Política

Al dirigente social le encanta jugar a ser Robin Hood. Se siente cómodo en el rol de "abanderado" de los que menos tienen. No quiso cargos que lo encorseten. Y se siente con la espalda para decir lo que la porción más "kirchnerista" de la coalición peronista gobernante quiere escuchar. Sólo que frente a un micrófono puede perder la línea y atravesar la lógica discursiva de un gobierno que navega en las aguas turbulentas de la renegociación de la deuda con el FMI y los bonistas.
Grabois boqueó y amenazó: "La mecha es corta y a mí se me está acabando"