Durante la semana habían pasado varias veces por la puerta de la carnicería para estudiar el espacio: dónde estaba la caja y dónde las cámaras. Lo veían como un sitio perfecto para el robo, ya que tenía partes de la fachada sin rejas y con paredes de vidrio.
Los delincuentes llegaron en moto a las 3 de la mañana. Uno empezó a golpear la vidriera con un adoquín para astillarla. Al ver que no cedía, el compañero se bajó y empezaron a darle entre los dos varias patadas hasta generar un hueco.
Luego invirtieron roles y el conductor, más pequeño de contextura, se metió adentro del comercio. Apenas ingresó, el ladrón ya conocía el camino: dio la vuelta el mostrador, se encapuchó para evitar ser reconocido por las cámaras y fue hasta la caja.
El ladrón la golpeó varias veces hasta que abrió. Agarró varios fajos de billetes por un monto cercano al medio millón de pesos y salió por el mismo hueco por el que había entrado. La policía de Entre Ríos trabaja con las cámaras a los fines de establecer la identidad de los sospechosos.