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"Casi se me muere el fotógrafo”: Diego Leuco contó cómo logró encontrar a Oyarbide para hacer la nota de su vida

El periodista narró cómo fueron perseguidos por empleados de un hotel en Punta Cana, el tenso diálogo que mantuvo con el juez y la locura de su compañero. "Decile a mi compañero que la misión va a salir bien".
 

Por Redacción

Martes, 18 de agosto de 2026 a las 10:15

“El que encuentra a Oyarbide, se va a hacer la nota”. La frase el jefe de redacción de la Revista Noticias activó todo el instinto periodístico de un joven Diego Leuco. 

“Era el tipo más buscado del país, uno de los jueces más corruptos y cuestionados de la historia argentina. Se supo que había comprado un anillo de diamantes de 250.000 dólares, de lo que no podía pagar jamás con su sueldo de juez, y se había ido de vacaciones a un hotel de lujo, a un all inclusive”, contó Leuco.

“Primero tenía que saber en qué hotel estaba. Llamé a una fuente judicial y me dijo: «No sé dónde está, pero sé que se fue al mismo hotel que el año pasado». Llamaba a otra fuente: «No tengo idea dónde fue, pero sé que el año pasado fue a tal lugar, Paradisus Palma Real era en este caso»”, contó sobre los primeros compases de la investigación.

“Yo obsesionado... Me leí en el fin de semana un libro que era la biografía de él, de esa biografía saqué qué nombres yo podía llamar para preguntarle cosas sobre él... Llamo al hotel, pregunto por él y me dicen: «No, no, acá no hay ningún Oyarbide. Entonces digo: «No, es obvio que Oyarbide no va a usar su nombre en un hotel». Vuelvo a llamar y pregunto, pido por la habitación de Claudio Blanco”, relató.

—¿Blanquito?
—Me pasan con él.
—¡No!

Ahí tuve que inventar una historia: «Hola Claudio, ¿cómo estás? Soy Diego Leuco, de la revista Noticias». «No, no, no, no vamos a hablar, no...». «No, no, está bien —le digo—, una nota cuando vuelvan —le digo—, no, no, ahora no, cuando vuelvan. ¿Cuándo vuelven?». «No, en 10 días», me dice. «Bueno, perdón por molestar, en 10 días lo llamo»

“Vamos con el Flaco Eduardo Lerke. El Flaco había ido a todas las notas más difíciles, era amigo de José Luis Cabezas. Llegamos a Punta Cana el miércoles, la revista cerraba los jueves, o sea, significa que vos tenías que tener ya todo listo para el jueves al mediodía”, relató Leuco.

“Entonces nosotros teníamos que: encontrar que efectivamente estuviera Oyarbide, saber bien que el tipo estuviese ahí, averiguar datos sobre cuánto pagó, en qué habitación estaba... pero sobre todo, tener una buena foto, porque para una revista lo único que importaba era la foto”, añadió.

El Flaco me dice: «No le hagamos una foto ahora de noche, que si el tipo se aviva se va a esconder, mañana no va a salir a la playa y no lo vamos a tener en la playa, que es lo que necesitamos». 
Luego, llegó uno de los momentos más tensos: “Cenando con el Flaco empieza a tener arcadas, se pone todo violenta y se desmaya en la mesa. Vamos como a la salita de emergencias del hotel, cerrada. Cazo a un pibe que venía, que era del hotel, con un carrito de golf, pedí una ambulancia. Los médicos no entendían nada... Y al Flaco le gustaba hablar en código, entonces decía: «Decile a mi compañero que la misión va a salir bien».

—«¡Flaco, no hables así que nos van a meter en cana, pelotudo!». Le dan Decadron, el médico dice: «Che, este tipo está muy débil, tiene muchas enfermedades. Tiene que quedar acá 48 horas mínimo». «Tenemos una misión», le decía el Flaco, «tenemos una misión». Y en un momento el Flaco dice: «Ya está, loco, estoy bien». Se arranca la vía como si fuera... El chabón vivía en una peli y vamos directo a la playa y nos quedamos ahí parapetados.

“Tipo 8 y pico, 9 de la mañana, aparece el juez Oyarbide con su pareja. El Flaco empieza con el teleobjetivo y logramos sacarle. Le digo: «Flaco, andá ya mismo a la habitación a mandar la foto». Yo ahí tengo que ir a buscarlo, porque en las buenas prácticas del periodismo vos tenés que ir a avisarle al tipo «estamos acá, te sacamos una foto, voy a escribir sobre tu vida...».

Leuco recordó el tenso diálogo con Oyarbide: «Mirá, tengo fotos tuyas acá en la playa, sé que pagaste tanto por venir acá, voy a contar esto, esto, esto, esto, esto, esto, esto. ¿Vos querés decir algo, querés participar de la nota?». «De ninguna manera, retírese de acá urgente, no sé qué, usted no sabe con quién se metió»

Las consecuencias empezaron pronto: “Los empleados del hotel se nos paraban al lado a ver qué estábamos haciendo. En un momento yo estaba escribiendo la nota en la habitación, tipo así ta-ta-ta, se me corta la luz en la habitación... Me empiezan a golpear la puerta, tipo: «¿Está ahí adentro? ¿Está ahí adentro?». «¡No, ya voy!», decía yo. 

Era escribir la nota pero con nerviosismo. Y en un momento me suena el teléfono, era de la redacción de Buenos Aires: «¿Estás contento? Es un fotón, ¿eh?». Y ahí yo tipo: «¡Sí!». Es la nota más linda de mi vida.

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