En el marco de una entrevista y guiado por la propuesta de estructurar la charla a través de los sentidos, Nahuel Pennisi desnudó su particular forma de percibir el universo.
Reveló su fanatismo por la perfumería de nicho, los recuerdos familiares que despiertan el tacto, su fuerte conexión con la fe y un emotivo homenaje a Mercedes Sosa desde el mirador donde descansan sus restos.
Al adentrarse en el terreno de lo espiritual y lo intuitivo, Pennisi se declaró un creyente absoluto: "Dios fue una salvación para mi vida. Creo que la música es lo más cercano a Dios para mí, porque la música no se ve, no la podés tocar, pero la sentís, la vivís y la creés".
"La fe que vos tengas en lo que vos creas, de alguna forma te hace creer en vos. Y eso fue lo que me salvó a mí", aseguró.
En la misma línea, expresó: "Viste que nosotros vivimos con esta frase '¡Ay, Dios mío!' cuando pasa algo. Cuando uno llora, cuando uno se pone mal, capaz mira al cielo, capaz pide ayuda. Pedir ayuda ya es creer en esa persona que te va a ayudar, y en definitiva es creer en vos, porque vos decidís llamar a esa persona".
La historia con Pascual:
Durante la charla, Pennisi compartió por primera vez una historia mística de su niñez vinculada a la sanación: "Cuando era muy chiquito íbamos a un lugar que era la casa de una persona que se llamaba Pascual. Pascual es, para mí, una persona que tiene un don: el don de sanar”.
“Él sana a las personas y no cobra", relató emocionado sobre este hombre que recibe micros de todo el país en el fondo de Florencio Varela.
El músico recordó que llegó al lugar a los 9 años con verrugas en sus manos y, sin mediar palabra, el sanador supo exactamente qué le pasaba: "Me hizo la señal de la cruz, me tocó los ojos y de repente, me agarra la mano que tenía la verruga. Me hizo tac y yo no sé por qué, pero me arrancó la verruga y no sentí un dolor".
Respecto a la otra mano, la respuesta de Pascual lo marcó para siempre: "Me dijo: 'La verruga de la otra mano, cuando vos te olvides de que la tenés, se te va a caer'. Dejé pasar una semana, lo desafié, me acordaba todos los días”.
“En un momento dije 'no se me cae', me olvidé y mira, no tengo más. No sé si eso se parece a un milagro, pero es algo que me lo guardo para siempre", relató.
La escucha y el encuentro con "la voz de la Patria":
Desde el Mirador de Mercedes Sosa, Pennisi dictó el primer sentido a explorar: la escucha. Allí, recordó con exactitud la primera vez que la voz de la mítica cantora tucumana le atravesó el alma cuando apenas era un niño en la casa de sus abuelos.
Moviendo el dial de una vieja radio AM, se topó con la interpretación de Alfonsina y el mar.
"Realmente me cautivó, me llevó a algo que nunca había experimentado que era querer callarme para escucharla. Preferí callarme y escuchar y sentir”, rememoró con emoción.
Para Nahuel, Mercedes tenía el don único de borrar las fronteras entre el canto y el relato: "Muchas veces se metía en la historia, era contarte la historia e imaginártelo. Ella hasta lloraba la canción, lloraba con la voz".
Para el artista, que se encuentra presentando un material homenaje a la cantora, Tucumán tiene un sonido inequívoco: "Tucumán suena a raíz. En el acento, en los términos que utiliza, siempre hay una conexión con sus costumbres. Es una cultura muy marcada y suena a folklore".
El olfato: los aromas y el perfume del amor:
En otro momento de la charla el artista compartió la enorme pasión que tiene por la perfumería. Lejos de ser un gusto pasajero, el músico confesó poseer una colección de 174 o 175 fragancias, inclinándose especialmente por la perfumería de nicho.
"Me atraparon las diferentes reacciones que me generaban los aromas. Para mí los aromas te llevan para un lado distinto y también tiene que ver con la personalidad", explicó, revelando además que se encuentra trabajando en su propio perfume exclusivo, al que bautizará "Latido" .
Al ser desafiado a definir a qué huele el amor, Pennisi no dudó en armar una compleja arquitectura olfativa: "Lo imagino como un aroma dulce, con un poco de cuero”.
“Y tendría que tener pimienta, porque la pimienta es para potenciar más el olor, y el amor potencia las cosas lindas", sumó.
En contrapartida, al hablar de la nostalgia, admitió extrañar el olor a pasto recién cortado combinándose con el humo lejano y las calles de tierra de su infancia en Florencio Varela.
El tacto de la familia y el código de la guitarra:
Al sentarse a una mesa con mantel en la Casa Museo de Mercedes Sosa, el tacto evocó de inmediato el concepto de la cercanía.
"La mesa es el símbolo de la familia. La mesa larga, la charla, la emoción de muchas cosas que salen desde ahí", señaló.
Esa misma sensibilidad táctil es la que le permite reconocer sus instrumentos entre muchos otros: "Reconozco cuál es mi guitarra por los golpes, por esta rayita. La madera tiene un relieve diferente y cada guitarra tiene lo suyo".
La conversación decantó de forma natural en el plano de los abrazos, un gesto que para él define personalidades. Tras excluir a su núcleo más íntimo (su mujer y sus hijos), destacó los abrazos de sus hermanos debido a la educación demostrativa que le dieron sus padres.
"Somos muy expresivos, nos abrazamos capaz nos vemos hace dos días pero nos abrazamos igual", contó.
Contra la victimización y el heroísmo:
Con una franqueza notable, Pennisi aprovechó el espacio para enviar un mensaje claro a la sociedad sobre cómo interactuar con las personas con discapacidad.
Pidió dejar de lado los tabúes cotidianos: "Naturalicemos las condiciones de las personas. Para mí lo peor que me podés hacer es evitar hablarme de 'nos vemos', porque me doy cuenta de que estás pensando cómo decírmelo. Cruzémonos y digámonos 'nos vemos viejo'".
Asimismo, reflexionó sobre las etiquetas que el entorno suele ponerle y fue tajante al elegir qué actitud le incomoda más: "Me jode más que me victimicen. La superación yo entiendo que todos nos superamos”.
Y siguió: “Cuando me dicen 'sos un ejemplo de vida' a veces me pregunto por qué. Ejemplos de vida somos todos, algunos somos más visibles que otros pero todos tenemos herramientas que valen lo mismo".
Al preguntarle qué le gustaría ver si tuviera la oportunidad, su respuesta fue directa hacia el corazón de su hogar: "Ni hablar que mis hijos. Sería lindo verles la cara, verlos sonreír".
Hacia el cierre, al definir dónde reside la verdadera magia del paso por este mundo, el artista no dudó en ligarla a la autenticidad: "Yo creo que la magia está en la honestidad. Cuando uno es honesto, totalmente sincero y se entrega a lo que uno quiere ser, estás más cerca de la magia.