El clima de los próximos meses estará marcado por un fenómeno que ya comenzó a modificar las condiciones atmosféricas en distintas regiones.
Al respecto, el meteorólogo José Bianco explicó cómo El Niño puede impactar en Argentina, qué margen existe para anticipar sus efectos y por qué la prevención resulta clave frente a un escenario con mayores probabilidades de lluvias intensas.
Además, se refirió a los terremotos registrados recientemente en distintos puntos del mundo y a los límites actuales de la ciencia para predecir estos fenómenos.
El Niño y las lluvias en Argentina:
El fenómeno comenzó a confirmarse a partir del calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico central. Como explica el profesional, esa variación no queda limitada al océano: modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los patrones de precipitaciones en diferentes partes del planeta.
“Ya hace meses que se decretó El Niño, que significa que el océano Pacífico, en su parte central, a la altura del Ecuador, está más caliente de lo normal”, explicó Bianco.
La evolución de esas condiciones puede seguirse con instrumentos que registran permanentemente variables como temperatura y salinidad a distintas profundidades. Esa información permite establecer tendencias con meses de anticipación, aunque no alcanza para determinar con precisión qué ocurrirá en cada ciudad.
En Argentina, uno de los principales efectos esperados está relacionado con las precipitaciones. Bianco comparó el escenario actual con el período de La Niña que atravesó el país durante los últimos años y que estuvo asociado a una marcada escasez de lluvias.
El Litoral aparece entre las regiones donde esta relación es más conocida y donde los efectos del fenómeno ya comienzan a observarse. Sin embargo, el meteorólogo aclaró que un pronóstico climático no permite determinar de antemano qué localidad sufrirá una inundación y cuál no.
“Hay más un futuro lluvioso, en términos generales, un poco borroneado el pronóstico, que cuestiones quirúrgicas como para decirle a cada ciudad: ‘Vos te vas a inundar o vos no’”, sostuvo.
Por eso, el riesgo no depende únicamente de cuánto llueva, sino también de las condiciones previas de cada territorio y de la capacidad para responder ante un evento extremo. En ese punto, Bianco puso el foco en la ocupación de zonas vulnerables: “Nunca debió haber gente en las zonas inundables. Está bien hacerlo ahora, está bien que no vuelvan después de que el Niño pase, pero la verdad es que hay más un futuro lluvioso”.
Hasta cuándo se extenderá el fenómeno:
De acuerdo con las proyecciones que repasó el meteorólogo, el fenómeno continuará condicionando el comportamiento del clima durante buena parte de los próximos meses.
“Lo que queda del año y los primeros dos o tres meses del año que viene vamos a estar bajo la influencia de un Niño muy fuerte”, anticipó.
La perspectiva, sin embargo, no significa que todo el territorio argentino vaya a atravesar un período permanente de tormentas o inundaciones.
Se trata de una tendencia climática que aumenta la probabilidad de determinados eventos, pero cuya manifestación concreta depende de múltiples factores atmosféricos y geográficos.
Por eso, Bianco resumió el panorama con una aclaración: “Vamos a tener panoramas mucho más proclives a la inundación que a la normalidad, pero no significa el diluvio universal”.
La infraestructura ¿hace la diferencia?
Para Bianco, el desafío consiste en transformar esa información en decisiones concretas antes de que llegue una tormenta severa.
En ese sentido, cuestionó que todavía existan dificultades para completar la infraestructura de observación meteorológica en Argentina.
Entre otros ejemplos, mencionó el radar del Servicio Meteorológico Nacional ubicado en Pergamino y señaló que la red de radares del país avanzó de manera importante durante los últimos quince años, aunque todavía no está terminada.
“La radarización en Argentina fue muy buena en los últimos quince años, pero no se concluyó todavía”, afirmó.
También destacó la utilidad de las radiosondas, instrumentos que permiten obtener información sobre la atmósfera a gran altura y que son fundamentales para alimentar los modelos de pronóstico.
“La mayoría de los pronósticos son útiles cuando están en manos de Defensa Civil, de las personas destinadas a destinar recursos para limpiar bocas de tormenta, el lugar por donde el agua tiene que correr”, explicó.
Los terremotos y la ciencia:
El profesional también habló de la seguidilla de terremotos registrados en diferentes países.
Bianco marcó una diferencia fundamental entre estos fenómenos y los meteorológicos: mientras la atmósfera puede ser monitoreada y permite elaborar pronósticos con distintos niveles de anticipación, todavía no existe una herramienta capaz de establecer cuándo ocurrirá un terremoto.
Argentina tampoco está fuera de ese riesgo, especialmente en las regiones cercanas a la cordillera de los Andes. “No es remotísima la posibilidad de un terremoto en Argentina, sobre todo en las zonas pegadas a la cordillera de los Andes”, advirtió.
En provincias como Mendoza y San Juan, por eso, las normas de construcción sismorresistente adquieren una importancia central. La prevención y la calidad de la infraestructura pueden determinar la magnitud de las consecuencias cuando ocurre un movimiento de gran intensidad.
La ciencia todavía trabaja principalmente con antecedentes históricos y estudios geológicos para determinar las zonas de mayor riesgo.
Aunque existen investigaciones que buscan avanzar hacia sistemas de predicción más precisos, hoy no es posible establecer de manera confiable el momento exacto en que ocurrirá un terremoto.
“Se cree que en el futuro sí va a ser posible calcular cuánto falta para un terremoto, pero no, no hay que yo sepa mediciones para intentar estimar cuándo se va a dar un terremoto. Sigue siendo en base a registros anteriores”, concluyó.
El mapa del Servicio Meteorológico Nacional:
El informe trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé una mayor probabilidad de lluvias más fuertes de lo normal —más del 55%— en las provincias de Misiones y Corrientes en su totalidad, y en partes de Formosa, Chaco y Santa Fe.
Misiones, parte de Chaco, y Corrientes son las zonas más sensibles del país en términos de precipitaciones porque allí no solo se esperan mayores anomalías, sino que también es donde más llueve de forma convencional.
Las provincias con mayor anomalía de precipitaciones son Mendoza y San Juan. Aquella zona es conocida porque, más que llover, nieva, y esto podría significar un alivio para una emergencia hídrica prolongada que la región de Cuyo experimenta desde hace diez años.