Hace rato no entraba nadie y se puso a mirar el celular hasta que vio venir a una persona. “¿Cómo estás, todo bien?”, le dijo mientras el hombre, que usaba una especie de pasamontañas, se le puso a la par y le anunció que lo iba a robar.
“¿Qué?”, contestó el empleado con una risa nerviosa. Lejos de quedarse paralizado, detectó que tenía una botella de vino en el mostrador, la agarró del pico y le pegó en la cabeza. Empezaron a forcejear y llegaron hasta la vereda donde, en medio de los empujones, el vino cayó al piso y reventó.
El trabajador logró retenerlos por unos momentos, pero el ladrón finalmente se escapó por la calle Fortunato de la Plaza antes de que llegue la policía.
Al revisar la cámara de seguridad interna del local, los dueños rememoraron otro hecho ocurrido el 24 de mayo. Ahora creen que se trata del mismo delincuente que, en aquella ocasión, se llevó parte de la recaudación.
En esa oportunidad, el kiosco estaba a cargo de una empleada. El ladrón ingresó y casi sin mediar palabra, sacó una pistola. “¡No tengo plata!”, le gritó ella. Sin embargo, el delincuente avanzó. Mientras sacaba los billetes, ella comenzó a gritar que le robaban y logró ponerlo en fuga.