exigencias que conlleva sostener su nivel de exposición.
Ese elevado precio se traduce en una fuerte auto exigencia, el control y la obsesión, rasgos que reconoce como parte de su propia estructura a los 42 años.
Lejos de renegar de su esencia, busca herramientas para canalizarla de una forma saludable: "Quiero que esto no sea patológico, que no reste y que sume". En ese camino, su mayor desafío sigue siendo aprender a dosificar la energía para disfrutar plenamente de sus logros sin descuidar su salud.
Convivir con el peso:
A pesar de que el humor suele ser su herramienta principal para convivir con la obesidad, el conductor expuso una cruda realidad sobre cómo posterga su salud por cumplir con sus compromisos cotidianos. “Mi cuerpo es lo que menos escucho, lamentablemente”, confesó de manera directa, asumiendo que es la cuenta más pendiente de la que debe ocuparse.
"Tengo un cuerpo que no es sano, por más que los análisis me den bien y que pueda aguantar. Me tengo que ocupar porque aparte pretendo vivir mucho tiempo, me gusta mucho vivir y siento que con un cuerpo así es quitarte años de vida", reflexionó con preocupación.
El paso del tiempo y las secuelas físicas lo obligaron a buscar ayuda profesional para revertir la situación y mitigar los dolores que antes no aparecían. "No tengo el cuerpo de los 25, ni la fuerza de antes. Agarré un clínico especialista en obesidad y empecé a entrenar tres veces por semana", detalló sobre los cambios que está implementando.
A esto se le suma un serio desarreglo en sus horas de descanso obligatorio: "Duermo muy poco, cuatro o cinco horas por día, y eso es un desastre. Cuando quiero abarcar tantas cosas termino sin abarcar nada".