La brusca desaceleración de la inflación en los últimos meses chocó de frente contra las altísimas tasas nominales pactadas en los créditos tomados de forma previa, dejando a muchos hogares atrapados en una dinámica financiera asfixiante.
De acuerdo con el último reporte de la consultora 1816 en base a datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), la morosidad del crédito a las familias trepó a 12,7% en mayo.
Se trata de la decimonovena suba mensual consecutiva de un indicador que no para de batir récords. En octubre de 2024, la irregularidad en los hogares era de apenas 2,5% y en 19 meses la mora se multiplicó por más de cinco, un fenómeno sin antecedentes desde la salida de la convertibilidad en 2002.
En el mismo sentido, la consultora global de big data Equifax reveló que en apenas doce meses se sumaron casi 2,4 millones de argentinos a la lista de morosos con atrasos significativos (más de 90 días), para totalizar 5,7 millones de personas en todo el país.
Equifax elabora en base a datos del mercado el Informe Veraz, un reporte del comportamiento crediticio y financiero de personas y empresas. No es un registro de deudores morosos sino un reporte que muestra la información disponible respecto a la adquisición y uso de productos crediticios, cancelación de deudas, conducta de pagos, cheques rechazados y otros datos vinculados al comportamiento financiero.
En base a datos recopilados por la compañía en junio de este año, la proporción de personas con al menos un producto crediticio que incumplía sus obligaciones pasó de 17% hace doce meses, al 27% actual. Casi uno de cada tres tomadores de crédito quedó virtualmente fuera del sistema formal por estar en mora. Si se mide en dinero, el peso de la deuda impaga sobre el total del sistema se triplicó en un año, pasando de 3,3% a 10,4%.
Las deudas por generaciones:
El fenómeno golpea de manera muy dispar según el segmento etario, pero tiene un foco crítico en los más jóvenes. Según los cálculos de 1816, casi 40% de los menores de 35 años con créditos vigentes arrastra al menos un préstamo irregular (37,9% en el grupo de 18 a 25 años y 39,3% en el de 26 a 35).
Desde Equifax aportan un matiz clave sobre este universo de “nativos digitales”: la causa no suele responder a grandes deudas de capital, sino a pequeños e intermitentes incumplimientos (la denominada micromora de consumo inmediato) que, de todas formas, les destruye el score crediticio en el arranque de su vida laboral.
Por otro lado, están los mayores de 65 años, que registran niveles de cumplimiento óptimos de 92,2%, basados en conductas tradicionales de pago al contado y uso selectivo del financiamiento.
En el medio queda la Generación X (46 a 55 años), atrapada como una “generación sándwich” que debe financiar en paralelo los gastos de hijos universitarios y el sostén de padres mayores, con una tasa de cumplimiento que cayó a 79,48%.
En un contexto donde los ingresos reales de los sectores informales y de rubros “perdedores” de la actividad como la construcción, el comercio y la industria básica vienen muy golpeados, las prioridades de la calle cambiaron.
Operativo “rescate”:
Tras los programas lanzados por el Banco Nación, también entrará en vigencia el programa de la Ciudad de Buenos Aires, aprobado por la Legislatura, que tiene el Banco Ciudad como protagonista y que busca refinanciar las deudas que los porteños mantienen con entidades públicas y privadas. La iniciativa apunta a un universo de mora estimado en $1,76 billones de pesos (que engloba $1,3 billones en préstamos personales y tarjetas bancarias, y unos $490.000 millones originados por emisores no bancarios y fintechs).
El corazón del proyecto oficial es un incentivo fiscal: otorgará desgravaciones impositivas sobre los intereses de aquellos préstamos que se destinen estrictamente a la refinanciación.
Con este alivio, la Ciudad busca que los bancos comerciales dispongan de un colchón para bajar drásticamente las tasas y hacer atractivas las cuotas.
A pesar del ruido mediático positivo, la salida del laberinto del endeudamiento genera fuertes discusiones hacia adentro del sistema. El primer dilema es la viabilidad técnica de rescatar a un cliente que ya quebró la barrera de los 90 días de atraso.