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Anécdotas, mitos y secretos de los "Titanes en el Ring"

El escritor de una biografía sobre "Titanes en el Ring" recordó el programa y a Karadagián. Contó a 24CON las peleas más insólitas, los personajes misteriosos y la verdad sobre La Momia.

Por Leticia Leibelt

Se sabe que un programa de televisión marca un hito en la historia cuando sigue en el corazón de la gente aún después de su salida del aire. Cuando al escuchar su nombre, los nostálgicos esbozan una sonrisa y vuelven un instante a su infancia. Y cuando, a 50 años de su estreno, todos recuerdan y cantan “Caballero, Caballero Rojo, es intrépido y leal, es valiente y es genial”; “La Momia, luchador sordo mudo, es más fuerte que el acero” o “Viene del desierto, trae mucha arena, Tufic Memet, Tufic”, entre tantas otras canciones.


El 3 de marzo de 1962, “Titanes en el Ring” presentó por primera vez a sus luchadores de catch por la pantalla del viejo Canal 9, un año antes de que fuera adquirido por el “zar” Alejandro Romay. Desde ese día y hasta el último, todo estuvo comandado por Martín Karadagián que, detrás de ese personaje de forzudo rústico y bonachón, desarrolló una verdadera faceta de empresario mediático, más que astuto a la hora de hacer publicidad y concretar negocios.

Leandro D'Ambrosio, "biógrafo" del gran titán y sus compañeros.

“Había nacido en San Telmo. Su padre era un carnicero armenio que le pegaba bastante, así que se crió a los golpes. Desde chico, lo tuvo que acompañar en su trabajo. Cargaba el peso de las reses y eso lo ayudó en su desarrollo físico”, cuenta a 24CON el periodista y escritor Leandro D’Ambrosio.


Junto a varios luchadores que le sobrevivieron al gran Martín, este investigador de las historias de la televisión se presenta hoy a las 19:30 en un homenaje al medio siglo del programa de lucha libre, en “La Morada”, Hipólito Yrigoyen 778. Estarán el Mercenario Joe, El Diábolo, Yolanka y el Hippie Hair, entre otros inolvidables héroes del ring.


D’Ambrosio es el autor de la biografía “Martín y sus Titanes”, de Editorial Del Nuevo Extremo, que escribió sin haber conocido el show de cerca ni vivido en la época de mayor furor, que, según él, fue durante la temporada de Canal 13 del año ‘72, cuando aparecieron los primeros Long Play con las canciones de presentación de los personajes, y también la primera película. Es que Leandro tiene 33 años y apenas fue testigo de la última etapa del ciclo. 


“Tenía 4 o 5 cuando vi la temporada del ‘82, y me atrapó porque había muchos luchadores enmascarados. También me llamaba la atención que, aparte de las luchas, hacían toda una telecomedia con clips, como cuando llegaba la Momia al puerto y la mafia secuestraba el cajón. Yo era un cultor de la televisión y, por suerte, en casa me dejaban verlo, los viernes a la noche. Cuando volvió en el ‘88 y cuando hicieron ‘Lucha Fuerte’, seguí  viéndolo. Siempre me gustó”, recuerda sobre su infancia.


“Todo el programa tenía una cosa especial, Karadagián canoso y con barba era como un abuelo simpático. Me impacto la producción y preparación que tenía para esa época. Entonces me quedaron grabadas muchas cosas, y se me dio la posibilidad de escribir el libro como un  homenaje a mi niñez y a la de todos los argentinos”, explica.


El primer paso para su investigación lo dio gracias a su amigo, el músico y humorista Gillespie, que ya lo había ayudado en su biografía anterior, sobre el “amo del terror” Narciso Ibáñez Menta. “Él me contó que su prima iba al mismo gimnasio que Enrique Ochessi, que estuvo en ‘Titanes’ en los ’60. Me reuní con él, me pasó muchos teléfonos de su ex compañeros, y a partir de ahí empecé a armar la cadena. Los luchadores hablaron con tanta emoción que entendí que todo fue más grande de lo que yo pensaba”, asegura.


¿Qué te contaron de Karadagián?


Era un tipo severo, muy estricto con la puntualidad. Con la plata era duro: no pagaba lo que ellos querían, pero nunca dejaron de cobrar. Ellos se sublevaban, porque se creían importantes, y entonces se iban del programa. Pero la compañía, “Empresa Internacional de Catch”, nunca dejó de producir, e iban armando otras ‘troupes’. Algunos después volvían de rodillas, pidiendo perdón.


¿Cómo se le ocurrió hacer “Titanes”?


En el ‘30 llegó el catch a Argentina desde Europa, por un polaco famoso, el Conde Karol Nowina. Después del fútbol, las luchas en el Luna Park eran lo más popular. Karadagián había hecho lucha grecorromana y lo usaban de sparring, pero no lo querían dejar entrar al grupo, porque era un ambiente muy cerrado. Recién después de 10 años, ingresó a los certámenes del Luna. Tenía la visión de que la lucha podía llegar a la televisión, pensaba en grande, y así empezó a hacerse cargo del negocio.


¿Y cómo saltó a la tele?


A mitad de los ‘50 el fenómeno se vino para atrás, pero en los ‘60 Karadagián quiso reinsertarlo. Como estaba muy de moda el Capitán Piluso, tuvo una charla con Alberto Olmedo y le dijo que quería llegar a la tele. Entonces armaron una lucha en el Luna a beneficio de hospitales: “Karadagián contra Piluso”, en noviembre del ’61. Fueron 30 mil personas, fue un éxito. Ahí, los directivos de Canal 9 le ofrecieron el programa.


¿Siempre fue un show para chicos?


Al principio iban las parejas grandes, las luchas eran a las 10 de la noche y la trasmisión era 11:40. Después vieron que se sumaban los chicos y, ya al tercer año, empezaron a poner horarios más temprano y a bajar un poco la violencia. En la prensa se preguntaban si todo era cierto, si salían lastimados. A veces sí, pero no era a propósito. Entrenaban mucho toda la semana: al principio lo hacían en el Club Hindú, en Capital, y a fines de los ’60 Martín compró un gimnasio propio en Olivos.


¿Cuál es tu personaje favorito?


Para mí, el más emblemático es el Caballero Rojo, porque su característica principal era ser muy noble y no hacer trampas. Siempre lo interpretó el mismo luchador, Humberto Reynoso, de San Pedro, que venía de luchar en el Luna en los ’50. Una vez, Karadagián lo quiso quemar y sacarle la máscara en el ring, pero le avisaron y él se puso una media oscura de mujer debajo. Cuando Martín le sacó la máscara, sólo se vio la media, y él salió corriendo. Karadagián se jactaba de ser el mejor del mundo y tenía un poco de celos cuando un personaje a cara descubierta le quitaba popularidad.

¿Eso pasaba seguido?


Pasó con el Indio Comanche y Mr. Chile, que eran extranjeros. Decían que Comanche venía de México, pero era peruano. Participaban muchos peruanos, porque en su país tenían una escuela de lucha. Realmente era un show internacional. Pero al tiempo, para no pagar los cachets en dólares, empezaron a convertir a luchadores locales en personajes extranjeros. Karadagián lo fue bastardeando en ese sentido.
¿Qué era lo que atrapaba tanto a la gente, si se sabía que las peleas estaban armadas?


Es que los chicos no perciben el engaño, y los grandes veían su entusiasmo y los acompañaban. Además, tenían llaves y tomas muy vistosas, como la patada del canguro o la tijera al cuello. Conocían bien el oficio. Karadagián siempre estaba atento a novedades para incluir y llamar la atención. En el ’66, por ejemplo, peleó contra un oso, que era amaestrado, pero lo hicieron pasar como salvaje. Lo tenía que acariciar y simular el forcejeo. El truco era el de “la cirugía”: tenía pegada en la palma de la mano una Gillette y, cuando venía el golpe, se hacía un corte en la frente, y parecía que el oso lo estaba matando. Todos creían que la sangre era artificial, pero era real.


Era un gran marketinero…


Con decirte que llegó a luchar contra el hombre invisible. El relator se ponía unos anteojos de soldador, supuestamente especiales, y decía “¡yo lo veo!”.  También Inventó la lucha contra personajes publicitarios, como el Capitán Minerva. El problema era que no perdía nunca, porque la empresa del jugo pagaba. Los jurados del programa también eran empresarios, que ponían plata para aparecer en cámara, como Héctor Pérez Pícaro o José Scioli, el padre de Daniel Scioli, que tenía una casa de electrodomésticos. Martín era un gran empresario, explotó la marca de manera increíble. Había muñecos en los chocolatines Jack, juguetes, un álbum de figuritas, que  hoy es de colección y vale 500 pesos. Creo que eso a él lo supero, no se lo esperaba.

 


¿Cómo inventaba los personajes y las canciones?


El relator Rodolfo Di Sarli, de Bahía Blanca, era la mano derecha de Karadagián, en su oficina de Callao 449. Entre los dos, crearon la mayoría de los personajes. Y el autor de la mayoría de  los temas también es Di Sarli. Decían que era el “autor intelectual” del programa, y además era un fenómeno relatando, le daba mucha emoción a las peleas.


¿Qué hay de cierto en lo que cuenta Oscar Demelli?


Con Karadagián en vida, no se atrevían a desafiarlo, le tenían miedo. Estas son cosas que aparecieron con los años, cuando le empezaron a hacer juicio a su hija, Paulina, porque la empresa no habría hecho los aportes patronales que correspondían. A Demelli no le quiero dar importancia, nunca fue luchador, fue un segundo. Llevaba la toalla a los luchadores, estaba al costado del ring y se probaba los trajes. Tiene registrada la marca “La Momia Demelli”, pero eso no significa nada. Inventó una historia de que era la Momia y de que peleaba, es un mitómano. Nunca fue de la parte grande del programa, era un empleado más.


¿Y entonces quién era la Momia?


Juan Manuel Figueroa hizo los últimos años, del ‘75 hasta el final, y en los ‘90 volvió a hacerla, porque la hija de Martín reflotó “Titanes” en el ’97 y en el 2001. En esa época, Demelli iba a hablar a la tele, entonces Figueroa y Paulina fueron al programa de Jorge Rial y desenmascararon a la verdadera Momia, para que no quedaran dudas. Antes, en los ’60, la Momia era Iván “El Ruso” Kowalski, pero era un personaje más. En los ’70, fue Juan Enrique Dos Santos, el primer Gitano Ivanoff, y ahí ya era una estrella. Se habla de “la maldición de la Momia” porque los dos murieron en accidentes de autos.


La Momia nunca perdía…


Karadagián contra la Momia, siempre terminaba en empate. Había personajes que no podían perder, como David el Pastor, porque era un personaje bíblico. Una vez, cuando tenía que pelear con él, la Momia levantó la mano y no pelearon. Otro día el Pastor le regalo una ovejita y la Momia se fue contenta con el animal. Karadagián incluía personajes históricos y culturales para que los chicos agarren los libros. Estaban Nerón, el Cid Campeador, Don Quijote, Sancho Panza y Gengis Khan.


También estaba la Momia Negra…


Sí, porque Karadagián se dio cuenta de que las cintas de la Momia por dentro eran negras, entonces dijo “hagamos una negra”. La interpretó “El Ancho” Rubén Peucelle, los chicos se asustaban mucho. Era una Momia boxeadora y tenía movimientos más rápidos. Ahí hicieron por primera vez el sketch de ir a buscar la Momia Negra al puerto. La hacían perder porque Martín seguía la premisa de que el bien siempre tiene que triunfar sobre el mal, aunque en la vida no suceda.


¿Cómo surgió El Hombre de la Barra de Hielo?


Eso forma parte de los misterios de “Titanes”. Pasó de forma accidental, porque un día Peucelle se lastimó la rodilla. Un muchacho de Gerli fue a buscar hielo y pasó con la barra delante de la cámara. A Karadajían, que estaba atento a todo lo que se veía, le agarró un ataque, pero Di Sarli empezó a fogonearlo. “¿Quién es ese hombre?  ¿De dónde salió?”, decía. No tenía ningún sentido, pero pusieron a varias personas para hacer el papel.  Otra versión dice que fue buscado, porque de esa forma se iba a acercar alguna empresa de refrigeración y “El Hombre” iba llevar una heladera en el hombro. Pero eso nunca pasó.


 ¿Y la Viudita?


Karadagián contaba que, cuando era más joven, una viuda lo iba a ver al Luna Park, le ofrecía dinero y se quería casar con él. En el ’72, reflotó esa anécdota y puso a la Viudita. Pero decían que Martín era un hombre casto, entonces ella lo perseguía pero él no podía casarse. Estos personajes no fueron los únicos que participaron debajo del ring: estaba la Tejedora, el Pibe Estornudo, el Bombero y la Nona Bobe.


¿Cuándo fue el final de “Titanes”?


En el ‘88 se hizo el último en Canal 11, pero duró poco, porque a Karadagián ya le habían amputado una pierna y no luchaba, era jurado. Fue una mala temporada, con muchos personajes ridículos y publicitarios, y sin referentes. En cambio, “Lucha Fuerte” lo tenía a Peucelle. Martín sufrió mucho no estar sobre el ring, era como morirse en vida. Hasta el ’83, hacía que peleaba: tenía el famoso “cortito”, el tirón de cabello y el látigo. Murió por la diabetes en el ’91, a los 69 años.


¿Qué opinás de “100% Lucha”?


Que tenga auge me demuestra que el interés por el catch se va renovando a través de las generaciones. Pero no me gusta mucho Eduardo Husni, ni Osvaldo Príncipi, ni Leo Montero, aunque algunos personajes eran buenos. La Masa era espectacular. Además, el éxito fue relativo, porque lo ponían en horarios terribles. No hay punto de comparación, “Titanes” es irremplazable.

 

 

 

 

 

 

3 de marzo de 2012

 

 

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