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El palacio que nació antes que los pueblos: la fascinante historia de Castillo Duhau en la Costa Atlántica

Escondido entre la arboleda y el romper de las olas, en el límite entre La Lucila del Mar y Aguas Verdes, aparece una de las construcciones más enigmáticas de la Costa Atlántica, construido en la década de 1920.
 

Por Redacción

Viernes, 23 de octubre de 2026 a las 09:39

Caminar por la playa en la zona norte de La Lucila del Mar ofrece un paisaje repetitivo de dunas y vegetación hasta que, de repente, la silueta de un tejado imponente interrumpe el horizonte. 

Se trata del Castillo Duhau (también conocido históricamente como Castillo Solymar o Solimar), una fastuosa residencia veraniega. Para entender cómo llegó este espacio a la playa, hay que retroceder en el tiempo. A principios del siglo XX, las localidades costeras actuales no existían. 

Toda la región del Tuyú estaba dividida en inmensas estancias ganaderas. Una de ellas era la Estancia San Bernardo, una enorme porción de tierra propiedad de la tradicional e influyente familia Duhau, que se extendía directamente hasta el Océano Atlántico.

A diferencia de otros estancieros de la época, cuyos cascos principales se construían tierra adentro (del otro lado de la actual Ruta 11), los Duhau decidieron hacer algo inédito para la época: levantar un imponente chalet de veraneo apuntando directamente hacia el mar Argentino.

Una joya en territorio indómito:

Las obras comenzaron oficialmente en 1924 y se extendieron hasta 1936. El diseño arquitectónico fue encargado al reconocido arquitecto francés León Dourge, quien plasmó un marcado estilo normando, caracterizado por sus llamativas combinaciones volumétricas, techos de fuertes pendientes y aberturas minuciosamente trabajadas en madera.

Levantar una estructura de ese nivel de sofisticación en medio de la nada fue una proeza. Antes de la edificación, la familia tuvo que realizar tareas críticas de fijación de médanos y forestación, plantando miles de pinos, eucaliptos y acacias. 

Estos árboles no solo embellecieron el entorno, sino que crearon una densa barrera verde que hasta el día de hoy protege la intimidad de la propiedad y solo permite apreciarla plenamente desde la línea de la playa o desde el aire.

La vida "principesca" y el nacimiento de La Lucila del Mar:

Durante décadas, el castillo fue el epicentro de las vacaciones de la aristocrática familia. Los relatos de antiguos pobladores y trabajadores de la zona describen la vida puertas adentro como un reflejo de la alta sociedad de la época.

Un despliegue "principesco" que incluía numeroso personal de servicio, banquetes con vajilla fina meticulosamente seleccionada y estrictas tradiciones familiares.

Sin embargo, el destino de la región cambió en la década de 1940. La familia Duhau vendió una gran fracción de sus tierras a la firma Andrés Zapateiro y Cía. Fue esta compañía la que inició la nivelación de terrenos, la apertura de calles y la forestación masiva que dio origen al loteo del pueblo de La Lucila. 

Con el nacimiento del turismo masivo, los visitantes que caminaban por las playas vírgenes rebautizaron espontáneamente a la icónica mansión como "El Castillo de Duhau".

Presente: un mito viviente y privado:

A pesar del paso de los años, el fallecimiento de sus residentes originales y los sucesivos loteos que redujeron la estancia original, el castillo no se convirtió en museo ni en espacio público. 

Pertenece todavía a una sociedad conformada por los herederos de la familia, quienes continúan utilizándolo de forma estrictamente privada como residencia de descanso.

Para los miles de turistas que visitan La Lucila del Mar y Aguas Verdes, el edificio sigue siendo un secreto a voces. Un recordatorio arquitectónico de piedra, madera y bosque que evoca la época dorada en la que la costa argentina comenzó a soñar con ser el gran balneario del país.

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