La Plata

La pasión de Gimnasia ya tiene su película  

Luis Rivera (Diagonales)

Acaso dos frases sirvan para resumir lo que es La Pasión, la película sobre el sentimiento de los hinchas de Gimnasia que se estrenó ayer en el Cinema Rocha y que será, sin dudas, un mimo al corazón del tripero.


La primera la pronuncia uno de sus hinchas, en el medio del relato: “Y… sí, hay que tener un toque, hay que estar un poco loco para ser hincha de Gimnasia”.


La otra la dijo su director, Alejandro Encinas, en la avant premiere ante la prensa y los invitados especiales, y que no hizo más que reflejar una cita de Leonardo Madelón y Gastón Sessa en una de las tantas arengas al plantel antes de un partido: “Estamos donde queremos estar”.


Tarea incompleta la de describir una película donde los sentimientos sobrevuelan durante las dos horas de proyección con apenas dos frases. Pero sirven, contextualizan, referencian, enmarcan. El hincha del Lobo se define como pasional y exhibe esa condición casi como un acto de locura. Y todos sintieron, como nunca en este año que pasó, que estaban donde querían estar; que poco importaba la condición y el estado del equipo: estaban donde querían estar.

Una vista de la avant premiere, a sala llena.


La Pasión es una catarata interminable de emociones para el corazón tripero. Con momentos dolorosos y de esos que los enemigos usan para lastimar, pero con la alegría que significa ser, sentirse y vivir como hincha del club, amar sus colores, movilizarse por esa pasión que, vaya novedad, no puede ser racionalizada.


La película tiene un eje único: la pasión mens sana. Pero tiene un contrapunto sabroso que constituyen las historias de dos hinchas y su vida diaria con Gimnasia como centro permanente de atención, por un lado; y el análisis que se hace de esa pasión por parte de reconocidos periodistas de Buenos Aires y los propios simpatizantes, paradójicamente describiéndose a sí mismos, por otro.


El Vasco ya pegó la vuelta de la vida, vive en el campo a unos 25 kilómetros de la civilización y es un tripero enloquecido. Su conexión con el Lobo es una vieja radio que anda cuando quiere y lo lleva a la alegría o a la tristeza, perfectamente visible en la silenciosa relación con su esposa.


Jonás es un pibe de un barrio muy humilde de Ensenada. Juega en las inferiores del Lobo y quiere llegar a Primera, jugar en la Selección y ganar un Mundial. Como Diego con su cara de cebollita y marcado por la misma pobreza. Su relación con el Lobo es más estrecha y cada vez que puede lleva la camiseta pegada a la piel.


Los dos sufren y gozan por igual en el marco de la histórica campaña que dejó a Gimnasia en Primera División el último año. Uno desde su soledad en el medio del campo, el otro desde su contacto permanente con esos colores que significan admiración y también sueños de superación.


Autoridades del club, provinciales y municipales en la presentación del film
El análisis del fenómeno cuenta con Víctor Hugo Morales, Norberto Verea, Juan Pablo Varsky y Diego Fuks como los que miran desde afuera. Y con varios hinchas que cuentan sus vivencias. Unos desde la supuesta objetividad y sobre todo con la visión externa, y otros desde el sentimiento de pertenencia, hablan de qué es la pasión, de qué es ser hincha de Gimnasia, de esa razón de locura colectiva.


Todo va intercalado con imágenes de cómo los jugadores y cuerpo técnico vivieron ese año de locura, que fue desde el abismo más lacerante a aquel festejo loco, interminable, del estruendo con el 3-0 a Rafaela para seguir siendo de Primera.


La Pasión es una cita ineludible para el hincha de Gimnasia. Quizás sea menos atractiva para el que no lo es y pierda brillo por esa circunstancia. Pero es una película que habla de los sentimientos. Y ya se sabe, mejor vivenciarlos que intentar explicarlos.


Con una excelente fotografía, con un sonido de alta calidad y con imágenes que los hinchas siempre quieren ver, La Pasión se impondrá como un hito: por primera vez, el cine se detiene en la pasión de un club. Y para el tripero de ley, es un mimo que habrá que valorar. Tanto como aquel frentazo de Niell, las lágrimas de sus jugadores, la locura de su pueblo o la frase final de Víctor Hugo que será, sin dudas, para inflar el pecho.

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