Alejandro Lerner fue uno de los invitados al reciente programa de “La Noche de Mirtha” y protagonizó uno de los momentos más comentados del programa.
En medio de un debate sobre la política argentina y la gestión libertaria, el artista defendió al Presidente y desarrolló una serie de reflexiones que derivaron en una comparación entre el país y una mujer abusada.
La charla en la mesa derivó hacia la corrupción estructural y Lerner planteó su punto de vista: "Yo creo que cuando la corrupción es estructural después es peor, porque se vuelve cultural y entonces todo el pueblo incorpora que eso es así. No dicen ni que está bien ni que está mal".
Luego, agregó una hipótesis sobre por qué el país no colapsó antes: "En realidad, el país es muy rico. Argentina, si no fuera tan rico como es, creo que ya hubiera explotado hace muchos años. El problema no es cultural, es moral".
Asimismo, el cantante contó que, antes de asistir al programa, se puso a repasar la historia política argentina y reparó en que tanto Arturo Frondizi como Arturo Illia fueron derrocados por gobiernos militares.
Con ese antecedente, pidió paciencia con la gestión de Javier Milei: "A un país que quiere cambiar, si no le damos un poquito de tiempo o una continuidad de un proyecto de país. A mí me gustaría tener claro qué proyecto de país tenemos para hacer el sacrificio que haya que hacer".
En la misma línea, Alejandro expresó: “Porque un país que ha sido violado, Argentina es como una mujer abusada por nuestros propios dirigentes”.
Y Alejandro siguió: “Los que nos tendrían que haber dado un servicio, los que le tendrían que haber dado un servicio a los trabajadores, los que le tendrían que haber generado que los hospitales sean los mejores hospitales del mundo porque tenemos los mejores médicos del mundo”.
“Ninguna de las personas que vinieron de los últimos 50 años le pudieron dar al pueblo argentino el servicio que nosotros nos merecemos", manifestó.
“Es una hijaputez gigantesca”:
El artista también apuntó contra el enriquecimiento de la dirigencia política a lo largo de las últimas décadas y sostuvo que ese fenómeno terminó instalándose como un patrón cultural.
"Muchos de estos hombres de los gobiernos también generaron otra cosa cultural que son ricos monotributistas porque al final son todos monotributistas", afirmó.
Y continuó: “Entonces la riqueza no se comparte, la riqueza no ayuda para que los maestros ganen más, que todo el dinero que se gastó en obra pública se la hayan afanado. Puede ser muy estructural, puede ser muy cultural, pero es una hijaputez gigantesca".
Finalmente, Lerner insistió con la idea de la tolerancia social frente a los sucesivos gobiernos: "Lo que pasa es que necesitamos tener mucha más paciencia", lanzó, lo que provocó la sorpresa de la conductora.
"¿Más paciencia?", le volvió a preguntar Mirtha Legrand. Y el artista repitió: "Sí, porque nos dejamos arruinar el país demasiado".
"La política es un negocio que no me gusta":
En otra entrevista, puntualmente con con Mario Pergolini para el ciclo “Tres”, Alejandro Lerner aborda el tema de la política desde una postura de absoluto desapego y profunda crítica conceptual.
El músico se distanció de manera tajante de las estructuras partidarias actuales, definiendo a la política tradicional no como una herramienta de transformación, sino lisa y llanamente como “un negocio que no me gusta”.
Para Lerner, el ejercicio del poder político corrompe la esencia humana, manifestando su rechazo hacia lo que le sucede a los individuos cuando les toca la responsabilidad de administrar una autoridad que, en realidad, no les pertenece.
Esta visión se fundamenta en su convicción de que las banderas políticas contemporáneas han perdido su autenticidad. Durante la charla, el compositor afirma con firmeza que “la ideología es marketing”, sugiriendo que las doctrinas se utilizan hoy en día como plataformas publicitarias o excusas discursivas para encubrir lo que él denomina una constante “ansiedad de poder”.
Desde su perspectiva, las divisiones que generan los partidos políticos —al igual que las religiones o el fútbol— actúan como barreras artificiales que terminan separando a la humanidad de una inteligencia universal y empática.