La Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado detuvo a los tres explotadores, un matrimonio de 54 años y su hijo de 22. Durante el operativo se mostraron hostiles ante la policía y se negaron a entregar los celulares.
Todo comenzó con un denuncia ante el RENATRE por explotación laboral de un menor de 14 años. Sin embargo, al allanar el campo, los agentes se encontraron con una situación mucho más grande.
Cómo resultado de un extenso operativo descubrieron que habían montado cuatro complejos de vivienda en el que habitaban 150 personas, entre ellas 51 menores, que eran explotados en la cosecha del tomate.
El sitio tenía condiciones de extrema precariedad tanto en los baños -sin descarga y que dependían del uso de baldes- como en las propias casillas, hechas de chapa y madera sin ningún tipo de calefacción.
Uno de los hallazgos más macabros de los investigadores fue el de un hombre, con signos de discapacidad, que se encontraba dentro de una habitación cerrada con cadenas. A su vez, encontraron a una menor en silla de ruedas.