El soterramiento del tren Sarmiento fue diseñado para resolver problemas urbanos como la presencia de numerosos pasos a nivel, que afectan la seguridad y generan demoras en el tránsito.
La obra atravesó distintos gobiernos, cambios en las empresas contratistas y revisiones contractuales, pero nunca se alcanzó la totalidad del túnel proyectado.
Esquivando la vigilancia de los guardias y las cámaras de seguridad de la superficie, dos jóvenes lograron infiltrarse por un acceso inferior al complejo del Soterramiento del Tren Sarmiento tras esperar a que cayera la noche y compartieron la experiencia en Youtube a través del canal “Pachic”.
El objetivo de la expedición fue documentar lo que quedó de la megaobra anunciada en 2008, en la que en total se invirtieron US$ 420 millones. La misma prometía un túnel de 32,6 kilómetros y terminó cancelada definitivamente en 2025 con solo 7 kilómetros construidos.
Al ingresar, la sensación inicial es la de una cápsula del tiempo: el lugar luce como si los obreros hubiesen dejado todo tirado de un momento a otro, encontrándose desde carpetas con archivos confidenciales y cafeteras, hasta cartas de truco sobre las mesas de descanso.
El punto más impactante del recorrido fue el hallazgo de la enorme máquina tuneladora que quedó varada en el lugar exacto donde se detuvieron las excavaciones.
Los jóvenes lograron subirse a la estructura y explicar su funcionamiento, mostrando el imponente disco de corte frontal y los motores encargados de hacerlo girar sobre su propio eje para perforar la tierra.
En las entrañas de la máquina, descubrieron la sala secreta de control. En esta cabina blindada, donde los operarios se sentaban a manipular el coloso mecánico, todavía permanecen los cascos y los auriculares de protección industrial indispensables para aislar el ensordecedor ruido de la perforación.
El abandono es tal que incluso hallaron los moldes y aerosoles que utilizaba el personal para pintar los números de los metros avanzados en las paredes de hormigón.
Inicio del proyecto:
El 23 de enero de 2008, a menos de 2 meses del comienzo de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, se adjudicó la obra de soterramiento del tren Sarmiento, que se planeaba como la más ambiciosa de la Argentina moderna.
El proyecto contemplaba un túnel de 32,6 kilómetros desde el barrio porteño de Caballito hasta Moreno (Provincia de Buenos Aires), con remodelación subterránea de todas las estaciones del recorrido.
El proyecto se dividía en 3 etapas:
Caballito–Ciudadela: 9.200 metros, con un presupuesto de US$ 1.000 millones.
Ciudadela–Castelar: 9.400 metros.
Castelar–Moreno: 14.100 metros.
El objetivo era eliminar pasos a nivel y mejorar la seguridad y la frecuencia de los trenes. La línea Sarmiento cuenta con cerca de 60 pasos a nivel en la Ciudad de Buenos Aires, muchos de ellos a lo largo de la traza de la obra.
El consorcio adjudicatario estaba integrado por Odebrecht (de Brasil, que estuvo envuelta en un caso de corrupción a nivel regional), IECSA (de Argentina, fundada por el padre del ex presidente Mauricio Macri (Cambiemos) y presidida luego por su primo, Ángelo Calcaterra), Ghella (Italia) y COMSA (España).
La tuneladora y los primeros avances:
En septiembre de 2011 la tuneladora, denominada “Argentina”, llegó al país. La máquina medía 125 metros de largo, con un diámetro de 12 metros, y estaba diseñada para perforar durante las 24 horas del día.
Se instaló en Haedo, donde se construyó una planta de producción de dovelas de hormigón (los tramos que forman las paredes del túnel) y un sistema de transporte de obreros y materiales. La tuneladora comenzó a funcionar en julio de 2012 y avanzó hasta Villa Luro, dentro de la Ciudad de Buenos Aires.
En total, la máquina excavó 7.239 metros. Ese fue el único período en el que la tuneladora estuvo activa.
Cambios en las empresas y nuevas gestiones:
Durante la obra y según trascendió, IECSA fue vendida y se creó SACDE, propiedad del empresario Marcelo Mindlin, que continuó con la participación en el proyecto junto a la italiana Ghella, tras la venta de la parte de Odebrecht.
Bajo la gestión de Guillermo Dietrich como ministro de Transporte del gobierno de Mauricio Macri, se renegociaron los contratos, actualizando los precios y condiciones que habían quedado desactualizados desde 2008.
La tuneladora volvió a trabajar durante ese período, pero los trabajos se suspendieron nuevamente en diciembre de 2018, debido a restricciones económicas y al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
La obra también quedó involucrada en la trama local del Lava Jato, el escándalo de corrupción en Brasil que tuvo ramificaciones en la Argentina. Odebrecht, una de las empresas originalmente adjudicatarias del contrato junto con IECSA (entonces de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri) y Ghella, admitió en la Justicia estadounidense y brasileña haber pagado sobornos para asegurarse obras públicas en distintos países, incluida la Argentina, según el medio chequedo.com.
En 2017, ejecutivos de la constructora declararon que se habían abonado coimas vinculadas al soterramiento del Sarmiento. Aunque la causa judicial en Comodoro Py avanzó de manera fragmentada y sin condenas, este frente judicial debilitó aún más las posibilidades de que el consorcio original pudiera sostener la obra y fue uno de los factores que contribuyó a la rescisión contractual posterior.
En la causa por el soterramiento del Sarmiento, varios ex funcionarios kirchneristas fueron procesados por el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi por presuntas irregularidades en la adjudicación y ejecución de la obra. Entre ellos se encuentran Julio De Vido, José López, Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, pero luego la Cámara Federal revocó los procesamientos.
Paralización definitiva y rescisión del contrato:
Desde 2018 hasta 2024, la obra permaneció paralizada. Durante ese tiempo, las empresas mantuvieron la tuneladora y las instalaciones, ya que el contrato seguía vigente.
En 2024, la Auditoría General de la Nación (AGN) emitió un informe en el que expresó que el soterramiento del Sarmiento estuvo marcado por una gestión deficiente, con problemas de planificación y control que derivaron primero en una subejecución y más tarde en la paralización de los trabajos.
Según el organismo, no se realizaron evaluaciones económicas que justificaran la continuidad de la obra, pese a que en 2017 el avance certificado era de apenas el 2,8% y el esquema de financiamiento había colapsado.
Aunque el proyecto debía sostenerse con préstamos privados, en la práctica se cubrió únicamente con aportes del Tesoro Nacional: se desembolsaron $11.580 millones —unos US$ 446 millones al tipo de cambio de entonces— que resultaron insuficientes para sostener el ritmo de ejecución, según chequeado.com.
La AGN también advirtió que el acta de inicio se firmó sin un proyecto ejecutivo definitivo aprobado, en incumplimiento de las condiciones contractuales, y que existieron falencias en los mecanismos de control y en el registro físico y financiero de la obra.
La última gestión:
En 2025, el gobierno de Javier Milei y las empresas SACDE y Ghella firmaron un acta de compromiso para rescindir definitivamente el contrato de obra pública. Se acordó sellar los extremos del túnel con muros y mantener la tuneladora enterrada en el subsuelo, preservando las instalaciones existentes.
El monto total invertido por el Estado en la obra asciende a US$ 420 millones, incluyendo certificaciones de obra y costos relacionados con la adquisición y operación de la tuneladora.
Por el momento, la infraestructura existente queda disponible si algún proyecto futuro decide retomar la iniciativa con nuevos contratistas y financiamiento, aunque el incentivo es bajo ya que el costo es altísimo, calculado en un principio en alrededor de US$ 3.000 millones, sumando a la falta de financiamiento externo y las opciones más económicas como los viaductos elevados y los pasos bajo nivel.